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Terroristas Colombianos


Robert Charles, Secretario Adjunto, Dirección de Asuntos Internacionales relativos a Narcóticos y la Aplicación de l
Opinión Editorial
Washington Times
25 de agosto de 2004

The Washington Times

Como Secretario de Estado Adjunto para la Dirección de Asuntos Internacionales relativos a Narcóticos y la Aplicación de la Ley, así como en mi calidad de veterano suscriptor de la revista de National Geographic me he sentido muy preocupado por el artículo de Carlos Villalón, "Cocaine Country" (País de la cocaína) publicado en el número de julio. Ensalza a una organización narcotraficante inclemente y brutal que tiene antecedentes no desmentidos de asestar la muerte y la destrucción a familias y comunidades de Colombia y, a través del comercio de la droga, a nuestras aulas y patios escolares en América del Norte.

Contrariamente a lo que el señor Villalón describe en "Cocaine Country", las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) son cualquier cosa menos abiertas, respetuosas de la moral y solidarias.

Las FARC han sido consideradas por el Departamento de Estado como Organización Extranjera Terrorista. Los dirigentes de las FARC están en la lista de personas del Departamento del Tesoro con las cuales, en el marco de la Ley contra Narcotraficantes Extranjeros, los estadounidenses no pueden mantener ningún trato. Algunos miembros jerárquicos de las FARC están bajo acusación criminal del Departamento de Justicia de los EE.UU. por actividades vinculadas al tráfico de estupefacientes.

Desde el momento en que los editores de National Geographic vieron el nombre y la respuesta del comandante de las FARC Fabián Ramírez a una petición del señor Villalón de documentar la "cultura de la cocaína" en el sur de Colombia, deberían haber reconocido la base parcializada y propagandística de la historia. Más aún, deberían haber sabido que se les podría considerar que están dando credibilidad a quienes suministran las drogas que matan a más de 21.000 estadounidenses cada año y financian el terrorismo en nuestro hemisferio.

Más aún, el gobierno de los EE.UU. cree que "Fabián Ramírez" es realmente José Benito Cabrera Cuevas. El señor Cabrera ha sido acusado judicialmente en Colombia y, en mayo de 2003, fue designado por el presidente de los Estados Unidos como un importante narcotraficante extranjero.

Si éstas no fueron señales de alarma para los editores, éstos debieron haber sido advertidos por la descripción que hace Villalón de las FARC como una especie de supervisor bondadoso de un negocio pueblerino. ¿Desde cuándo la larga historia de maldad indescriptible (atentados explosivos, asesinatos, tráfico de drogas, secuestros, extorsión) puede ser borrada por pequeños actos ocasionales y cínicos de benevolencia? Durante toda la historia los villanos han realizado actos similares de "patronazgo". Las FARC no han hecho nada menos.

Las pruebas abrumadoras del terror de las FARC se presentan en muchos niveles.
Por ejemplo, las FARC celebraron el 40º aniversario de la insurgencia detonando una serie de bombas en Colombia que causaron la muerte de 13 personas. Más de 100 resultaron heridas. Recientemente, las FARC masacraron a más de 30 agricultores de una comunidad campesina en una batalla por el lucrativo control del comercio de la coca cerca de la frontera con Venezuela. En mayo de 2002, un proyectil de mortero disparado por guerrilleros de las FARC cayó en una iglesia al noroeste de Colombia dando muerte a 119 personas. También se sospecha que las FARC están detrás del atentado perpetrado en 2003 contra el club nocturno El Nogal, en Bogotá, en el cual murieron 36 personas y 160 resultaron heridas; así como de ataques con granadas contra dos bares de Bogotá en los que 72 personas resultaron heridas, incluidos cuatro estadounidenses.

Cada vez más las FARC participan en secuestros por rescate cuyas ganancias, junto con las de otras fuentes, ayudan a financiar las actividades terroristas. Las FARC también han tratado de utilizar los rehenes como carta de negociación para conseguir la liberación de narcotraficantes y terroristas que están en la cárcel. Entre sus connotados "prisioneros" actuales están la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Betancourt y tres ciudadanos estadounidenses: Marc Gonsalves, Keith Stansell y Thomas Howes.

Inexplicablemente, es poco lo que se menciona de estos últimos en "Cocaine Country". También preocupa que el señor Villalón no haya incluido toda una serie de hechos.

Por ejemplo, la región del Caquetá, donde el señor Villalón investigó el artículo "Cocaine Country", estuvo bajo el control de las FARC de 1999 a 2002, hasta que se desmanteló la Zona Desmilitarizada y después de eso hasta la primavera pasada. El desarrollo rural ha sido un gran desafío para el gobierno de Colombia y las FARC lo han hecho todavía más difícil a través de la extorsión y la coacción de autoridades y ciudadanos locales. Más aun, es mi creencia que debido a que las fuerzas de las FACR obligan a la gente de las regiones que controla a cultivar y procesar la coca, son las FARC las que han creado un mundo en el que, según señala el señor Villalón, "la gente viola la ley para sobrevivir".

La verdadera historia de la región del Caquetá es la de gente amedrentada y controlada por la amenaza del terror. Se trata de una historia de maldad cruel y persistente que rivaliza con algunas de las peores que ha sufrido el mundo. También se trata de una historia que era imposible de ignorar; a menos que uno simplemente cierre los ojos para no verla.

[Fin]

  
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