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Palabras pronunciadas en el Instituto de Estudios Políticos de París - Ciencias Políticas


Secretary Condoleezza Rice
Paris, Francia
8 de febrero de 2005

La Secretaria Rice en conferencia en el Instituto Sciences Po de París. ,AP Photo/Jerome Delay,

Muchísimas gracias. Gracias por esas cálidas palabras de bienvenida. Y permítanme también dar las gracias al pueblo de Francia por su intachable hospitalidad. Acabo de llegar. Desearía poder quedarme más tiempo. Es tan maravillosa esta ciudad; es maravilloso estar aquí.  Aguardo con interés mis conversaciones con el Presidente Chirac, el Canciller Barnier y otros. Y, puesto que soy pianista, espero con entusiasmo visitar mañana una de sus excelentes escuelas de música.

Es un verdadero placer para mí estar aquí en Ciencias Políticas. Durante más de 130 años, esta excelente institución ha formado a pensadores y líderes. Como politóloga que soy, aprecio altamente la importancia del trabajo que ustedes realizan.

La historia de los Estados Unidos y la de Francia están entrelazadas. Nuestra historia es una de valores compartidos, de sacrificios compartidos y de éxitos compartidos. Así también, nuestro futuro será compartido.

Recuerdo vivamente mi primera visita a París, aquí, mi visita a París aquí en 1989, cuando tuve el honor de acompañar al Presidente George Herbert Walker Bush a la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa y de la Declaración de los Derechos Humanos. Los estadounidenses celebramos nuestro bicentenario ese mismo año, el 200 aniversario de la Constitución de nuestra nación y nuestra Declaración de Derechos.

Esas celebraciones compartidas son más que mera coincidencia. Los fundadores de la república francesa y la estadounidense se inspiraron en los mismos valores y los unos en los otros. Compartían los valores universales de libertad, democracia y dignidad humana que han venido inspirando a hombres y mujeres de todo el mundo a lo largo de los siglos.

La defensa de la libertad es tan antigua como mi país. Fue nuestro primer Secretario de Estado, Thomas Jefferson, el que dijo: "El Dios que nos dio la vida, nos dio al mismo tiempo la libertad". Pero los fundadores de los Estados Unidos se percataron de que ellos, como todos los seres humanos, eran criaturas imperfectas, y que todo gobierno que estableciera el hombre sería imperfecto. Incluso los grandes artífices de nuestra libertad a veces no llegaban a cumplir plenamente la promesa de la libertad, incluso el mismo Jefferson, dueño de esclavos.

Por eso tenemos la dicha de que nuestros fundadores establecieron un sistema democrático del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que contenía en sí una vía para que los ciudadanos, en especial los patriotas impacientes, corrigieran hasta los más graves defectos. Las imperfecciones humanas no menoscaban los ideales democráticos; los hacen más valiosos y obligan a los patriotas impacientes de nuestro tiempo a bregar más duramente por alcanzarlos.

Los hombres y las mujeres, tanto grandes como humildes, nos han demostrado el poder de la acción humana en este empeño. De mi propia experiencia sé que una mujer negra llamada Rosa Parks un buen día se cansó de que la mandaran a sentarse al fondo del autobus y se negó a cambiarse de asiento. Así detonó una revolución libertadora por todo el Sur de los Estados Unidos.

En Polonia, Lech Walesa se cansó de las mentiras y de la explotación; se subió a un muro y se unió a una huelga para defender sus derechos, y Polonia se transformó.

En Afganistán, hace unos cuantos meses, hombres y mujeres, antes oprimidos por los talibanes, anduvieron kilómetros y kilómetros, vadearon ríos y permanecieron de pie durante horas en la nieve sólo para llenar su boleta en la primera votación como pueblo libre.

Y hace sólo unos días en Iraq, millones de hombres y mujeres iraquíes desafiaron las amenazas terroristas y sonaron una clarinada por la libertad. Los ciudadanos iraquíes arriesgaron sus vidas. Un policía se arrojó sobre un dinamitero suicida para preservar el derecho de sus conciudadanos a votar. Votaron libremente y así dieron comienzo a la nueva historia de su nación.

Esos ejemplos demuestran una verdad fundamental, la verdad de que la dignidad humana reside en la libre elección que hace cada persona.

Vimos el poder de esa verdad en ese año notable de 1989, cuando hombres y mujeres sencillos derrumbaron el muro de Berlín en Alemania Oriental. Sin embargo, ese día libertario de noviembre de 1989 nunca se habría dado sin el pleno apoyo de las naciones libres de Occidente.

Una y otra vez en nuestra historia compartida, estadounidenses y europeos hemos alcanzado nuestros mayores éxitos, para nosotros y para otros, cuando rechazamos un status quo inaceptable y, en lugar de ello, pusimos nuestros valores en función de la libertad.

Y juntos hemos logrado mucho. Hoy tenemos una Alemania unificada en el seno de la OTAN y la tiranía ya no acecha en el corazón de Europa. Desde entonces, la OTAN y la Unión Europea han acogido en sus filas a las más nuevas democracias de Europa, y hemos empleado nuestra fuerza creciente en favor de la paz. Y hace sólo unos decenios, el sudeste de Europa ardía. Hoy trabajamos en aras de una reconciliación perdurable en los Balcanes y por integrar plenamente los Balcanes al seno de Europa.

Esos logros han sido posibles sólo porque los Estados Unidos y Europa se han mantenido firmes en la convicción de que la esencia fundamental de los regímenes no puede separase de su comportamiento externo. No puede haber fronteras pacíficas entre los países cuando hay tiranos que destruyen la paz de sus sociedades desde adentro. Los Estados donde reinan la corrupción, el caos y la crueldad constituyen, invariablemente, una amenaza para sus vecinos, una amenaza para sus regiones y posibles amenazas para toda la comunidad internacional.

Nuestro trabajo conjunto no ha hecho más que comenzar. En nuestro tiempo, se nos ha dado la oportunidad histórica de conformar un equilibrio de poder global que favorece la libertad y que, por ende, profundizará y extenderá la paz. Y uso la palabra "poder" en su sentido lato, porque más importante aun que el poder militar y, ciertamente, el económico, está el poder de las ideas, el poder de la compasión y el poder de la esperanza.

Estoy aquí, en Europa, para que podamos conversar acerca de cómo los Estados Unidos y Europa pueden usar el poder de nuestra asociación para hacer avanzar nuestros ideales en todo el mundo. El Presidente Bush continuará nuestra conversación cuando llegue a Europa el 21 de febrero. Él está decidido a robustecer los vínculos transatlánticos. Como dijera el Presidente en su reciente discurso de toma de posesión: "Todo lo que procuramos lograr en el mundo requiere que Estados Unidos y Europa sigan manteniéndose estrechamente asociados".

Creo que nuestros mayores logros están por venir. Los desafíos en el mundo después del 11 de septiembre no son menos formidables que los que encaramos nosotros y nuestros predecesores cuando la Guerra Fría. Se requerirán la misma visión intrépida, el valor moral y el liderazgo decidido para poder prevalecer nuevamente sobre la represión, la intimidación y la intolerancia.

Nuestra misión es clara: los que estamos del lado de la libertad tenemos la obligación de ayudar a los infortunados que nacieron del otro lado.

Esa obligación requiere que nos adaptemos a nuevas circunstancias, y eso es lo que estamos haciendo. La OTAN se ha ampliado no sólo en cuanto a sus miembros, sino también en cuanto a su visión. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa ahora opera no sólo en un continente unido, libre y en paz, sino más allá de Europa también. El programa de cooperación entre los Estados Unidos y Europa es más amplio que nunca y sigue creciendo, junto con la propia Unión Europea.

Estamos de acuerdo en las amenazas entremezcladas que encaramos hoy: terrorismo, proliferación de armas de destrucción en masa, conflictos regionales, Estados fracasados y crimen organizado.

Sin embargo, no siempre hemos coincidido en cuanto a cómo abordar esas amenazas. Hemos tenido nuestros desacuerdos. Pero es hora de que dejemos a un lado los desacuerdos del pasado. Es hora de iniciar un nuevo capítulo en nuestras relaciones, un nuevo capítulo en nuestra alianza.

Los Estados Unidos están dispuestos a trabajar con Europa en nuestro programa común y Europa debe estar dispuesta a trabajar con los Estados Unidos. Después de todo, la historia seguramente no nos va a juzgar por nuestros viejos desacuerdos sino por nuestros nuevos logros.

La clave de nuestro éxito futuro está en sobreponernos a una asociación basada en amenazas comunes y crear una asociación todavía más fuerte, basada en oportunidades comunes, incluso las que van más allá de la comunidad transatlántica.

Podemos confiar en nuestro éxito en esta empresa porque soplan a nuestras espaldas vientos favorables de libertad. La libertad se está difundiendo: desde los poblados de Afganistán hasta las plazas de Ucrania, de las calles en los territorios palestinos a las calles de Georgia, a los centros de votación en Iraq.

La libertad define nuestras oportunidades y nuestros retos, retos que estamos decididos a enfrentar.

Primeramente, nos estamos uniendo para fomentar el pluralismo político, la apertura económica y el desarrollo de una sociedad civil mediante la iniciativa de la Región del Gran Oriente Medio.

El más claro exponente de esa iniciativa es el Foro para el Futuro, asociación de progreso entre el mundo democrático y casi dos docenas de naciones, que van desde Marruecos hasta Pakistán. La misión del Foro es apoyar y acelerar las reformas políticas, económicas y educacionales. Su primera reunión en Rabat en diciembre pasado fue un gran éxito.

Más allá de esa osada iniciativa reformista, en la que se han fundido los esfuerzos de los Estados Unidos y Europa, también trabajamos en paralelo. La Unión Europea tiene una experiencia de diez años en el adelanto de la modernización mediante el Proceso de Barcelona.

Los Estados Miembros de la UE, por separado, también llevan años fomentando actitudes e instituciones de democracia liberal en el mundo árabe y el musulmán.

Y no son sólo nuestros gobiernos los que promueven la libertad. Hay organizaciones no gubernamentales con sede en los Estados Unidos y Europa que dedican ingentes esfuerzos al proceso de reformas.

Nuestros pueblos ejemplifican los valores de la sociedad libre en su trabajo individual y privado. Nuestras sociedades, no sólo nuestros gobiernos, fomentan los derechos de la mujer y los derechos de las minorías.

Nuestras sociedades, no sólo nuestros gobiernos, están creando espacio para los medios de comunicaciones libres, para un poder judicial independiente, para el derecho de los trabajadores a organizarse. La plena vitalidad de nuestras sociedades libres está infundiendo el proceso de reformas y por eso nos sentirnos optimistas.

Del mismo modo que nuestros propios caminos democráticos no han estado carentes de tropiezos, nos percatamos de que las reformas democráticas en el Oriente Medio serán difíciles y accidentadas. Diferentes sociedades avanzarán por sus propias vías. La libertad, por su índole propia, debe ser endógena. Debe ser electiva. No puede ser otorgada y, desde luego, tampoco impuesta. Es por ello que, como dijo el Presidente, la difusión de la libertad es obra de generaciones. Pero la difusión de la libertad en el mundo árabe y el musulmán es también trabajo urgente que no admite dilaciones.

En segundo término, debemos aprovechar los éxitos recientes para estabilizar y hacer avanzar el progreso democrático en Afganistán e Iraq. En octubre pasado, el pueblo de Afganistán votó para situar a su país en un derrotero democrático. Y hace sólo nueve días, el pueblo de Iraq votó no sólo por un gobierno, sino también por un futuro democrático.

Todos nos sentimos impresionados por el elevado número de votantes en Iraq. Cada dedo entintado pertenecía a un hombre o a una mujer que desafió a los dinamiteros suicidas, los ataques de morteros y las amenazas de decapitación para ejercer el derecho elemental ciudadano.

Llega un momento en la vida de toda nación en que su pueblo se niega a aceptar el status quo que rebaja su condición humana elemental. Llega un momento en que el pueblo asume el control de su vida. Para el pueblo iraquí, ese momento ha llegado.

Todavía queda mucho más por hacer para crear un Iraq democrático y unificado, y los propios iraquíes deben encabezar el proceso. Pero nosotros, miembros de la asociación transatlántica, debemos erguirnos ante el desafío que el pueblo iraquí nos ha lanzado.

Los iraquíes nos han demostrado valentía y determinación extraordinarias. Nosotros debemos demostrarles solidaridad y generosidad en igual medida.

Debemos apoyarlos en la creación de sus instituciones políticas. Debemos ayudarlos con la reconstrucción y el desarrollo económicos. Y debemos estar junto a ellos para proporcionarles seguridad hasta que ellos mismos puedan asumir plenamente esa tarea..

En tercer lugar, estamos trabajando por lograr nuevos éxitos, sobre todo en la diplomacia árabe-israelí. Los Estados Unidos y Europa, ambos, apoyamos una solución de dos Estados: un Estado palestino independiente y democrático que viva en paz junto al Estado judío de Israel.

Y todos apoyamos el proceso de reformas de la Autoridad Palestina, porque las reformas democráticas ampliarán la base para una paz genuina. Es por ello que apoyamos al pueblo palestino en sus históricas elecciones del 9 de enero.

Y Europa y los Estados Unidos apoyamos la decisión del gobierno israelí de retirarse de Gaza y de partes de la Ribera Occidental. Ambos vemos esa retirada como una oportunidad para avanzar, primero con la hoja de ruta, y en última instancia, hacia nuestro propio y claro destino: una paz real y genuina.

Estamos obrando por transformar la oportunidad en logro. Acabo de venir de una reunión con el Primer Ministro Sharon y el Presidente Abbas. Me impresionó que hubiesen dicho lo mismo. Es un momento de oportunidades y no debemos perderlas. Los insté a que aprovecharan el impulso, a que no perdieran la oportunidad. Y la reunión de hoy del presidente palestino y el egipcio, el premier israelí y el rey de Jordania es, claramente, un importante paso hacia adelante.

Los Estados Unidos y las partes no nos hacemos ilusiones en cuanto a las dificultades venideras. Hay profundas diferencias que salvar. Destaqué ante ambas partes la necesidad de poner fin al terrorismo; de crear instituciones económicas, políticas y de seguridad palestinas nuevas y democráticas; la necesidad de que Israel cumpla con sus obligaciones propias y adopte las opciones difíciles que tiene ante sí, y la necesidad de que todos nosotros --en los Estados Unidos, en Europa, en la región-- hagamos saber claramente a Irán y Siria que deben abstenerse de apoyar a los terroristas que tratan de destruir la paz que buscamos.

El éxito no está asegurado, pero los Estados Unidos están decididos. Es ésta la mejor oportunidad para la paz que probablemente se presente en algunos años, y estamos dando pasos para ayudar a los israelíes y a los palestinos para que la aprovechen. El Presidente Bush está comprometido. Yo personalmente me he comprometido. Nosotros todos debemos comprometernos a que se aproveche esta oportunidad.

El mes que viene en Londres, el Primer Ministro Tony Blair convocará una importante conferencia para ayudar al pueblo palestino a avanzar en sus reformas democráticas y a crear sus instituciones. Todos respaldamos ese esfuerzo.

Y continuaremos compartiendo las cargas para que un día, que esperamos sea pronto, podamos compartir las bendiciones de la paz entre israelíes y palestinos, entre israelíes y todos sus vecinos árabes.

También tendrá lugar en El Cairo el mes próximo una reunión del G8 y la Liga Árabe. Esa reunión podría ampliar la base de apoyo por la paz y la democracia en el Oriente Medio. La Declaración de Túnez de la Cumbre Árabe, celebrada en mayo pasado, manifestó "la firme decisión" de los Estados árabes de "mantenerse al ritmo de los cambios acelerados en el mundo mediante la consolidación de las prácticas democráticas, la ampliación de la participación en la vida política y la vida pública y el fortalecimiento de todos los componentes de la sociedad civil".

Si esa decisión forma la base de la participación árabe en esa reunión, sólo cabe esperar algo bueno de ella.

Nuestros esfuerzos en el Líbano muestran también que la asociación transatlántica habla en serio en cuanto al apoyo por la libertad. Los Estados Unidos y Francia, juntos, patrocinaron la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Lo hicimos para acelerar los esfuerzos internacionales por restaurar la plena soberanía al pueblo libanés y para posibilitar el total retorno a lo que una vez fue una vibrante vida política en ese país.

El próximo paso en ese proceso debe ser el cuarto proceso eleccionario libre y democrático en la región: las elecciones parlamentarias imparciales y competitivas, sin injerencia externa, que deberán celebrarse en la primavera

En el Líbano y en los territorios palestinos, en Afganistán y en Iraq, y por todo el Oriente Medio y el Norte de África, la índole del discurso político está cambiando. Los ciudadanos comunes y corrientes están expresando sus pensamientos y uniéndose para actuar como nunca lo habían hecho. Esos ciudadanos desean un futuro de tolerancia, oportunidad y paz y no de represión.

Los líderes sensatos abren los brazos a las reformas, y nosotros debemos estar junto a ellos y sus sociedades en su búsqueda de un futuro democrático.

Los reformadores y los pacificadores prevalecerán en el Oriente Medio por la misma razón que el Occidente ganó la Guerra Fría: porque la libertad es, a la postre, más fuerte que la represión; la libertad es más fuerte que la tiranía.

Los islamistas radicales de hoy están nadando contra la corriente del espíritu humano. También acaparan los titulares con su brutalidad despiadada, y saben bien ser brutales. Pero ellos están en una periferia más distante de una gran religión mundial, y son radicales de un tipo especial. Están en rebelión contra el futuro. El rostro del terrorismo en Iraq, Abu Musab al-Zarqawi, tildó la democracia de "principio malvado". Para nuestros enemigos, Liberté, Égalité et Fraternité son también principios malvados. Ellos quieren dominar a los demás, no liberarlos. Exigen conformidad, no igualdad. Siguen pensando que toda diferencia es motivo para matar.

Pero se equivocan. La libertad humana marchará hacia delante, y debemos contribuir a allanar el camino. Podemos hacerlo ayudando a las sociedades a hallar su propia vía para hacer realidad la promesa de libertad.

Podemos ayudar a las sociedades que tienen aspiraciones a que reduzcan la pobreza y se desarrollen económicamente mediante estrategias de desarrollo sólidas y el libre comercio. Debemos actuar con firmeza y compasión en la lucha contra la pandemia del VIH/SIDA y otras enfermedades contagiosas que desgarran a las familias, destruyen a las personas e imposibilitan el desarrollo de continentes enteros.

En última instancia, debemos encontrar la forma de poner a los Estados en desarrollo por el camino del crecimiento autosustentado y la estabilidad. Después de todo, una cosa es establecer una planta de higienización o reparar una escuela, y otra es sentar los elementos esenciales de una sociedad digna: prensa libre, poder judicial independiente, sistema financiero sólido, partidos políticos y un gobierno genuinamente representativo.

Desarrollo, transparencia y democracia son elementos que se refuerzan mutuamente. Es por eso que la difusión de la libertad bajo el imperio del derecho es nuestra mayor esperanza para el progreso. La libertad desata la creatividad y los impulsos que producen la verdadera riqueza. La libertad es la clave para el establecimiento de instituciones incorruptibles. La libertad es la clave para que los gobiernos sean sensibles.

Señoras y señores, es éste un momento de oportunidades sin precedentes para la Alianza transatlántica. Si hacemos la búsqueda de la libertad mundial el principio rector del siglo XXI, lograremos avances históricos mundiales en pro de la justicia y la prosperidad, de la libertad y la paz. Pero el programa mundial requiere asociación mundial. Por tanto, multipliquemos nuestro esfuerzo común.

Es por ello que los Estados Unidos, ante todo, acoge con beneplácito la creciente unidad de Europa. Los Estados Unidos saldrán beneficiados de tener una Europa más fuerte como socio en la construcción de un mundo mejor y más seguro. Por ello, que cada uno ponga sobre la mesa sus ideas, sus experiencias y sus recursos, y discutamos y decidamos juntos cómo mejor emplearlos en pro del cambio democrático.

Sabemos que tenemos que lidiar con el mundo como es, pero no tenemos que aceptar el mundo tal como está. Imagínense dónde estaríamos hoy si los fundadores de la libertad de Francia y la de los Estados Unidos se hubieran contentado simplemente con el mundo como era entonces.

Ellos sabían que la historia no ocurre sin más; la historia se hace. La historia la hacen hombres y mujeres de convicciones, comprometidos y valientes, que no permiten que se les niegue la realización de sus sueños.

Nuestra asociación transatlántica no sólo resistirá esta lucha sino que florecerá, porque nuestros lazos son inquebrantables. Nos tenemos en gran estima. Nos respetamos. Somos fuertes, pero somos aun más fuertes cuando ponemos todos nuestros valores en función de aquellos cuyas aspiraciones de libertad y prosperidad aún no se han hecho realidad.

Nos esperan grandes oportunidades. Aprovechémoslas ahora, juntos, en aras de la libertad.

Muchas gracias por su amable atención.

[Fin]

  
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