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Departamento de Estado de los Estados Unidos
   

Palabras pronunciadas durante la inauguración de la sesión plenaria de la Comunidad de Democracias


Secretary Condoleezza Rice
Santiago, Chile
28 de abril de 2005

La Secretaria  Rice se dirije a la Tercera Conferencia de Comunidad de Democracias en Santiago, Chile, 28 de Abril, 2005

Deseo expresar mi profundo agradecimiento al Gobierno de Chile, en particular al presidente Lagos y al ministro de Relaciones Exteriores Walter por servir de anfitriones de la reunión de este año de la Comunidad de Democracias. Yo creo que todos hemos sido recibidos calurosamente en Chile. Sé que expreso el sentir de mis distinguidos colegas cuando digo que nos sentimos honrados de reunirnos aquí en nombre de la democracia.

Todas las democracias del mundo han compartido el triunfo de los ciudadanos de Chile al renovar su compromiso a la democracia. De hecho, todos hemos experimentado la ardiente esperanza de los pueblos de Latinoamérica que han transformado su continente a través de su deseo de vivir en libertad. Hoy, todos los miembros de la Comunidad de Democracias declaramos nuestra profunda convicción de que la libertad es el anhelo universal de todo ser humano y la democracia es la trayectoria ideal de cada nación.

El año pasado ha sido testigo de un cambio radical del panorama político mundial. Desde nuestra última reunión en Seúl hemos visto elecciones libres en Afganistán e Iraq y en los territorios palestinos. Hemos presenciado memorables acontecimientos en lugares como Georgia y Ucrania, Kirguistán y el Líbano.

Llega un momento en que la chispa de la libertad prende en la mente de todos los pueblos oprimidos y los impulsa a alzar sus voces contra la tiranía. La Comunidad de Democracias debe responder a la valentía de esos hombres y mujeres con el coraje de nuestras propias convicciones. Los que estamos en el lado de la libertad tenemos la obligación de ayudar a los que están al otro lado de la línea divisoria que los separa de ella.

Para apoyar las aspiraciones democráticas, todos los países libres deben dejar bien clara la opción moral entre libertad y opresión. Debemos dejar saber a todos los gobiernos que las buenas relaciones con nuestra comunidad democrática dependen del trato digno de su propio pueblo.

Para fortalecer los principios democráticos, todos los países libres deben insistir en que los dirigentes elegidos por medios democráticos tienen la responsabilidad de gobernar democráticamente. Abandonar el imperio de la ley por el capricho de los gobernantes sólo conduce a la opresión de seres inocentes.

Para promover nuestro consenso democrático, todos los países libres deben insistir en que la defensa de los principios democráticos es la vía más segura a una categoría internacional más elevada. La Comunidad de Democracias forma parte del creciente número de organizaciones internacionales que imponen la democracia como condición a sus miembros. En el Hemisferio Occidental, la Organización de los Estados Americanos ha adoptado la Carta Democrática Interamericana. Y aquí en el Cono Sur, MERCOSUR está contribuyendo a promover la democracia. En Europa, sólo las democracias pueden pertenecer a la Comunidad Europea. Y los principios democráticos siempre han sido la piedra angular de la OTAN.

El carácter democrático de los estados debe ser la piedra angular de un nuevo multilateralismo basado en principios éticos. La verdadera división que existe en el mundo es la que separa a los estados que están comprometidos a la libertad de los que no lo están. Organizaciones internacionales como la Comunidad de Democracias pueden contribuir a establecer un equilibrio de poder que favorezca la libertad.

Una actividad positiva que podemos emprender juntos es trabajar a través del Grupo de las Naciones Unidas para la Democracia en apoyo de la reforma de las Naciones Unidas. En particular, debemos alentar el establecimiento de un organismo legítimo de derechos humanos en las Naciones Unidas. Una iniciativa seria en derechos humanos sólo puede provenir de países que respetan y protegen los derechos humanos.

Nuestra comunidad democrática puede cooperar de otros modos en las Naciones Unidas. El Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia, que el presidente Bush propuso el otoño pasado en la Asamblea General, es un medio ideal de prestar apoyo tangible a las democracias emergentes. La asistencia financiera es esencial para los países que se esfuerzan por echar unos cimientos firmes sobre los que se asiente la libertad.

Las democracias del mundo también deben ayudar a los países en su transición a la democracia. Todos los países representados en esta sala han tenido una transición democrática, algunos de ellos en fechas muy recientes. El ministro de Asuntos Exteriores húngaro Somogyi ha propuesto el establecimiento de un Centro de Transición Democrática. Es un medio espléndido, Sr. ministro, para que nuestra comunidad comparta con las jóvenes democracias y los movimientos democráticos las importantes lecciones que hemos aprendido de nuestras propias tradiciones y transiciones.

La democratización no es, después de todo, un acontecimiento; es un proceso. Lleva muchos años, incluso décadas, hacer realidad la promesa de reforma democrática. Casi un siglo después de la fundación de los Estados Unidos, millones de estadounidenses de raza negra, como yo, todavía estaban condenados a la condición inferior a la ciudadanía plena. Cuando los padres fundadores de los Estados Unidos dijeron "Nosotros, el Pueblo", no se referían a mí. Muchos de mis antepasados estaban considerados sólo tres quintas partes de hombre. Y es sólo en el espacio de mi vida que los Estados Unidos ha comenzado a garantizar el derecho al voto de todos nuestros ciudadanos. Por eso sabemos en los Estados Unidos que éste es un proceso largo y difícil. Y cada uno de los países representados en esta sala han atravesado momentos de tiranía en su historia, algunos no hace demasiado tiempo.

Hoy, nuestros ciudadanos están unidos por el vínculo común de haber superado la tiranía a través de nuestro compromiso a la libertad y la democracia. Ahora, es nuestro deber histórico decirle al mundo que la tiranía es un crimen del hombre, no un hecho de la naturaleza.

Los miembros de la Comunidad de Democracias debemos usar el poder de nuestros ideales compartidos para acelerar la propagación de la democracia a cada vez más lugares del mundo. Debemos dar paso a una era de democracia cuyo concepto de la tiranía sea igual al que hoy tenemos de la esclavitud: una abominación moral que no puede resistir la aspiración natural de todo ser humano a una vida de libertad y dignidad.

Este es nuestro gran propósito. Juntos lo lograremos. Muchas gracias.

[Fin]


Dado a conocer el 28 de abril de 2005
  
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