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Departamento de Estado de los Estados Unidos
   

Discurso pronunciado en el Museo Juscelino Kubitschek


Secretary Condoleezza Rice
Brasilia, Brasil
27 de abril de 2005

Secretary Rice delivers a speech as others look on, Brasilia, Brazil, April 27, 2005. State Dept. photo.

Muchas gracias, y gracias a ti Anna, por esa maravillosa presentación y por el cariño con el que me has recibido y me has mostrado las preciosas fotografías de ti cuando eras niña, de tu madre, de tu familia, de tu abuelo. No podía haber tenido una acogida más calurosa y entrañable. Muchísimas gracias y gracias también a todos ustedes que están aquí en el podio y a todos los distinguidos invitados por estar aquí.

Me siento realmente honrada de estar aquí en el Museo de Juscelino Kubitschek, fundador de la gran capital de Brasil, Brasilia. Kubitschek pensaba que un país democrático, unificado, necesitaba una gran ciudad que reflejase las aspiraciones de todo el país. Hizo realidad ese sueño con Brasilia, que ahora celebra su 45 aniversario. Hoy en Brasil, dirigentes imbuidos de principios éticos, como el presidente Lula, están portando la antorcha del legado democrático de Kubitschek. Están mostrando el camino a toda América Latina.

Mañana viajaré a Santiago de Chile para celebrar, en compañía de los líderes democráticos, de Brasil a Bélgica, de Argentina a Afganistán, la tercera reunión de la Comunidad de Democracias. Los países democráticos del mundo decidieron reunirse en esta región porque los principios de la democracia han arraigado y florecido aquí en América Latina.

Nuestro mundo está en marcha hacia una mayor libertad y democracia. Y el presidente Bush ha señalado la tarea de nuestro tiempo: Los que estamos en el lado de la libertad tenemos la obligación de ayudar a los que están al otro lado de la línea divisoria que los separa de ella.

Nuestra tarea actual es usar el poder de nuestra asociación democrática para dos grandes fines: proporcionar los beneficios de la democracia a todos nuestros ciudadanos…y apoyar a todos los pueblos que desean el cambio democrático, dondequiera que vivan en el planeta.

En esta misión, los Estados Unidos miran a Brasil como líder regional, y socio en la esfera mundial. Nuestra larga historia de amistad tiene sus raíces en nuestra lucha compartida por los principios democráticos. Ambos luchamos por sacudirnos el yugo de los imperios del Viejo Mundo. De hecho, los antiguos patriotas del Brasil intercambiaron ideas con Tomás Jefferson. Los Estados Unidos han visto con satisfacción el triunfo de la democracia en Brasil. Y hoy, el hecho de que un dirigente sindical de medios modestos, pero de gran talento, pueda elevarse de la pobreza hasta el palacio presidencial da testimonio de la solidez de la democracia de Brasil.

Pero todos sabemos que el arduo trabajo de la democracia nunca se acaba. Los Estados Unidos y Brasil siguen tratando de restañar las heridas del prejuicio racial, que es el legado de la esclavitud en nuestras dos sociedades. Yo aplaudo los esfuerzos de Brasil de llevar a ciudadanos de color de talento a las universidades y al servicio diplomático. En futuras conferencias académicas y cumbres internacionales, espero reunirme con eruditos y diplomáticos que reflejen la diversidad de todo Brasil.

A lo largo y a lo ancho de este magnífico país, millones de personas procedentes de más de 200 grupos étnicos viven juntas en libertad. Ayer conocí a la gran gimnasta brasileña Diana Dos Santos; nos saludamos y después conversamos en nuestro idioma común: ruso. Brasil se enorgullece de su diversidad variopinta. Y con razón. Esta democracia multiétnica es un ejemplo vivo para las sociedades que todavía tratan la diferencia como licencia para matar.

La transformación democrática de Brasil es uno de los acontecimientos más esperanzadores de América Latina. Existe una dedicación a la democracia hoy en este hemisferio que no existía hace sólo 25 años, cuando 14 dictaduras militares todavía oprimían a sus pueblos.

Ahora, cuando los miembros democráticos de la OEA se reúnen, sólo hay una silla vacía en la mesa. Hasta el día de hoy, Cuba sigue demostrando una verdad política universal: abandonar el imperio de la ley por el capricho de los gobernantes sólo conduce a la opresión de seres inocentes.

En las Américas hemos codificado nuestro compromiso a la democracia en la Carta Democrática Interamericana. Y debemos seguir insistiendo en que los líderes elegidos por medios democráticos tienen la responsabilidad de gobernar democráticamente. Todos comprendemos que la democratización es un proceso, no un acontecimiento. En los Estados Unidos todavía seguimos esforzándonos por ser fieles a los ideales fijados por nuestros fundadores.

Fue nuestro primer secretario de Estado y uno de nuestros fundadores, Tomás Jefferson, quien dijo "El Dios que nos dio la vida nos dio la libertad al mismo tiempo". Jefferson y nuestros fundadores entendían que ellos, como todos los demás seres humanos, eran criaturas imperfectas y sabían que todo gobierno creado por el hombre sería también imperfecto. Incluso los grandes autores de nuestra libertad a veces no están a la altura de sus ideales. Después de todo, el mismo Tomás Jefferson era propietario de esclavos.

No obstante, nuestros fundadores establecieron un sistema democrático del pueblo y por el pueblo que contenía en sí los medios para que los ciudadanos de convicción y coraje corrigiesen esos fallos con el tiempo. Los principios perdurables incorporados en nuestra Constitución permiten a patriotas impacientes, como Frederick Douglass, Abraham Lincoln y Martin Luther King, llevarnos cada vez más cerca de nuestros ideales fundacionales.

Como estadounidense negra que crecí en el sur de mi país durante la segregación racial, sé lo que supone ser impaciente con el ritmo de la reforma democrática. Si queremos que los ciudadanos mantengan la confianza en una democracia que se han ganado a pulso, su gobierno debe ofrecer los beneficios de la democracia a todos los ciudadanos.

La democracia debe proporcionar seguridad, para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos básicos. La democracia debe contribuir a crear prosperidad, para que los ciudadanos puedan sostenerse ellos mismos y sostener a su familia. Y la democracia debe defender la dignidad humana, para que los ciudadanos puedan desarrollar plenamente sus facultades en libertad. Estos tres principios, seguridad, prosperidad y dignidad, son esenciales para la salud de todas las democracias. Y las democracias latinoamericanas están asegurando esos principios para su pueblo.

Cuando se trata de seguridad del Estado, recuerden la situación en que se encontraba esta región hace 25 años:

• Las insurgencias armadas estaban en pleno auge no en uno, sino en nueve países.

• En casi todos los países actuaban grupos de guerrilleros, que insistían en que la violencia era la única vía al cambio. Las perspectivas de guerra entre estados de esta región eran muy reales.

• En todo el continente, el comercio de drogas proliferaba sin obstáculos.

Hoy, Brasil está trabajando junto con Argentina, Paraguay y los Estados Unidos para que la región de las tres fronteras se mantenga a salvo de actividades ilícitas. Chile está siguiendo las finanzas del terrorismo a través del hemisferio. Y las fuerzas de seguridad reformadas de El Salvador están defendiendo a personas inocentes en su país y sirviendo en la retaguardia de Iraq.

En Colombia, el presidente Uribe está logrando adelantos espectaculares para llevar el imperio de la ley a cada ciudadano y cada aldea. Los vecinos de Colombia están prestando ayuda. Los Estados Unidos están facilitando dinero y apoyo técnico. En los últimos 8 años, con nuestra asistencia, Colombia ha recuperado extensas partes de su territorio … y llevado la justicia democrática a cerca de 3 millones más de sus ciudadanos. Hoy, el número de delitos violentos en Colombia es el más bajo de los últimos 16 años.

Al igual que Colombia, muchas democracias latinoamericanas están combatiendo el azote de los narcóticos y erradicando la corrupción política y moral que genera. Sólo el año pasado, Colombia confiscó o erradicó cerca de 20 toneladas métricas de cocaína. Perú, Ecuador y Chile están cooperando para proteger sus fronteras. Y Brasil está desempeñando un importante papel para acabar con las operaciones del narcotráfico en América Latina.

El liderazgo de Brasil en la región también se puede observar en otros lugares, en particular en el turbulento país de Haití. Con la ayuda de Chile, Argentina, Perú y Uruguay, la fuerza de mantenimiento de la paz dirigida por Brasil está velando por la seguridad del pueblo de Haití. Con Brasil al frente, otros ocho países latinoamericanos unieron sus fuerzas para estabilizar la situación y brindar al pueblo de Haití una oportunidad de democracia y prosperidad. Y el mundo espera ilusionado la celebración de elecciones libres más tarde este otoño.

A través de todo nuestro hemisferio existe un consenso de que las mentes libres y los mercados libres son la clave de la prosperidad. Por ejemplo, en Panamá, un ciudadano emprendedor puede abrir un negocio hoy con más celeridad que en cualquier otro lugar de la región. Las economías libres de América Latina crecieron más el año pasado que en cualquier otro momento de los últimos treinta años. En esos mismos treinta años, ha mejorado la calidad de vida de muchas personas de casi todos los países latinoamericanos y el valor de las exportaciones de la región se ha triplicado.

Sólo tenemos que mirar la transformación de la propia economía de Brasil en los últimos decenios. Hace treinta años, Brasil era un país agrícola que producía principalmente café y azúcar. Las reformas de mercado libre estaban empezando a liberar el espíritu empresarial del pueblo brasileño. La economía estaba empezando a ampliarse, transformarse y hacerse más refinada. Pero Brasil todavía no había encontrado su lugar en la dinámica economía mundial.

Hoy en día, gracias a las reformas de mercado libre, los productos brasileños son competitivos y respetados en los mercados de todo el mundo. Los brasileños están construyendo y exportando aviones y tecnología de informática y comunicaciones inalámbricas. La industria brasileña del automóvil desempeña a nivel mundial un papel de liderazgo con sus ideas innovadoras sobre nuevas formas de energía. Más de 400 de las principales empresas de los Estados Unidos están realizando negocios en ese país.

Ahora, la principal tarea de Brasil y de todas las democracias latinoamericanas es sacar de la pobreza a millones de personas de esta región. En la Cumbre de Monterrey, todos los países convinieron en que el crecimiento económico es la clave para combatir la pobreza. También convinimos en que el crecimiento sólo es posible cuando los gobiernos gobiernan con justicia, promueven la libertad económica e invierten en su pueblo.

Soy consciente de que los objetivos de la democracia y prosperidad futura deben parecer horizontes distantes en lugares como Bolivia y Ecuador, así como en otros lugares de la región. Es indudable que éstos son tiempos difíciles. Pero debemos recordar que el establecimiento de las instituciones de una democracia floreciente es tarea lenta. Estas instituciones deben construirse pieza por pieza, a lo largo de los años. Con perseverancia es como América Latina acabará por dar cima a su gran transformación y transición democrática.

La historia de la marcha de la democracia tiene un mensaje para todas las personas de la región que creen que no todavía no han visto sus beneficios: No pierdan la esperanza. No se desanimen. Y sobre todo, no vuelvan atrás ahora. La solución es una reforma democrática más profunda, no menos. Con el tiempo, los frutos de democracia llegan para todos los que mantienen firme la fe en los principios de la democracia.

Los Estados Unidos están muy interesados en ayudar a todos nuestros amigos de esta región que abrazan la causa de la democracia. Hemos hecho de las ideas del Consenso de Monterrey el centro de la iniciativa de nuestra Cuenta del Reto del Milenio. Hemos financiado esta iniciativa revolucionaria con miles de millones de dólares en nueva asistencia para el desarrollo. Bolivia, Hondura y Nicaragua recibirán subvenciones cuando concierten convenios con la Corporación del Reto del Milenio.

Los Estados Unidos están haciendo lo que les corresponde para ayudar a la gente del mundo en desarrollo a salir de la pobreza. Somos el mayor donante del mundo de asistencia oficial para el desarrollo. En los últimos cinco años los Estados Unidos han duplicado la cantidad de dinero que dan a los países necesitados. Uno de cada cuatro dólares que la comunidad internacional dedica al desarrollo proviene directamente del pueblo estadounidense. Además, 48 millones de dólares salen cada año de los Estados Unidos a países en desarrollo en forma de inversión privada, remesas personales y donaciones de organizaciones no gubernamentales.

Para usar esta asistencia de manera eficaz y ayudar a quienes viven en la pobreza el gobierno debe tener integridad. La corrupción es, después de todo, una rémora en las economías y un gravamen sobre el pobre. Todos los funcionarios que roban a su pueblo deben rendir cuentas.

Todos estamos de acuerdo en qué modelo económico es el que da mejores resultados. Ahora tenemos que transformar nuestro consenso en progreso positivo en el comercio libre. El camino que debemos seguir es obvio: los Estados Unidos tienen que ratificar el acuerdo de CAFTA y la República Dominicana, y nosotros, las 34 democracias del Hemisferio Occidental, debemos seguir adelante con el Área de Libre Comercio de las Américas. Tenemos una oportunidad de unir a 800 millones de personas, del sur de Chile al norte de Canadá, en la comunidad de comercio libre más grande del mundo. Esto produciría una fuerza incontrolable para la prosperidad, que avivaría la esperanza de todos nuestros ciudadanos.

Más allá de las Américas, el liderazgo del Brasil es esencial para promover nuestro programa mundial de comercio. Los Estados Unidos y Brasil comparten un interés común en poner fin a los subsidios agrícolas y abrir los mercados del mundo entero. Por tanto, tenemos que cooperar en la OMC para cumplir la promesa de las conversaciones comerciales de la Ronda de Doha. Un mundo que comercia en libertad beneficia a todos.

Las democracias latinoamericanas están esforzándose por lograr economías y políticas de prosperidad acertadas. Al intensificar la inversión en salud y educación y el bienestar de sus pueblos, las democracias latinoamericanas establecerán sólidas comunidades de ciudadanos esperanzados.

La defensa de la dignidad humana es una misión esencial de toda democracia, misión que es muy importante para mí personalmente. Yo me crié en una sociedad que me decía que yo no podía comer en determinados restaurantes ni asistir a determinadas escuelas. Pero también me crié en el seno de una familia que me decía que mi horizonte no tenía límites. Y me dijo que si estudiaba y trabajaba con ahínco y obtenía una educación, tenía realmente la clave del éxito. Dios le da a cada individuo la dignidad y la capacidad de triunfar en libertad. Pero es preciso facilitar la educación, porque es la clave que permite a cada individuo y cada sociedad lograr el pleno desarrollo de sus facultades.

La educación le da al individuo la capacidad de llegar tan alto como sus talentos naturales se lo permitan. La movilidad social, impulsada por el mérito y exenta de trabas, debe ser el objetivo de toda democracia. Los que viven al margen de la sociedad deben saber que, incluso si su vida no es lo que habían esperado, sus hijos tendrán un futuro brillante y horizontes sin límites. La educación permitirá a cada democracia latinoamericana, incluido Brasil, reducir la desigualdad entre los que actualmente se benefician de la democracia y los que no se benefician de ella.

Como educadora que soy, me llena de satisfacción que el presidente Lula trate de asegurar que cada niño brasileño tenga una educación. El presidente Lula dijo en su investidura que el primer diploma que había recibido en su vida fue cuando prestó juramento como presidente. Ha trabajado para ganarse el sustento desde que tenía 11 años. Y está empeñado en ayudar a todos los niños brasileños a obtener los medios que necesitan para triunfar y que él nunca tuvo. Ésta es la obligación de esta generación con la próxima generación.

Con el fin de propagar la educación por todo el hemisferio, el presidente Bush anunció el establecimiento de Centros para la Excelencia en la Formación de Maestros en la Cumbre de las Américas. El programa ha capacitado a cerca de 7.000 instructores para formar a maestros en toda la región. Este efecto multiplicador ya está alimentado las mentes ávidas de cerca de un cuarto de millón de niños en América Latina.

Señoras y señores: los Estados Unidos están comprometidos al éxito de la democracia en América Latina. Queremos ampliar nuestra cooperación con grandes países como Brasil, para profundizar la reforma democrática en esta región y reforzar los cimientos de la libertad en lugares como África y Oriente Medio. Nuestros dos países pueden lograr grandes cosas juntos como socios, socios para la seguridad, socios para la prosperidad y socios en defensa de la libertad y la dignidad humanas. Pero para que las democracias cooperen como socios tienen que pensar y actuar como socios. Hay quienes piensan que nos valdría más mantenernos en jaque como rivales que multiplicar nuestro poder como socios. Los Estados Unidos rechazan estas ideas como reliquias del pasado.

Las grandes democracias multiétnicas, como Brasil y los Estados Unidos, y otras como India y Sudáfrica, tienen que trabajar juntas para establecer un equilibrio de fuerzas que favorezca la libertad. La grandeza de países democráticos como éstos no se logra a expensas de nadie y redunda en beneficio de todos. Países como Brasil han demostrado al mundo que la impaciencia por la democracia y los beneficios que ésta aporta pueden ser la mayor fuerza para el cambio democrático.

Fue el propio presidente Kubitschek quien prometió "Cincuenta años de progreso en cinco" y terminó de edificar Brasilia en cuatro. Por toda América Latina fueron patriotas impacientes quienes arrojaron del poder a dictadores, ladrones y asesinos. Fueron patriotas impacientes quienes pusieron fin a las economías estadistas que habían empobrecido a toda la región. Y fueron patriotas impacientes quienes dieron una nueva definición a lo que el pueblo creía que era posible en América Latina.

Hubo un tiempo en que los cínicos pensaban que el pueblo diverso de esta región no estaba capacitado para la democracia, como si la libertad fuera un premio que hubiera que ganarse. Estos cínicos una vez pensaban eso mismo de gente como yo en los Estados Unidos, como si la libertad no fuera un don de Dios a cada hombre y cada mujer. Estos cínicos todavía están entre nosotros. Siguen diciendo lo mismo de las gentes de Asia, África y Oriente Medio, como si el anhelo de libertad no fuera una cualidad universal del espíritu humano.

La historia ha desmentido una y otra vez a estos cínicos. Y hoy la libertad está decididamente en marcha. Por todo el mundo las gentes se inspiran en las transformaciones democráticas que todos estamos presenciando. En lugares como Ucrania y Georgia, Iraq y Afganistán, Líbano y los territorios palestinos, la gente se plantea una sencilla pregunta ¿Por qué no aquí?

Éste es un poderoso e impaciente acicate. Es también el germen de la esperanza del cambio democrático en todas las sociedades y en todos los países. La lucha de todos los valerosos patriotas impacientes debe animar el espíritu de las gentes de las Américas, en particular aquí en Brasil. Después de todo, no hace tanto tiempo que los ciudadanos de este país y el pueblo de esta región estaban exigiendo sus derechos democráticos y buscando aliados que los apoyaran.

Ahora ha llegado el momento de buscar inspiración en su propia lucha anterior por la libertad y definir su futuro trabajando por la libertad de otros. Los Estados Unidos valoran profundamente la fuerza democrática de nuestros aliados latinoamericanos. Al aunar nuestros esfuerzos como socios, Brasil, los Estados Unidos y nuestras democracias amigas ayudaremos a nuestros ciudadanos y a los pueblos de esta región y de todo el mundo a disfrutar de la dignidad que sólo la libertad y la democracia pueden aportar.

Muchas gracias.

[Fin]


Dado a conocer el 27 de abril de 2005
  
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