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Una guerra total contra la proliferación

Algunos partidarios del "multilateralismo" prefieren hablar de las glorias de este sistema en teoría en vez de proceder a la acción aquí y ahora. Las políticas de no proliferación del Gobierno del Presidente Bush pertenecen a la segunda categoría. En vez de depender de burocracias engorrosas basadas en tratados, este Gobierno ha emprendido iniciativas que conllevan la acción conjunta con otros estados soberanos para denegar a los países renegados y a los terroristas acceso a los materiales y conocimientos tecnológicos necesarios para la fabricación de armas de destrucción en masa (ADM). Nuestras políticas demuestran que el uso enérgico de las autoridades soberanas que nosotros y nuestros aliados poseemos puede producir resultados.

El Gobierno de Bush se halla en proceso de reinventar el régimen de no proliferación que heredó, formular políticas destinadas a cubrir brechas, reforzar las soluciones parciales anteriores, reunir aliados, sentar precedentes y cambiar las realidades percibidas y el pensamiento jurídico artificioso. La primera línea de nuestra estrategia de no proliferación debe extenderse más allá de los Estados renegados bien conocidos hacia las rutas comerciales y las entidades dedicadas a proporcionar suministros a los países que persiguen objetivos armamentistas. Esto puede describirse correctamente no como "no proliferación" sino como "contraproliferación". Para lograr esto, estamos haciendo un uso más enérgico de las autoridades existentes, con inclusión de sanciones, interdicción y controles creíbles de las exportaciones. Lo que es más importante aún es que hemos tomado medidas de fondo para mejorar la coordinación entre los estados soberanos a fin de luchar contra quienes persiguen objetivos armamentistas.

Según lo que descubrimos a raíz de desenmarañar la red clandestina de armas nucleares dirigida por A.Q. Khan y por el programa de ADM de Libia, quienes persiguen objetivos armamentistas emplean medidas cada vez más complejas y agresivas para obtener ADM o materiales relacionados con misiles. Dependen en gran medida de empresas ficticias y de intermediarios ilícitos en su búsqueda de armas, equipos, tecnología sensible y artículos de doble uso.

En su discurso de septiembre de 2003 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, George W. Bush propuso que el Consejo de Seguridad aprobara una resolución para exhortar a los Estados Miembros a criminalizar la proliferación de ADM, aprobar controles de las exportaciones y proteger los materiales vulnerables dentro de sus fronteras. La Resolución 1540 resultante del Consejo de Seguridad, aprobada por unanimidad, logró los objetivos del Presidente. En vez de requerir años en la negociación de tratados y la creación de instituciones complejas, la Resolución 1540 se basa en el concepto de que los países soberanos tienen la responsabilidad de redactar y aplicar leyes que cierren los resquicios explotados por las redes de ADM del mercado negro.

Entre las innovaciones más prominentes de este Gobierno en materia de contraproliferación se halla la Iniciativa de Lucha contra la Proliferación (ILP). Decimos que la ILP es "una actividad, no una organización", en este caso una actividad destinada a poner freno al tráfico de ADM, sus sistemas de distribución y materiales conexos. Al formular la ILP, nuestra meta principal es sencilla: permitir la cooperación práctica entre los Estados que ayude a navegar en este campo cada vez más desafiante. La iniciativa se centra en incrementar la capacidad operacional de los países en las áreas militar, de inteligencia, y de aplicación de la ley. Más de 60 países se reunieron en Polonia hace poco más de un mes para celebrar el primer aniversario de la ILP y algunas victorias notables. La interceptación, en colaboración con el Reino Unido, Alemania e Italia, de la BBC China, una embarcación cargada de componentes para aplicaciones nucleares, ayudó a convencer a Libia de que los días de acumulación ininterrumpida de ADM han terminado, y contribuyó también a desenmarañar la red de A.Q. Khan.

Otra iniciativa importante del Gobierno es la Alianza Mundial contra la Proliferación de Armas de Destrucción en Masa y Materiales Conexos, emprendida por el Grupo de los Ocho en su cumbre de junio de 2002. Una vez más en este caso, este empeño depende de los compromisos de los estados soberanos que actúan por separado y de común acuerdo para proteger los materiales vulnerables. Al igual que la ILP, la Alianza Mundial es una actividad, no una organización. Los líderes del Grupo de los Ocho y otros 13 copartícipes han prometido recaudar hasta $20.000 millones (£11.300 millones) en el plazo de 10 años para proyectos destinados a impedir que armas y materiales peligrosos caigan en malas manos.

Los Estados Unidos ya tienen en marcha proyectos de no proliferación no sólo en Rusia sino en Ucrania, Kazajstán, Uzbekistán, Georgia y otros antiguos estados soviéticos, al igual que otros países de la Alianza Mundial. Recientemente iniciamos el suministro de asistencia en Irak y Libia e instamos a nuestros copartícipes a emprender sus propios proyectos en estos países. Este año en Sea Island (Estado de Georgia, Estados Unidos), el Grupo de los Ocho acordó valerse de la Alianza Mundial para coordinar actividades en estas regiones.

Este Gobierno trabaja con el fin de recuperar el tiempo perdido por décadas de planes no concretados, presunciones exageradas y pasividad irresponsable. Ya estamos atrasados pero dejamos de ser espectadores pasivos que nos retorcemos las manos y esperamos que, de alguna manera, hallaremos un lugar donde refugiarnos de las amenazas en ciernes. Ya no estamos sumidos en innumerables negociaciones internacionales cuyo único objeto parece ser la negociación más que la toma de decisiones, y ya no estamos esperando bajo la protección ficticia de un organismo internacional renuente, mientras procuramos obtener un permiso concedido a regañadientes para tomar medidas que nos protejan.

El presidente Bush ha comenzado a sentar las bases para un método exhaustivo y radical de lidiar con el peligro mortal de la proliferación de armas destinadas a nuestra destrucción. Estamos resueltos a usar todos los recursos a nuestra disposición -- por medio de la diplomacia en forma periódica, la presión económica cuando produzca un cambio, la aplicación activa de la ley cuando corresponda, y la fuerza militar cuando debamos.

Recién estamos al comienzo, pero es un comienzo extraordinario. No sólo estamos haciendo frente a esta amenaza suprema en el campo de batalla, sino que estamos avanzando y luchando contra ella de manera decisiva y victoriosa. Y debemos hacerlo ya que el resultado de esta lucha determinará las posibilidades que tengamos de sobrevivir.

  
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