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Información general: Filipinas



agosto de 2004

Philippines flag

RESEÑA

Nombre oficial
República de Filipinas

Geografía
Superficie: 300.000 km² (117.187 mi²).
Ciudades (censo de 2000): Capital: Manila (9,9 millones de habitantes en la zona metropolitana). Otras ciudades principales: Ciudad de Davao (1,2 millones) y Ciudad de Cebú (0,7 millones).
Relieve: Territorio insular, 65% montañoso, con estrechas tierras bajas costeras.
Clima: Tropical, a cada lado del cintur
ón de tifones.

Población
Nacionalidad: Gentilicio y adjetivo: filipino.
Habitantes (censo de 2000): 76,5 millones. Según estimación del Gobierno para 2003: 82 millones.
Tasa neta de crecimiento anual: 2,36%. Grupos étnicos: Malayo y chino.
Religiones: Católica, 85%; protestante, 9%; musulmana, 5%; budista y otras religiones, 1%.
Lengua(s): Filipino (basado en el tagalo), idioma nacional; inglés, idioma del Gobierno y de la instrucción en el sector educativo.
Educación: Años obligatorios: 6 (observación: 6 años de enseñanza primaria gratuita y obligatoria; 4 años de enseñanza secundaria gratuita pero no obligatoria). Asistencia escolar: 97% a la escuela primaria, 66% a la escuela secundaria. Alfabetizados: 92,3%. Salud: Mortalidad infantil (2002): 29 defunciones por 1.000 nacidos vivos. Esperanza de vida (2003): 67,2 años para los hombres y 72,5 años para las mujeres. Población activa (2003): 34,6 millones de habitantes. Servicios (incluidos el comercio y el Gobierno), 48%; agricultura, 36%; e industria, 16%.

Gobierno
Tipo: República.
Independencia: 1946.
Constitución: 11 de febrero de 1987.
Poderes: Ejecutivo: Presidente y Vicepresidente. Legislativo: Legislatura bicameral. Judicial: independiente.
Circunscripciones administrativas: 15 regiones y la zona metropolitana de Manila (región de la capital nacional), 79 provincias y 115 ciudades.
Partidos políticos: Unión Nacional de Demócratas Cristianos y Demócratas Musulmanes Lakas-CMD, Coalición Nacionalista Popular, Laban ng Demokratikong Pilipino, Partido Liberal, Aksiyon Demokratiko, Partido Demokratikong Pilipino-Lakas ng Bayan y otros partidos pequeños.
Sufragio: Universal, pero no obligatorio, a los 18 años de edad.

Economía
Producto interno bruto (PIB) (2003): $79.300 millones.
Crecimiento anual del PIB (2003): 4,7%.
PIB por habitante (2003 est.): $967.
Recursos naturales: Cobre, níquel, hierro, cobalto, plata y oro.
Agricultura: Productos: arroz, productos del coco, azúcar, maíz, carne de cerdo, banano, productos derivados de la piña, acuicultura, mango y huevos.
Industria: Tipos: textiles y prendas de vestir, productos farmacéuticos, sustancias químicas, productos derivados de la madera, elaboración de alimentos, montaje de productos electrónicos, refinamiento de petróleo y pesca.
Comercio (2003): Exportaciones: $34.840 millones. Importaciones: $36.100 millones.

POBLACIÓN
La mayor parte del pueblo filipino es de origen malayo, descendiente de los indonesios y malayos que emigraron a las islas mucho antes de la era cristiana. El grupo minoritario étnico más importante está constituido por los chinos, que han desempeñado un papel importante en el comercio desde el siglo IX, cuando llegaron por primera vez a las islas con ese fin. Como consecuencia de los matrimonios mixtos, muchos filipinos tienen ascendencia china y española. Los estadounidenses y los españoles ocupan el segundo lugar entre las minorías extranjeras más grandes del país.

Más del 90% de la población es cristiana; la mayoría se convirtió y occidentalizó en mayor o menor grado durante casi 400 años de dominio español y estadounidense. Los principales grupos no hispanizados son la población musulmana, que se concentra en el archipiélago de Sulu y en la región central y occidental de la isla de Mindanao, y los grupos montañeses del norte de Luzón. En las regiones más remotas de Mindanao siguen viviendo pequeñas tribus en los bosques.

Se hablan alrededor de 87 idiomas y dialectos nativos, todos los cuales pertenecen a la familia lingüística malaya-polinesia. Ocho de ellos son la lengua materna de más del 85% de la población. Los tres idiomas indígenas principales son el cebuano, que se habla en las Visayas; el tagalo, predominante en la región que circunda a Manila; y el ilocano, que se habla en el norte de Luzón. Desde 1939, en un esfuerzo por alcanzar la unidad nacional, el Gobierno ha promovido el uso del idioma nacional, el filipino, que se basa en el tagalo. El filipino se enseña en todas las escuelas y ha ganado aceptación, en particular como segundo idioma.

Muchos, incluidos casi todos los profesionales, académicos y funcionarios públicos, usan el inglés, el idioma no nativo más importante, como segunda lengua. En enero de 2003, la presidenta Gloria Macapagal-Arroyo ordenó al Departamento de Educación que restableciera el inglés como medio de instrucción en todas las escuelas y universidades. Sólo algunas familias filipinas hablan el español como lengua materna.

A pesar de esta multiplicidad de idiomas, los filipinos tienen una de las tasas de analfabetismo más altas de la región de Asia oriental y del Pacífico. Alrededor del 92% de la población mayor de 10 años de edad es alfabetizada.

HISTORIA
La historia de Filipinas puede dividirse en cuatro fases bien diferenciadas: el período prehispánico (antes de 1521); el período hispánico (de 1521 a 1898); el período estadounidense (de 1898 a 1946); y los años transcurridos desde la independencia (desde 1946 hasta la fecha).


Período prehispánico
Se cree que los primeros pobladores de Filipinas, los negritos, llegaron a las islas hace 30.000 años procedentes de Borneo y Sumatra, a través de los puentes terrestres existentes en aquel entonces. Posteriormente llegaron desde el sur pueblos de ascendencia malaya en oleadas sucesivas, primero a través de puentes terrestres y después en embarcaciones denominadas barangays. Los malayos se establecieron en comunidades dispersas, también denominadas barangays, que eran gobernadas por caciques conocidos como datus. Los mercaderes y comerciantes chinos llegaron y se establecieron en el siglo IX dC. En el siglo XIV llegaron los árabes, quienes introdujeron el Islam en el sur y extendieron su influencia incluso hasta Luzón. No obstante, los malayos siguieron siendo el grupo dominante hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

Período hispánico
Fernando de Magallanes reclamó Filipinas como territorio español en 1521, y durante los 377 años siguientes, las islas estuvieron bajo el dominio español. Este período fue la era de la conversión al catolicismo romano. Se creó un sistema social colonial español con un sólido gobierno centralizado y gran influencia del clero. Los filipinos estaban descontentos bajo el dominio de los españoles, y ese largo período se caracterizó por numerosos levantamientos. El más importante de estos levantamientos comenzó en 1896 bajo el liderazgo de Emilio Aguinaldo y siguió hasta que los estadounidenses vencieron a la flota española en la bahía de Manila el 1º de mayo de 1898, durante la guerra hispano-estadounidense. Con la declaración de la independencia firmada por Aguinaldo, Filipinas se independizó de España el 12 de junio de 1898.

Período estadounidense
Tras la derrota de la flota española por el almirante Dewey en la bahía de Manila, los Estados Unidos ocuparon Filipinas. España cedió las islas a los Estados Unidos según los términos del Tratado de París (10 de diciembre de 1898) que puso fin a la guerra.

En 1899 estalló una guerra de resistencia contra el dominio de los EE.UU., encabezada por el presidente revolucionario Aguinaldo. Si bien históricamente los estadounidenses han usado la frase "la insurrección filipina", los filipinos y un creciente número de historiadores estadounidenses se refieren a estas hostilidades como la guerra filipino-estadounidense (1899-1902), y en 1999 la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. reclasificó sus referencias para utilizar esta frase. En 1901, Aguinaldo fue capturado y juró lealtad a los Estados Unidos, y la resistencia se extinguió poco a poco. El conflicto finalizó con una Proclamación de Paz el 4 de julio de 1902.

El gobierno de Filipinas por los Estados Unidos se declaró siempre como provisional y destinado a crear instituciones que permitieran y estimularan el posterior establecimiento de un gobierno libre y democrático. Por consiguiente, los funcionarios de los Estados Unidos se concentraron en la creación de medios de apoyo prácticos, tales como la educación pública y un sistema jurídico bien concebido.

La primera asamblea legislativa fue elegida en 1907. Se estableció una legislatura bicameral, en su mayor parte bajo el control filipino. Se constituyó una administración pública de la que se hicieron cargo poco a poco los filipinos, quienes habían obtenido efectivamente el control al finalizar la Primera Guerra Mundial. Se produjo la separación del Estado de la Iglesia Católica y se compró y redistribuyó una extensión considerable de tierras de la Iglesia.

En 1935, según los términos de la Ley Tydings-McDuffie, Filipinas pasó a ser una comunidad autónoma. Manuel Quezón fue elegido presidente del nuevo Gobierno, creado con el objeto de preparar al país para la independencia después de un período de transición de 10 años. Sin embargo, sobrevino la Segunda Guerra Mundial y en mayo de 1942, cayó Corregidor, el último bastión estadounidense en Filipinas. Las fuerzas estadounidenses en Filipinas se rindieron a los japoneses, con lo cual las islas quedaron bajo el dominio japonés.

La guerra para recuperar Filipinas comenzó cuando el general Douglas MacArthur desembarcó en Leyte el 20 de octubre de 1944. Los filipinos y los estadounidenses combatieron juntos hasta la rendición de los japoneses en septiembre de 1945. Gran parte de Manila fue destruida durante los últimos meses del combate, y se calcula que 1 millón de filipinos perdieron la vida en la guerra.

Como consecuencia de la ocupación japonesa, la guerra de guerrillas que siguió y las batallas que condujeron a la liberación, el país sufrió grandes daños y una ruptura completa de sus organizaciones. A pesar del estado de conmoción del país, los Estados Unidos y Filipinas decidieron seguir adelante con sus planes de independencia. El 4 de julio de 1946, las Islas Filipinas pasaron a ser la República de Filipinas independiente, de conformidad con los términos de la Ley Tydings-McDuffie. En 1962, el día de la Independencia oficial se cambió del 4 de julio al 12 de junio, en conmemoración de la fecha en que el general Aguinaldo declaró la independencia de Filipinas del dominio español en 1898.

Período posterior a la independencia
En los primeros años de la independencia predominó la reconstrucción de la posguerra con la asistencia de los Estados Unidos. La rebelión de Huk (1945-1953), de inspiración comunista, complicó el empeño de recuperación antes de que se sofocara victoriosamente bajo el liderazgo del presidente Ramón Magsaysay. Los gobiernos subsiguientes de los presidentes Carlos P. García (1957-1961) y Diosdado Macapagal (1961-1965) procuraron expandir los vínculos de Filipinas hacia sus vecinos asiáticos, poner en marcha programas de reforma nacional y desarrollar y diversificar la economía.

En 1972, el presidente Ferdinand E. Marcos (1965-1986) proclamó la ley marcial, citando la creciente anarquía y franca rebeldía de los insurgentes comunistas como justificación. Marcos gobernó desde 1973 hasta mediados de 1981 de conformidad con las disposiciones transitorias de una nueva Constitución que reemplazó la Constitución de la comunidad de 1935. Suprimió las instituciones democráticas, restringió las libertades civiles durante el período de ley marcial y gobernó en gran medida por decreto y referendos populares. El Gobierno inició un proceso de normalización política durante 1978-1981, que culminó con la reelección del presidente Marcos por un período de 6 años que habría finalizado en 1987. El Gobierno de Marcos demostró poco respeto por los derechos humanos a pesar de haber puesto fin a la ley marcial el 17 de enero de 1981. Dicho Gobierno conservó sus amplias facultades de arresto y detención. La corrupción y el favoritismo contribuyeron a una grave disminución del crecimiento y el desarrollo económicos bajo el gobierno de Marcos.

El asesinato del líder de la oposición Benigno (Ninoy) Aquino a su regreso a Filipinas en 1983, después de un largo período de exilio, fusionó la insatisfacción popular con Marcos y puso en movimiento una sucesión de acontecimientos que culminaron en una elección presidencial repentina en febrero de 1986. La oposición se unió bajo la viuda de Aquino, Corazón Aquino, y Salvador Laurel, jefe de la Organización Democrática Nacionalista Unida (UNIDO). La elección se vio empañada por el fraude electoral generalizado por parte de Marcos y sus partidarios. Los observadores internacionales, incluida una delegación de los Estados Unidos encabezada por el senador Richard Lugar (diputado republicano por Indiana), denunciaron los resultados oficiales. Marcos se vio obligado a huir de Filipinas ante un levantamiento civil-militar pacífico que lo destituyó y colocó a Corazón Aquino en el cargo presidencial el 25 de febrero de 1986.

Bajo la presidencia de Aquino se realizaron progresos en la revitalización de las instituciones democráticas y el respeto por las libertades civiles. No obstante, muchos consideraban al Gobierno débil e indisciplinado, y el regreso a una estabilidad política y desarrollo económico plenos se vio obstaculizado por varios intentos de golpes de estado orquestados por miembros descontentos de los militares filipinos.

Fidel Ramos fue elegido presidente en 1992. Al comienzo de su Gobierno, Ramos declaró que la reconciliación nacional era su prioridad máxima. Legalizó el Partido Comunista y creó la Comisión de Unificación Nacional (CUN) para sentar las bases de las conversaciones con los insurgentes comunistas, los separatistas musulmanes y los militares rebeldes. En junio de 1994, el presidente Ramos promulgó una ley de amnistía general condicional que abarcaba a todos los grupos rebeldes, así como al personal militar y policial filipino acusado de delitos cometidos en la lucha contra los insurgentes. En octubre de 1995, el Gobierno firmó un acuerdo que puso fin a la sublevación militar. En 1996 se firmó un acuerdo de paz con uno de los principales grupos insurgentes musulmanes, el Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN).

La elección de José Ejército Estrada como presidente en mayo de 1998, marcó la tercera sucesión democrática de Filipinas desde la destitución de Marcos. Estrada fue elegido con un apoyo masivo abrumador en virtud de una plataforma que prometía la mitigación de la pobreza y enérgicas medidas contra la delincuencia.

Gloria Macapagal-Arroyo, elegida vicepresidenta en 1998, asumió la presidencia en enero de 2001 después de las manifestaciones generalizadas que siguieron a la ruptura del juicio político a Estrada por acusaciones de corrupción. Posteriormente, la Corte Suprema de Filipinas refrendó en forma unánime la constitucionalidad de la transmisión del mando. Las elecciones nacionales y locales tuvieron lugar en mayo de 2004. Según la Constitución, Macapagal-Arroyo reunía los requisitos exigidos para otro mandato presidencial de seis años, y ganó una campaña muy reñida contra su principal contrincante, el actor de cine Fernando Poe, Jr. en las elecciones celebradas el 10 de mayo de 2004. Noli De Castro fue elegido vicepresidente.

GOBIERNO Y SITUACIÓN POLÍTICA
Filipinas tiene una democracia representativa que se basa en el sistema de los Estados Unidos. La Constitución de 1987, adoptada durante el Gobierno de Aquino, restableció un sistema presidencial de gobierno con una asamblea legislativa bicameral y un poder judicial independiente. El mandato presidencial se limita a un período de 6 años. La Constitución también estableció regiones autónomas en las zonas musulmanas de Mindanao y en la región montañosa del norte de Luzón, donde todavía viven muchas tribus indígenas.

El Senado filipino integrado por 24 miembros se elige con jurisdicción ilimitada. Actualmente hay 22 senadores; una vacante se debe a la renuncia del difunto Blas Ople en 2002 para ocupar el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores, y la otra al fallecimiento de un senador en ejercicio. Las elecciones nacionales celebradas en mayo de 2004 produjeron 12 nuevos senadores aunque, debido a que el actual senador Noli De Castro fue elegido vicepresidente, éste dejará vacante su cargo y el nuevo Senado estará compuesto de 23 senadores. De un máximo de 250 miembros de la Cámara de Representantes, 207 son elegidos de distritos de un solo miembro. Los escaños restantes de la Cámara se designan para representantes de partidos sectoriales elegidos con jurisdicción ilimitada; actualmente hay 19 representantes de ese tipo en la Cámara de Representantes.. El comienzo del nuevo período del Congreso está programado para julio de 2004. Además de los 207 representantes de distrito, habrá otros 24 representantes de partidos sectoriales.

Cuando Macapagal-Arroyo asumió la presidencia, su Coalición del Poder Popular, encabezada por el partido de la Unión Nacional de Demócratas Cristianos y Demócratas Musulmanes Lakas-CMD, pasó a ser el grupo dominante en el Congreso. El partido Lakas integrado por 75 miembros encabeza la Coalición del Sol, que también incluye la Coalición Nacionalista Popular de 61 miembros, el Partido Liberal de 22 miembros y varios otros partidos principales y menores. El partido Lucha por unas Filipinas Democráticas (LDP) encabeza el bloque opositor integrado por 20 miembros. En el Senado, la coalición a favor del Gobierno controla 12 de los 22 escaños. Después de mayo, se prevé un aumento de las mayorías a favor del Gobierno en las elecciones de 2004 tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Los miembros del Congreso filipino tienden a tener lealtades partidarias poco firmes y cambian de afiliación con facilidad.

El Gobierno persigue causas penales relacionadas con la corrupción contra el ex presidente Estrada, que ha estado detenido desde abril de 2001. En julio de 2003, un grupo de unos 300 soldados tomó un complejo de apartamentos en el distrito comercial de Manila y exigió la renuncia de la Presidenta y del Secretario de Defensa Nacional. La crisis de 24 horas finalizó cuando los negociadores del Gobierno persuadieron a los amotinados para que se rindieran pacíficamente. En octubre de 2003, algunos miembros del Congreso ejercieron presión para que se le hiciera juicio político al Presidente de la Corte Suprema por acusaciones relacionadas con el uso de fondos judiciales. En noviembre, la Corte Suprema (con excepción de su Presidente) determinó que la demanda de juicio político era inconstitucional, y una mayoría de los miembros de la Cámara de Representantes refrendó esa decisión.

El Gobierno sigue afrontando amenazas tanto de los grupos separatistas musulmanes como de los insurgentes comunistas, y la delincuencia en aumento y las inquietudes en cuanto a la situación de seguridad han tenido un efecto negativo sobre el turismo y las inversiones extranjeras. El grupo terrorista Abu Sayyaf (ASG), que recientemente adquirió notoriedad internacional por sus secuestros de turistas extranjeros en las islas del sur, representa un grave problema para el Gobierno. Ese grupo terrorista secuestró a varios estadounidenses en mayo de 2001 y decapitó a uno de ellos en junio de ese mismo año. En un intento de rescate en junio de 2002, otro rehén estadounidense fue asesinado. Los esfuerzos por localizar y destruir al ASG han tenido cierto éxito, especialmente en Basilán, donde las tropas de los Estados Unidos asesoraron, asistieron y adiestraron a los soldados filipinos en la lucha contra el terrorismo. Los elementos del ASG siguen activos en la isla de Joló y en otras partes de la región sudoeste de Filipinas. Las fuerzas de seguridad filipinas capturaron a un terrorista indonesio que tenía vínculos con el grupo extremista islámico Jemaah Islamiyah en 2002; éste se escapó de la custodia en julio de 2003, pero la policía lo persiguió hasta darle muerte en octubre.

En agosto de 2001, el Gobierno llegó a un acuerdo de cese del fuego con el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), un grupo separatista; las negociaciones sobre un acuerdo de paz definitivo siguieron con mucha lentitud en medio de luchas esporádicas. En la visita de Estado de la presidenta Arroyo en mayo de 2003 a Washington, el presidente Bush prometió apoyo diplomático y financiero al proceso de paz, aceptado por ambas partes. En junio de 2003, el FMLI expidió una declaración oficial de rechazo al terrorismo. El cese de hostilidades que tuvo lugar a continuación se mantuvo hasta mediados de 2004. El Instituto de los Estados Unidos para la Paz realizó propuestas de ayuda para el proceso de paz, en colaboración con el Gobierno de Filipinas y el FMLI, y con el Gobierno de Malasia como mediador principal. En agosto de 2002, el Departamento de Estado agregó el Partido Comunista de Filipinas/Nuevo Ejército Popular (CPP/NPA) a la lista de organizaciones terroristas extranjeras recopilada por los Estados Unidos. Las negociaciones entre el Gobierno y el Frente Nacional Demócrata, brazo político del CPP, se suspendieron en 2001 después de que el NPA asesinó a dos miembros del Congreso, si bien las conversaciones preliminares y por "canales clandestinos" siguieron hasta bien entrado el 2003.

Altos cargos públicos
Presidenta: Gloria Macapagal-Arroyo.
Vicepresidente: Noli de Castro.
Secretario de Relaciones Exteriores: Alberto Rómulo.
Embajador en los Estados Unidos: Albert F. del Rosario.
Representante permanente ante las Naciones Unidas: Lauro Baja.

La Embajada de la República de Filipinas Embassy en los Estados Unidos está situada en 1600 Massachusetts Avenue NW, Washington, DC, 20036 (teléfono: 202-467-9300). Hay consulados generales en Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Ángeles, Honolulú y Agana (Guam).

ECONOMÍA
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la economía de Filipinas ha tenido un historial mixto de crecimiento y desarrollo. En el transcurso de los años, Filipinas ha pasado de ser uno de los países más ricos de Asia (después del Japón) a uno de los más pobres. El crecimiento inmediatamente después de la guerra fue rápido, pero se desaceleró con el tiempo. Una gran recesión en 1984-1985 contrajo la economía en más del 10%, y la percepción de inestabilidad política durante el Gobierno de Aquino perjudicó aún más la actividad económica. Durante su Gobierno, el presidente Ramos introdujo una amplia gama de reformas e iniciativas económicas destinadas a impulsar el crecimiento y la inversión empresariales.

Como consecuencia, Filipinas tuvo un período de mayor crecimiento, pero la crisis financiera de Asia provocada en 1997 desaceleró una vez más el desarrollo económico en Filipinas. El presidente Estrada logró continuar algunas de las reformas iniciadas por el Gobierno de Ramos. Durante su mandato abreviado se promulgaron importantes leyes para fortalecer la regulación y supervisión del sistema bancario (Ley General sobre Banca) y los mercados de valores (Código de Regulación de Valores), liberalizar la participación extranjera en el sector del comercio minorista, y promover y regular el comercio electrónico. A pesar de dificultades ocasionales durante su presidencia y de la resistencia a las reformas a favor de la liberalización por motivo de intereses personales, la presidenta Gloria Macapagal-Arroyo ha logrado progresar en el restablecimiento de la estabilidad macroeconómica con la ayuda de un equipo económico de gran reputación. No obstante, a pesar del progreso reciente, los problemas fiscales siguen siendo uno de los puntos más endebles y su mayor vulnerabilidad.

Entre los sectores importantes de la economía filipina se hallan la agricultura y la industria, en particular la de elaboración de alimentos, textil y de la confección, productos electrónicos y repuestos de automóviles. Casi todas las industrias se concentran en las zonas urbanas de los alrededores de la región metropolitana de Manila. La minería también tiene un gran potencial en Filipinas, que posee considerables reservas de cromita, níquel y cobre. Los hallazgos importantes de yacimientos de gas natural frente a las islas de Palawán han aumentado las importantes reservas de energía hidrotérmica, geotérmica y de carbón.

La economía actual
La crisis financiera de Asia afectó mucho menos a Filipinas que a sus vecinos, en parte porque contó con la asistencia de más de $7.000 millones en remesas anuales de los trabajadores filipinos en el exterior. Con excepción de 1998 –cuando la sequía y los trastornos climáticos acabaron con las cosechas agrícolas, lo cual se sumó a la contracción en la producción del sector industrial– el producto interno bruto (PIB) ha registrado un crecimiento anual positivo. De una baja de 0,6% en 1998, la expansión del PIB aumentó en 1999 (3,4%) y 2000 (4,4%), pero disminuyó a apenas 2% en 2001 en el contexto de una desaceleración de la actividad económica mundial, una baja repentina de las exportaciones e inquietudes políticas y en materia de seguridad a escala mundial.

El crecimiento anual del PIB se aceleró a 4,3% en 2002, lo cual reflejó la continua capacidad de recuperación del sector de servicios, los aumentos de la producción del sector industrial y la recuperación de las exportaciones. En 2003, la economía demostró tener capacidad de recuperación durante 2003 con un crecimiento del PIB del 4,7%, a pesar de los graves choques externos y nacionales (entre ellos, la guerra de Iraq, el síndrome respiratorio agudo grave, la incertidumbre acerca de las perspectivas económicas mundiales, la degradación de las clasificaciones crediticias soberanas, y las preocupaciones renacientes por la ley y el orden). Hará falta un crecimiento económico sostenido mayor para lograr un progreso más apreciable en la mitigación de la pobreza dada la alta tasa anual de crecimiento demográfico de Filipinas de 2,36%, una de las más elevadas de Asia.

Por lo general, la agricultura sufre por la baja productividad, las escasas economías de escala y un apoyo insuficiente de la infraestructura. La producción agrícola disminuyó en 1997 y 1998 debido a la sequía relacionada con El Niño, pero aumentó en un 6,0% en 1999 (con respecto a la base baja de 1998). El crecimiento volvió a tasas más normales en 2000 (4,0%) y en 2001 (3,7%). La producción agrícola (afectada por otro período de sequía, aunque más leve) aumentó en un 3,8% anual en 2002 y 2003.

La desaceleración de la actividad económica y de la demanda de productos electrónicos a escala mundial se sumó a una baja de precios de los productos básicos provenientes de recursos y esto deprimió el rendimiento de las exportaciones en 2001. Los ingresos de exportación de todo el año –que habían disminuido en 1985– se contrajeron en un 16,2% anual, debilitados por una baja de casi el 24% en las entradas brutas de envíos de repuestos y equipos electrónicos y de comunicaciones (que comprenden alrededor del 60% de los ingresos anuales de exportación). Como consecuencia de los mejores niveles del comercio intraasiático, los ingresos de exportación aumentaron desde abril hasta diciembre de 2002, con lo que se interrumpieron los 14 meses consecutivos de crecimiento anual negativo y se ascendió gradualmente a una tasa de crecimiento positiva de las exportaciones (10%) durante todo el año 2002. Debido a una menor demanda mundial, en 2003 los ingresos de exportación sólo tuvieron un crecimiento de 1,4%. Aumentaron un 5% anual durante el primer trimestre de 2004.

El sector bancario de Filipinas, si bien se vio afectado con menor gravedad que el de sus vecinos, sufrió también por las altas tasas de interés y préstamos improductivos durante la crisis financiera de Asia y sus secuelas. Los aumentos en los requisitos de capitalización mínima, las reservas cada vez mayores para pérdidas por préstamos, y los coeficientes de suficiencia de capital generalmente buenos han ayudado a atenuar el riesgo general. Desde entonces, la tasa media de préstamos improductivos de los bancos filipinos, que alcanzó su punto máximo en 2002 con un 18%, se ha estabilizado entre 14% y 15%. No obstante, este rendimiento actual se ha rezagado ahora en relación con la mayoría de los países vecinos muy afectados que han tomado medidas más enérgicas para hacer frente al problema creado por los préstamos improductivos. La carga de los activos no redituables ha reducido los márgenes de beneficio e inhibido los créditos bancarios, lo cual presenta riesgos para la viabilidad y estabilidad del sistema bancario a más largo plazo.

Para fines de diciembre de 2003, el peso filipino (que cerró a P55,50) se había debilitado en un 4,7% anual y en más del 110% con respecto al dólar estadounidense desde mediados de 1977, lo que refleja incertidumbre acerca de las perspectivas de las exportaciones y de la balanza de pagos, las preocupaciones renacientes sobre la paz y el orden, así como la incertidumbre política en el período previo a las elecciones nacionales de mayo de 2004. En otros aspectos, recientemente se han dado algunos acontecimientos positivos en la economía filipina. La inflación anual, un problema perenne en Filipinas, está bajo control. La inflación anual media fue de 3,1% durante 2002 y 2003, el índice más bajo desde 1987, atenuada en parte por los precios generalmente estables de los alimentos, la capacidad subutilizada, una tasa de desempleo aún alta y el empeño del Gobierno en controlar los aumentos de las tarifas de los servicios públicos.

El Gobierno espera contener la inflación media dentro de la gama del 4% al 5% durante 2004 a pesar de las presiones de inflación de costos a raíz del aumento de los precios del petróleo y los ajustes a las tarifas de los servicios públicos. La adopción por parte de la autoridad monetaria desde enero de 2002 de un marco orientado a poner freno a la inflación ha mejorado la estabilidad de los precios. Si bien las tasas de interés internas se hallan bajo presión, lo que en parte se debe a las expectativas de una inflación más alta, se han reducido considerablemente en los últimos años, asistidas por una inflación moderada y una política monetaria estable. El Gobierno –que ha seleccionado como objetivo la reducción de los déficit fiscales a partir de 2003 con el fin de equilibrar el presupuesto para 2009– contuvo el déficit presupuestario de todo el año 2003 en 4,6% del PIB, lo que refleja la restricción de los gastos y el empeño más vigoroso por parte de los organismos de recaudación de impuestos en mejorar la administración, ejecución y buena gestión de la cosa pública.

Los gobiernos de Aquino y de Ramos abrieron la economía relativamente cerrada de Filipinas y proporcionaron una base más firme para el crecimiento económico sostenible. Después de un comienzo lento, el presidente Estrada y su gabinete no sólo siguieron con las políticas y reformas de liberalización y basadas en el mercado, sino que también las ampliaron. Debido a la oposición nacionalista, se abandonaron las gestiones para reformar la Constitución con el objeto de estimular las inversiones extranjeras, especialmente la propiedad extranjera de tierras. El optimismo inicial con respecto a las perspectivas de una reforma económica también había disminuido a raíz de las inquietudes en cuanto a la corrupción gubernamental. Los escándalos relacionados con la Bolsa de Valores filipina, y los estrechos vínculos del Presidente con determinados empresarios, debilitaron la confianza de los inversionistas y de los círculos empresariales, y finalmente condujeron a gestiones exitosas para entablar juicio político y destituir al presidente Estrada.

La presidenta Macapagal-Arroyo se ha propuesto seguir con las reformas económicas en campos que van más allá del comercio minorista, el comercio electrónico, la reforma bancaria y la regulación de valores. Su Gobierno promulgó una ley contra el lavado de dinero en septiembre de 2001, la cual fue seguida por enmiendas en marzo de 2003 para abordar las inquietudes de tipo jurídico provocadas por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Si bien Filipinas ha evitado las contramedidas del GAFI, la aplicación eficaz tendrá una importancia clave para que Filipinas sea eliminada de la lista de vigilancia del GAFI de "países y territorios que no cooperan". Si bien ha debido afrontar problemas con la aplicación de estas leyes, su Gobierno también promulgó leyes para racionalizar y privatizar el sector de la energía eléctrica. En enero de 2003, la presidenta Macapagal-Arroyo promulgó como ley dos iniciativas prioritarias para reformar el sistema de adquisiciones del Gobierno (la Ley de Reforma de Adquisiciones Públicas) y aliviar la carga de los activos no redituables sobre el sector financiero mediante el establecimiento de empresas privadas de gestión de activos (la Ley de Vehículos para Fines Especiales).

Durante el primer trimestre de 2004, ella promulgó leyes para racionalizar y cerrar resquicios en el complejo sistema documental de impuestos de timbre de Filipinas y estimular el comercio secundario de instrumentos financieros, así como legislación (la Ley de Titulización) destinada a establecer la infraestructura y el entorno de mercado necesarios para una amplia gama de títulos respaldados por activos. También promulgó leyes para institucionalizar la resolución alternativa de controversias en las causas civiles con el objeto de abordar el problema de la sobrecarga de causas judiciales.

A pesar de acontecimientos favorables, la economía filipina sigue haciendo malabarismos con recursos financieros sumamente limitados, al mismo tiempo que trata de satisfacer las necesidades de una población en rápido aumento y de hacer frente a las exigencias cada vez más intensas de que el Gobierno actual cumpla sus promesas de poner fin a la pobreza. El alto nivel actual de la deuda pública, la considerable proporción de obligaciones externas, los riesgos emergentes presentados por los pasivos contingentes (en particular los de la Empresa Nacional de Energía, compañía estatal sumamente endeudada), y el deterioro preocupante en el rendimiento de la recaudación de impuestos en los últimos cinco años han aumentado la vulnerabilidad del país a graves choques internos y externos.

Como consecuencia de fallas en la protección de los derechos de propiedad intelectual, el país sigue incluido en la lista prioritaria de vigilancia para la aplicación del artículo 301 de la sección especial de la Ley de Comercio, preparada por la oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos. A los inversionistas extranjeros potenciales, así como a los turistas, les sigue preocupando la ley y el orden, la infraestructura insuficiente y los problemas de gestión de la cosa pública. Si bien la liberalización del comercio presenta grandes oportunidades, la intensificación de la competencia mundial y el surgimiento de las economías de exportación de bajos ingresos también presentan desafíos. La competencia de otros países del sudeste de Asia y de China por las inversiones destaca la necesidad de un progreso sostenido en las reformas estructurales con el objeto de eliminar los impedimentos para el crecimiento, bajar los costos de las operaciones comerciales y promover una buena administración del sector público y privado.

Agricultura y silvicultura
Las tierras cultivables componen más del 40% del total de la zona terrestre. Si bien Filipinas tiene un alto potencial agrícola, la infraestructura insuficiente, la falta de financiamiento y las políticas gubernamentales han limitado las ganancias resultantes de la productividad. Las granjas filipinas producen cultivos alimentarios para consumo interno y cultivos comerciales para exportación. El sector agrícola emplea a casi el 40% de la fuerza laboral pero provee menos de un quinto del PIB.

Las décadas de explotación forestal descontrolada y de agricultura de corte y quema en las zonas marginales de las tierras altas han desmontado los bosques, lo cual tiene consecuencias cruciales para el equilibrio ecológico. El Gobierno ha instituido programas de conservación, pero la deforestación sigue siendo un grave problema.

Con sus 7.107 islas, Filipinas cuenta con una gama muy diversa de zonas pesqueras. A pesar de las buenas perspectivas para el subsector agrícola, la industria de la pesca marítima sigue afrontando un futuro sombrío debido a los métodos de pesca destructivos, la falta de fondos y el apoyo insuficiente por parte del Gobierno.

Industria
La producción industrial se centra en las operaciones de elaboración y montaje de lo siguiente: alimentos, bebidas, tabaco, productos de caucho, textiles, prendas de vestir y calzado, productos farmacéuticos, pinturas, madera terciada y láminas de enchapado, papel y productos derivados del papel, pequeños aparatos eléctricos y productos electrónicos. Las industrias más pesadas están dominadas por la producción de cemento, vidrio, sustancias químicas industriales, fertilizantes, hierro, acero y productos refinados derivados del petróleo.

El sector industrial se concentra en las zonas urbanas, especialmente en la región metropolitana de Manila y sólo tiene vínculos endebles con la economía rural. La infraestructura, el transporte y la comunicación insuficientes han inhibido hasta ahora un crecimiento industrial más acelerado, si bien se han logrado progresos importantes en abordar el último de estos elementos.

Minería
El país está bien dotado de recursos energéticos minerales y térmicos. Se ha aprovechado un descubrimiento reciente de reservas de gas natural frente a la isla de Palawán para generar electricidad. Los depósitos de cobre, oro y cromita de Filipinas se hallan entre los más grandes del mundo. Otros minerales importantes incluyen oro, níquel, plata, carbón, yeso y azufre. Filipinas cuenta también con importantes depósitos de arcilla, piedra caliza, sílice y fosfato.

A pesar de sus ricos depósitos minerales, la industria minera filipina es sólo una fracción de lo que era en la década de los setenta y los ochenta cuando el país se hallaba entre los diez primeros productores de oro y cobre del mundo. Los bajos precios de los metales, los altos costos de producción y la falta de inversión en la infraestructura han contribuido al declive general de la industria. Un fallo de la Corte Suprema filipina en enero de 2004 que prohibió la propiedad extranjera absoluta en las operaciones mineras según la Ley Minera de 1995 redujo aún más el aliciente para las inversiones internacionales en la minería en gran escala. Los operadores en pequeña escala, por lo general no sujetos a reglamentaciones, producen la mayor parte del oro pero contribuyen poco a las recaudaciones impositivas y prácticamente no cuentan con programas de mejoramiento y protección del medio ambiente.

RELACIONES EXTERIORES
En su política exterior, Filipinas cultiva relaciones constructivas con sus vecinos asiáticos, con quienes se vincula mediante su afiliación a la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), el Foro Regional de la ASEAN (FRA) y el foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC). Filipinas es miembro de la ONU y algunos de sus organismos especializados, y comenzó un período de 2 años como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en enero de 2004. Desde 1992, Filipinas ha sido miembro del Movimiento de los Países no Alineados. El Gobierno procura obtener la condición de observador en la Organización de la Conferencia Islámica (OCI). En los últimos años, Filipinas ha desempeñado un papel clave en la ASEAN y también valora sus relaciones con los países del Medio Oriente, en gran medida debido a que centenares de millares de filipinos están empleados en esa región.

El compromiso fundamental de Filipinas con la democracia y los derechos humanos se refleja en su política exterior. El ejército y la policía de Filipinas han participado en una serie de operaciones multilaterales de la policía civil y de mantenimiento de la paz, y un general del ejército filipino sirvió como primer comandante en la operación de mantenimiento de la paz de la ONU en Timor Oriental. El gobierno filipino ha participado activamente también en los esfuerzos para reducir las tensiones entre pretendientes rivales a los territorios y las aguas del Mar de China Meridional que tiene una gran riqueza de recursos. El bienestar de los cerca de siete millones de trabajadores filipinos en el extranjero se considera un pilar de la política exterior filipina. Mediante las remesas de divisas, estos trabajadores representan un 10% del producto interno bruto.

RELACIONES ENTRE LOS EE.UU. Y FILIPINAS
Las relaciones entre los Estados Unidos y Filipinas se basan en una historia compartida y un compromiso con los principios democráticos, así como con los vínculos económicos. Los lazos históricos y culturales entre Filipinas y los Estados Unidos se mantienen estrechos. Las instituciones gubernamentales de Filipinas se inspiraron en las de los Estados Unidos, y se sigue compartiendo el compromiso con la democracia y los derechos humanos. En el nivel más fundamental de las relaciones bilaterales, los lazos humanos siguen formando un sólido puente entre ambos países. Se calcula que en los EE.UU. el número de estadounidenses de ascendencia filipina llega a los 2 millones mientras que en Filipinas hay más de 120.000 ciudadanos estadounidenses.

Hasta noviembre de 1992, con arreglo al Tratado sobre Bases Militares de 1947, los Estados Unidos mantuvieron y operaron instalaciones importantes en la Base Aérea Clark, el Complejo Naval de la Bahía Subic y varias instalaciones subsidiarias pequeñas en Filipinas. En agosto de 1991, negociadores de los dos países llegaron a un acuerdo sobre un proyecto de tratado para el uso de la Base Naval de la Bahía Subic por las fuerzas de los EE.UU. durante 10 años. Este proyecto de tratado no incluía el uso de la Base Aérea Clark, que sufrió tantos daños a raíz de la erupción del Monte Pinatubo en 1991 que los EE.UU. decidieron abandonarla.

En septiembre de 1991, el Senado filipino rechazó el tratado sobre las bases, y a pesar de las gestiones complementarias para salvar la situación, las dos partes no lograron llegar a un acuerdo. Como consecuencia, el Gobierno de Filipinas informó a los Estados Unidos el 6 de diciembre de 1991 que tendrían un año para retirarse por completo. Ese retiro marchó sin problemas y se concluyó antes de lo programado, cuando las últimas fuerzas de los EE.UU. partieron el 24 de noviembre de 1992. Al partir, el Gobierno de los Estados Unidos traspasó activos por valor de más de $1300 millones a Filipinas, incluidos un aeropuerto y un taller de reparación de buques. Algunos organismos constituidos por el Gobierno de Filipinas han convertido las antiguas bases militares para uso comercial civil, y la Bahía Subic sirve de estandarte de ese empeño.

En la época posterior a la partida de los EE.UU. de las bases, las relaciones entre los EE.UU. y Filipinas mejoraron y se ampliaron; se centró la atención en los vínculos económicos y comerciales al mismo tiempo que se mantuvo la importancia del aspecto de seguridad. Las inversiones de los Estados Unidos siguen desempeñando un papel importante en la economía de Filipinas, mientras que una sólida relación de seguridad se basa en el Tratado de Defensa Mutua de 1952 entre los EE.UU. y Filipinas (TDM). En febrero de 1998, los negociadores de los EE.UU. y Filipinas suscribieron el Acuerdo de las Fuerzas Visitantes (AFV), lo que preparó el camino para una mayor cooperación militar con arreglo al TDM. El acuerdo fue aprobado por el Senado filipino en mayo de 1999 y entró en vigor el 1º de junio de 1999. Conforme al AFV, los EE.UU. han realizado visitas navieras a los puertos de Filipinas y han reanudado ejercicios militares combinados de gran magnitud con las fuerzas filipinas.

Entre los acontecimientos clave en la relación bilateral se cuenta la declaración del 4 de julio de 1996 por parte del presidente Ramos del día de la amistad filipino-estadounidense en conmemoración del 50º aniversario de la independencia de Filipinas. Ramos visitó los Estados Unidos en abril de 1998 y el entonces presidente Estrada hizo lo mismo en julio de 2000. La presidenta Macapagal-Arroyo se reunió con el presidente Bush en una visita de trabajo oficial en noviembre de 2001 y aceptó su invitación para una visita de Estado a Washington el 19 de mayo de 2003. Este período se caracterizó por numerosas visitas de nivel ministerial por parte de los Estados Unidos a Filipinas, que culminaron con una visita del secretario de estado Colin Powell en agosto de 2002. El presidente Bush realizó una visita de Estado a Filipinas el 18 de octubre de 2003, durante la cual pronunció un discurso en una sesión conjunta del Congreso de Filipinas. Fue el primer Presidente estadounidense en hacerlo desde Dwight D. Eisenhower.

La presidenta Macapagal-Arroyo ha hecho hincapié reiteradamente en la estrecha amistad entre Filipinas y los Estados Unidos y su deseo de fortalecer aún más los vínculos bilaterales. Nuestros gobiernos procuran revitalizar y fortalecer nuestra asociación mediante el empeño en lograr una mayor seguridad, prosperidad y servicio para los filipinos y estadounidenses por igual. La presidenta Macapagal-Arroyo, que asumió su cargo el mismo día que el presidente Bush, prestó su firme apoyo a la guerra internacional contra el terrorismo y la coalición contra Saddam Hussein.

La Operación Balikatán (Hombro a Hombro) 02-1 en el año 2002 contribuyó directamente a los esfuerzos de las fuerzas armadas filipinas para acabar con los terroristas del grupo Abu Sayyaf y llevar el desarrollo a una isla antiguamente plagada de terroristas. Hemos intensificado nuestro ciclo anual de instrucción militar conjunta por todo el país, así como los proyectos humanitarios y de asuntos civiles de los militares, costeados con $68 millones de financiamiento de los EE.UU. para operaciones militares en el extranjero programado para el período 2002-2006. Además, el financiamiento suplementario de actividades contra el terrorismo legislado en 2002 y 2003 añadió otros $55 millones.
Asimismo, el programa de Educación y Formación Militar Internacional (IMET), de $2,4 millones en el ejercicio económico de 2003, es el más grande de Asia y el segundo en importancia del mundo.

Con $148 millones, Filipinas es el primer beneficiario en Asia de los Artículos Excedentes de Defensa. El Acuerdo de Apoyo Logístico Mutuo (MLSA) se firmó en noviembre de 2002 después de un proceso de negociación que se prolongó durante un año. Asimismo, la cooperación entre las fuerzas del orden ha alcanzado nuevos niveles. Nuestros respectivos organismos han colaborado en la formulación de cargos contra 15 terroristas del grupo Abu Sayyaf, la puesta en marcha de nuestro tratado de extradición y el adiestramiento de unos 700 agentes de policía en 2002. En octubre de 2003, los Estados Unidos designaron a Filipinas como aliado fundamental no perteneciente a la OTAN. El mismo mes, Filipinas se incorporó al selecto grupo de países que ratificaron las 12 convenciones de las Naciones Unidas contra el terrorismo.

Los Estados Unidos colaboran también estrechamente con Filipinas con el objeto de reducir la pobreza y aumentar la prosperidad. El presidente Bush apoya plenamente el programa de reforma "República Fuerte" de la presidenta Macapagal-Arroyo para acabar con la corrupción, abrir oportunidades económicas e invertir en la salud y la educación.
Los programas de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), por valor de $10,9 millones en el ejercicio económico de 2003, apoyan la guerra del Gobierno de Arroyo a la pobreza, así como el programa de reforma del Gobierno de la República de Filipinas en asuntos cruciales, incluidos el lavado de dinero, las adquisiciones del Estado y la recaudación de impuestos.

Otros programas de la USAID por valor de $34,8 millones reforzaron las gestiones del Gobierno para reconciliar las divisiones en la sociedad filipina al concentrarse en la solución de conflictos, la mejora de los medios de vida de los ex combatientes, y el desarrollo económico en Mindanao y en la Región Autónoma del Mindanao musulmán, que se cuenta entre las zonas más pobres del país. La legislación del presupuesto suplementario en abril de 2003 destinó otros $30 millones al proceso de paz en Mindanao.

Mientras tanto, siguen en pie programas importantes en planificación familiar moderna, control de enfermedades infecciosas, protección ambiental y prestación de servicios básicos, así como los programas de ayuda alimentaria, realizados con arreglo a la Ley Pública 489 y a la Sección 416(b), que en conjunto ascendieron a un total de $81,7 millones en el ejercicio económico de 2003. En vísperas de la visita del presidente Bush en octubre de 2003, los EE.UU. anunciaron una nueva iniciativa de educación de la USAID por $33 millones destinada principalmente al sur de Filipinas.

Casi 400.000 estadounidenses visitan Filipinas cada año. Los filipinos que viven en los Estados Unidos enviaron remesas de alrededor de $4.100 millones a Filipinas en 2003. Por lo tanto, la prestación de servicios gubernamentales a los ciudadanos estadounidenses y filipinos constituye un aspecto importante de la relación bilateral. Esos servicios incluyen operaciones consulares y asuntos relacionados con ex combatientes y seguridad social. Las prestaciones a los filipinos provenientes de las Administraciones de Seguridad Social y de Asuntos de ex Combatientes de los EE.UU. ascendieron a un total de $143,9 millones y $246,7 millones, respectivamente. Existen muchos programas de contactos personales entre los EE.UU. y Filipinas, incluidos los programas de intercambio Fulbright y de visitantes internacionales y la beca de investigación Aquino, así como el Cuerpo de Paz de los EE.UU.

Comercio e inversiones
El comercio bilateral de los EE.UU. con Filipinas ascendió a un total de casi $18.100 millones en 2003 (datos del Departamento de Comercio de los EE.UU.). Los estrechos vínculos comerciales entre los EE.UU. y Filipinas se reflejan en el hecho de que alrededor del 20% de las importaciones de Filipinas en 2003 procedieron de los EE.UU., y aproximadamente un quinto de sus exportaciones estaba destinado a los EE.UU. Filipinas ocupa el 19º lugar como nuestro mercado de exportación más grande y el 25º como nuestro proveedor más grande. Entre las exportaciones clave a los EE.UU. se hallan dispositivos semiconductores y unidades periféricas de computación, repuestos de automóviles, maquinaria eléctrica, textiles y prendas de vestir, trigo, alimentos para animales y aceite de coco. Además de otros artículos, Filipinas importa materia prima y semielaborada para la fabricación de semiconductores, productos electrónicos y maquinaria eléctrica, equipo de transporte, cereales y preparaciones de cereales.

Tradicionalmente, los Estados Unidos han sido el inversionista extranjero más grande de Filipinas, con inversiones estimadas en unos $3.300 millones a fines de 2002 según las estadísticas oficiales de los EE.UU. Estas inversiones comprenden el 22% de las inversiones extranjeras directas en Filipinas. Desde fines de la década de los ochenta, Filipinas se ha comprometido a reformas que estimulan las inversiones extranjeras como base para el desarrollo económico, con sujeción a determinadas pautas y restricciones en campos específicos. Bajo el Gobierno del presidente Ramos, Filipinas expandió las reformas, abrió los sectores de producción de energía y de telecomunicaciones a la inversión extranjera, y se aseguró la ratificación del acuerdo concertado en la Ronda Uruguay y la afiliación a la Organización Mundial de Comercio. Como se observó anteriormente, el Gobierno de la presidenta Macapagal-Arroyo sigue adelante con dichas reformas, una postura que por lo general goza del apoyo político interno. Un gran obstáculo ha sido –y seguirá siendo– una restricción constitucional a la propiedad extranjera de tierras y servicios públicos, que limita la propiedad máxima al 40%.

En los últimos años, la economía relativamente cerrada de Filipinas ha sido abierta de manera considerable por la desregulación de divisas, la inversión extranjera y la liberalización bancaria, y por la reducción de las barreras arancelarias y al mercado. Además, se ha liberalizado la entrada extranjera al sector del comercio minorista; S&R Price es la primera empresa extranjera en ingresar al mercado del comercio minorista de Filipinas. El Gobierno de Macapagal-Arroyo promulgó también la Ley de Reforma de la Industria de Energía Eléctrica de 2001, cuyo objeto es reestructurar la industria de energía eléctrica de Filipinas y privatizar la Empresa Nacional de Energía (NPC o Napocor). Esta legislación brinda a las empresas de los EE.UU. la oportunidad de participar en la industria energética de Filipinas. Asimismo, entre las principales oportunidades de inversión se encuentran la tecnología de información y comunicaciones, las operaciones de apoyo, como las de centros de llamadas, los establecimientos regionales o los centros de servicios compartidos.

Altos cargos de la Embajada de los Estados Unidos
Embajador: Francis J. Ricciardone
Jefe Adjunto de Misión: Joseph A. Mussomeli
Consejero de Asuntos Políticos: Scott R. Bellard (desde septiembre de 2004)
Consejero de Asuntos Económicos: Robert Ludan
Cónsul General: David T. Donahue
Consejero de Asuntos Administrativos: Robert L. Lane
Consejero de Asuntos Comerciales: David Fulton
Director de la Misión de la USAID: Michael Yates
Consejero de Asuntos Agrícolas: David Miller
Consejero de la Administración de Transporte y Seguridad: Bert Williams
Agregado de Defensa: Coronel Terry P. Cook.
Jefe, Grupo Consultivo de Asistencia Militar
de los EE.UU.: Coronel Mathias R. Velasco
Consejero de Seguridad Regional: William H. Lamb
Agregado jurídico: Stephen P. Cutler
Consejero de la Administración para el Control de Drogas de los EE.UU.: Timothy C. Teal
Consejero de la Administración de Asuntos de ex Combatientes: Barry M. Barker
Consejero de la Administración de Seguridad Social: Thomas Ashley
Consejero de la Comisión Estadounidense de Monumentos de Campos de Batalla: Daniel L. Neese
Consejero del Cuerpo de Paz de los EE.UU.: William J. Benjamin.

La Embajada de los Estados Unidos está situada en 1201 Roxas Boulevard, Manila (teléfono: (63)(2)528-6300; fax: 522-4361; Internet: http://www.philippines.usembassy.gov ). El American Business Center está situado en 25/F, Ayala Life - FGU Center, 6811 Ayala Avenue, Makati City. Aloja al Servicio Comercial Extranjero (teléfono: (63)(2)888-4088; fax: 888-6606; Internet: http://www.usatrade.gov ) y al Servicio Agrícola Extranjero (teléfono: (63)(2)887-1137; fax 887-1268; Internet: http://www.manila.usda.gov ).

  
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