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Departamento de Estado de los Estados Unidos
   

Panorama general del apoyo internacional a la democracia iraquí en vísperas de las elecciones del 15 de diciembre de 2005


Secretary Condoleezza Rice
The Heritage Foundation
Washington, DC
13 de diciembre de 2005

SECRETARIA RICE: Muchas gracias, Ed. En primer lugar quiero agradecer a Ed Feulner su amable presentación. Precisamente, estábamos ahí fuera recordando cuando nos conocimos en Camp David, en una ocasión en que el Presidente George H.W. Bush había reunido a varias personas para tratar de la Unión Soviética. Él iba a reunirse con Mikhail Gorbachev aquel diciembre, y parece que fue hace un siglo cuando existía realmente una Unión Soviética y que nuestra gran tarea era librar al continente europeo del comunismo y de la tiranía que entrañaba. Muchas cosas han sucedido en estos pocos años. Pero, Ed, gracias por el extraordinario liderazgo de esta gran organización. También deseo saludar a Kim Holmes, con quien he tenido el placer de trabajar en el Departamento de Estado antes de que Ed se lo llevara. Es una gran satisfacción verte, Kim. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a los miembros de la Junta Directiva, con los que he tenido la ocasión de intercambiar un saludo breve. La organización, la Heritage Foundation, es un auténtico baluarte de los principios democráticos, de nuestra libertad, de nuestro modo de vida y un vehículo a través del cual hombres y mujeres pueden debatir su futuro. Muchas gracias por la magnífica labor de esta organización.
He venido a la Heritage hoy cuando se está fraguando un acontecimiento histórico. Dentro de dos días, el pueblo iraquí acudirá a las urnas por tercera vez desde enero. Elegirá un parlamento que gobierne su país los próximos cuatro años. Hoy, en todo el territorio de Iraq, representantes de cerca de 300 partidos políticos están organizando concentraciones, celebrando debates en la televisión, colocando carteles de las campañas políticas y presentando sus argumentos al pueblo iraquí. Están pidiendo el consentimiento de los gobernados.

En la víspera de este momento histórico, nosotros, en los Estados Unidos, estamos empeñados en nuestro propio debate histórico. Muchos estadounidenses han hecho preguntas sobre el papel de nuestro país en Iraq. Las últimas semanas, el Presidente Bush ha respondido con una clara descripción de nuestra estrategia nacional para la victoria en Iraq.

El pueblo estadounidense desea saber contra quién estamos luchando nosotros y los iraquíes y qué podemos ganar. Y el Presidente Bush ha respondido con una explicación de la índole del enemigo al que nos enfrentamos y por qué el fracaso no es una opción. El enemigo en Iraq es una combinación de individuos que rechazan el cambio, partidarios de Saddam y terroristas. Quienes rechazan el cambio echan de menos la condición injusta que han perdido. Pero creemos que a algunos de ellos se los puede convencer a unirse a un Iraq democrático, suficientemente fuerte para proteger los derechos de las minorías. Los partidarios de Saddam son leales al antiguo régimen y piensan que pueden recuperar el poder atizando el sentimiento antidemocrático. Pero, nosotros creemos que a medida que el pueblo iraquí vaya siendo más capaz de defender su democracia, esos elementos quedarán cada vez más marginalizados.

El enemigo final al que nos enfrentamos, los terroristas, son un pequeño pero mortífero grupo, motivado por la ideología mundial del odio que atiza Al Qaida, y nada los desviará de su empeño de hacer de Iraq el centro de un imperio totalitario que abarca todo el mundo islámico. Si cejamos ahora, les damos a los terroristas exactamente lo que quieren. Abandonaremos a los demócratas de Iraq cuando más nos necesitan. Daremos aliento a todos los enemigos de la libertad en el Oriente Medio. Destruiremos toda oportunidad de crear un futuro de esperanza y decoro. Y lo más importante, haremos que los Estados Unidos sean más vulnerables.

Al abandonar a generaciones futuras en el Oriente Medio a la desesperación y el miedo, condenamos también a generaciones futuras en los Estados Unidos a la inseguridad y al miedo. El Presidente Bush ha dejado en claro que, en su turno de guardia, los Estados Unidos no abandonarán una lucha que puede y debe ganar.

(Aplausos)

El pueblo estadounidense también quiere saber qué significa la victoria en Iraq. El Presidente Bush ha respondido al definir la victoria como el establecimiento de un Iraq libre y democrático, que pueda garantizar la libertad, satisfacer las necesidades y defender los derechos de todos sus ciudadanos. Como ha dicho el Presidente, la victoria en esta lucha no es un acontecimiento singular, como la rendición de nuestros enemigos en la cubierta de un navío de guerra norteamericano. Victoria, será, más bien, como la democracia misma, un proceso gradual, pero susceptible de definición, que no se ganará en una noche.

Por último, y más importante, el pueblo estadounidense desea saber cómo nosotros y los iraquíes alcanzaremos la victoria que buscamos. Una vez más, el Presidente Bush ha respondido, al describir una estrategia nacional amplia e integrada, de tres vertientes complementarias: económica, política y de seguridad.

En la vertiente de seguridad, estamos trabajando con los iraquíes para librar zonas que estén bajo el control enemigo, mantener el territorio controlado por el gobierno democrático del Iraq y fortalecer la capacidad de las fuerzas iraquíes de seguridad para defender el estado de derecho.

En la vertiente económica, estamos ayudando al pueblo iraquí a restaurar su quebrantada infraestructura, reformar su economía estadista y establecer las instituciones que sostienen la libertad económica.

Por último, en la vertiente política, estamos ayudando al pueblo iraquí a aislar a enemigos incorregibles de los defensores de la democracia, atraer a todos los ciudadanos que escojan la vía de la política en vez de la violencia y establecer instituciones democráticas que protejan los intereses de todos los iraquíes.

Señoras y señores: el Presidente está respondiendo a las preguntas de los Estados Unidos sobre nuestra misión en Iraq. Hoy, he venido yo a la Heritage Foundation para tratar de otra cuestión: ¿Qué está haciendo la comunidad internacional para promover la causa de la victoria en Iraq?

La respuesta es sencilla: el ejemplo que el pueblo iraquí ha dado al mundo al abrazar libremente la democracia ha hecho que surja un consenso internacional en torno a la necesidad estratégica de asegurar la democracia en Iraq. Este nuevo consenso está ganando un apoyo internacional que, con toda franqueza, no existía plenamente en los primeros días de la liberación de Iraq. Y este apoyo existe en cada una de las tres vertientes que he expuesto.

En el sector de seguridad, nuestra coalición sigue siendo fuerte y activa. Alrededor de 30 países están aportando más de 22.000 soldados, que están arriesgando la vida junto a las valerosas tropas iraquíes y estadounidenses. Al igual que generaciones de estadounidenses antes que ellos, nuestros hombres y mujeres en uniforme se están distinguiendo con su desinteresado servicio. Están defendiendo heroicamente la libertad de otros contra un enemigo implacable. En Estados Unidos lloramos la pérdida y rendimos homenaje al sacrificio de nuestros múltiples hijos e hijas que han caído en Iraq y en otras partes del mundo para proteger nuestro modo de vida.

Nuestra coalición en Iraq incluye a varios aliados, viejos y nuevos, que también están haciendo contribuciones históricas. Ningún aliado ha asumido mayores responsabilidades que Gran Bretaña. Japón está manteniendo su primer despliegue militar considerable, fuera del país, en 60 años. Corea del Sur tiene hoy más soldados en Iraq que cualquier otro aliado aparte de Gran Bretaña. Incluso un pequeño país como El Salvador está haciendo una gran contribución al sostener el mayor y más distante despliegue de tropas de su historia.

Estados Unidos está agradecida a todos los países que están a nuestro lado en Iraq. Los miembros de nuestra coalición han sufrido cerca de 200 bajas mortales y 500 heridos. Especialmente, tomamos nota con cierto orgullo y cierta comprensión, de que algunos de nuestros más firmes aliados desde el principio son aquéllos cuyo deseo de combatir la tiranía es más intenso, y aquéllos cuyo recuerdo de la tiranía es más reciente.

Las fuerzas de la coalición están hoy encargadas de la seguridad del 40 por ciento de Iraq. En el sur de Iraq, Gran Bretaña y Polonia están dirigiendo divisiones multinacionales, en las que están representados 19 países, que están ayudando a erradicar a los terroristas y mantener la seguridad. En los hospitales de campaña de la coalición se ha tratado a más de 750.000 iraquíes. Y pequeños contingentes de países como Kazajstán y Bosnia y Herzegovina están retirando millares de minas terrestres y material de guerra en desuso.

Nuestros aliados en la coalición también están contribuyendo a la importante labor de formar tropas iraquíes eficaces. La OTAN está participando en la formación de las nuevas fuerzas militares de Iraq. Jordania ha dado acogida en su suelo a una importante academia de policía, donde todos los meses se preparan miles de iraquíes para proteger y servir a sus conciudadanos. Además, Hungría ha donado docenas de tanques a las fuerzas militares iraquíes y Japón ha proporcionado más de mil vehículos, como coches de bomberos y ambulancias, a la policía y a las fuerzas de seguridad iraquíes.

Con el tiempo, el tamaño y la composición de nuestra coalición seguirá evolucionando. En los próximos meses, algunos países reducirán el número de sus soldados en combate, pero continuarán desempeñando nuevas misiones de seguridad, incluso la formación y equipamiento de las fuerzas militares iraquíes. Otros países, en cambio, ampliarán el mandato de sus fuerzas, como ya lo han hecho muchos las últimas semanas.

Con el tiempo, también evolucionará el papel de nuestra coalición, a medida que los iraquíes vayan asumiendo más responsabilidades por su propia seguridad. Cada día que pasa los iraquíes están en mejor situación de defender a su país y a sí mismos, lo que nos permite a nosotros destinar a un mayor número de nuestras fuerzas a ayudar a los iraquíes a establecer las instituciones de su nueva democracia. En los meses y años venideros, esto permitirá a los hombres y mujeres estadounidenses en uniforme, así como a los de nuestra coalición, regresar a su país, a su familia, con los honores que merecen.

A medida que mejora la situación de seguridad en Iraq, mejoran también las perspectivas de reconstrucción económica del país. No obstante, es difícil exagerar la magnitud de esta tarea. Durante varios decenios, Saddam Hussein estuvo robando a su país para enriquecerse él, destruyendo la infraestructura de Iraq y abusando de su recurso más valioso: el pueblo mismo de Iraq y su gran talento. No obstante, en menos de tres años, la creciente generosidad de la comunidad internacional ha permitido que se empiecen a sentar las bases de una economía en Iraq y liberado el espíritu empresarial del pueblo iraquí.

Hace dos años, en Madrid, cerca de 40 países e instituciones internacionales prometieron $13.500 millones en asistencia a Iraq. A medida que Iraq se va transformando en una democracia estable, los donantes van cumpliendo sus promesas. Hoy, gracias a esos fondos, el pueblo iraquí puede tener más agua sin contaminar y mejores servicios de salud, renovar sus escuelas con mejores maestros y mejorar las viviendas en algunos de los barrios más pobres de Iraq. Los iraquíes están aprovechando al máximo estas nuevas oportunidades. Han abierto tres veces más negocios en dos años y medio de libertad que en cuarenta años de tiranía.

Los aliados internacionales de Iraq también han contribuido a librar al pueblo iraquí de gran parte de la aplastante deuda externa con la que Saddam agobió al país. El año pasado, el Club de París de acreedores internacionales condonó 80 por ciento de los $40.000 millones a que ascendía la deuda iraquí con los miembros del Club, una de las operaciones de este tipo más generosas de la historia del grupo. Este es un ejemplo encomiable que estamos alentando a otros a seguir.

A principios de 2004, el Banco Mundial y las Naciones Unidas establecieron el Mecanismo de los Fondos Internacionales para la reconstrucción del Iraq. Canadá está actuando de copresidente y aportando $85 millones al Mecanismo, que ya ha recibido más de mil millones de dólares de un total de 25 países. Gracias a estos fondos, millones de iraquíes disfrutan de agua potable, mejores condiciones de saneamiento en sus barrios más pobres y una vida mejor. Sólo el año pasado, estos fondos han permitido rehabilitar y construir centenares de escuelas y facilitar 69 millones de libros de texto nuevos a alumnos de todas edades en casi todas las escuelas de Iraq.

La gradual mejora de la economía de Iraq y la política fiscal cada vez más responsable del Gobierno iraquí también están restableciendo la confianza de las instituciones financieras internacionales. En fechas recientes, el Banco Mundial ha aprobado $500 millones en préstamos para el desarrollo a Iraq, para modernizar sus servicios de transportes, abastecimiento de agua y educación. El Fondo Monetario Internacional, tras determinar que Iraq reúne las condiciones necesarias para recibir $450 millones en asistencia de emergencia, está trabajando con el Gobierno Iraquí para poner en práctica un programa a largo plazo de reforma económica.

Pese al creciente apoyo internacional a la reconstrucción de Iraq, todavía queda mucho por hacer. Muchos países, en particular Japón y Corea del Sur, se han distinguido por su generosidad. Pero otros, como los vecinos de Iraq, deben hacer mucho más. Para todos los que han prometido asistencia al pueblo iraquí, ha llegado el momento de cumplir sus promesas.

Por último, en el terreno político, la comunidad internacional está superando antiguas divisiones y apoyando la transición de Iraq a la democracia. Hemos aprobado cuatro importantes resoluciones del Consejo de Seguridad sobre Iraq, en su mayoría por unanimidad, por las que se promete el apoyo de las Naciones Unidas en todos los aspectos, desde un mandato internacional para las fuerzas de nuestra coalición, a un rechazo internacional del terrorismo en Iraq, y al objetivo de promover el proceso democrático en Iraq.

No obstante, por encomiable que sea este apoyo, me entristece tener que decir que la comunidad internacional no ha hecho apenas nada para ayudar a procesar a Saddam Hussein. Todos los que han expresado su devoción a los derechos humanos y el estado de derecho tienen la obligación especial de ayudar a los iraquíes a llevar ante la justicia a uno de los tiranos más sanguinarios del mundo. El boicot efectivo a que ha sometido la comunidad internacional al juicio de Saddam no hace más que perjudicar al pueblo iraquí, que está tratando de hacer realidad la esperanza de justicia y libertad de la que Saddam le ha privado durante tanto tiempo.

El pueblo iraquí ha expresado claramente su deseo de libertad a través de elecciones democráticas el pasado mes de enero. El espectáculo de ocho millones de iraquíes que mostraban con orgullo sus dedos manchados de tinta, ha promovido una nueva ola de apoyo internacional al objetivo de la democracia en Iraq. En junio, los Estados Unidos y la Unión Europea patrocinaron conjuntamente una conferencia internacional en Bruselas, durante la cual más de 80 países acordaron establecer una nueva alianza para apoyar al Gobierno libremente elegido de Iraq.

El coraje y la convicción del pueblo iraquí también han impulsado a las Naciones Unidas a prestar nueva asistencia, en particular en los preparativos de las elecciones del jueves. Las Naciones Unidas prestaron su apoyo a Iraq en su feliz referendo constitucional de octubre y, anteriormente, en las elecciones de enero, con su ayuda a los iraquíes en todos los aspectos, desde capacitar a los funcionarios de las elecciones, a administrar los colegios electorales, y a imprimir y distribuir cinco millones de ejemplares de su constitución a sus conciudadanos.

Por último, un nuevo y esperanzador acontecimiento ha sido el creciente apoyo que Iraq está recibiendo de sus vecinos. Por supuesto, países como Jordania, Kuwait y Qatar han apoyado desde el principio la liberación de Iraq. El rey Abdullah de Jordania ha defendido sistemáticamente la emergencia de un Iraq libre y ha aplaudido su integración en la región.

Pero últimamente, otros han adoptado esa misma postura. El año pasado, Egipto celebró una conferencia internacional en Sharm el-Sheikh en apoyo del pueblo iraquí. Los vecinos de Iraq le han dado la bienvenida de nuevo en la Liga Árabe. Muchos gobiernos árabes reconocen ahora la legitimidad de los dirigentes de Iraq elegidos por medios democráticos, y este nuevo apoyo ha culminado en la reciente conferencia de la Liga Árabe en El Cairo, en la que estados como Jordania y Arabia Saudita han exhortado a los sunnis de Iraq a repudiar la violencia, unirse al proceso democrático y participar en las elecciones del jueves. El apoyo al acuerdo nacional en Iraq se manifestará una vez más a principios del año próximo, cuando se celebrará otra conferencia internacional patrocinada por la Liga Árabe.

Algunos vecinos de Iraq están demostrando no ser amigos del pueblo iraquí. Siria todavía no ha adoptado medidas suficientes para impedir el cruce de terroristas de su territorio a Iraq, e Irán continúa injiriéndose en los asuntos iraquíes y apoyando la violencia en la sociedad iraquí.

No obstante, los enemigos de Iraq cada vez son menos y están más aislados de la comunidad internacional, porque, actualmente, el mundo está más unido en apoyo de un nuevo Iraq. En tan sólo dos días, cuando los iraquíes marquen un hito histórico al elegir a los líderes más democráticos de todo el Oriente Medio, lo harán con el respaldo moral y financiero de una abrumadora mayoría de países del mundo.

Este es un acontecimiento extraordinario si se tiene en cuenta lo profundamente dividido que estaba el mundo hace tan sólo tres años. La clarividencia del Presidente Bush, que previó una democracia iraquí como tributo a sus ciudadanos e inspiración para sus vecinos, no fue ni comprendida ni apoyada por muchos en la comunidad internacional. Muchos opinaban que el despotismo era condición política permanente del Oriente Medio y estaban dispuestos a aceptar la falsa estabilidad de los gobiernos no democráticos.

Pero otros estaban mejor informados. Países tan distintos como Ucrania y Australia, Gran Bretaña y Corea del Sur, Polonia y Japón, Lituania y El Salvador, países a los que la convicción compartida de que la libertad no es un bien escaso que es preciso acaparar con afán egoísta. Más bien, es un derecho universal que todos los pueblos libres deben defender.

Hoy, países que antes ponían en duda la promesa de democracia en Iraq, están acudiendo al lado de Iraq. El pueblo iraquí está aprovechando una oportunidad sin precedentes de vivir por fin en paz y libertad. Su ejemplo democrático está inspirando a patriotas impacientes en lugares como El Líbano, Egipto y los territorios palestinos –hombres y mujeres valerosos, que están encontrando ahora más apoyo en la comunidad internacional para erigirse en adalides de sus aspiraciones y defender su dignidad.

La lección, amigos míos, es obvia: Cuando Estados Unidos ejerce su liderazgo moral en el mundo, la causa de la libertad se fortalece. Lo vimos cuando Ronald Reagan desdeñó a dictadores amigos y apoyó la causa de la libertad en América Latina. Lo vimos también cuando Reagan definió el verdadero carácter de la Unión Soviética y liberó un anhelo de libertad que puso fin a la guerra fría. Lo estamos viendo también hoy, cuando el mundo despierta a la promesa de un Iraq libre.

Deseo agradecerles a todos ustedes que están aquí en la Heritage Foundation, su continuo apoyo al liderazgo moral de los Estados Unidos en el mundo, porque sin él, el mundo sufre y los Estados Unidos también sufren. Muchas gracias por permitirme hablar con ustedes esta tarde.

[Fin]


Dado a conocer el 13 de diciembre de 2005
  
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