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Conferencia del Secretario Adjunto Noriega en el Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile


Roger F. Noriega, Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental

Santiago, Chile
18 de noviembre de 2004

Creo que es digno de mención que éste es el primer viaje del Presidente Bush al extranjero desde su reelección a principios de este mes.  El hecho de que haya sido aquí, a Chile, pone de relieve la gran importancia que para él tienen las relaciones de los Estados Unidos con Chile. 

 

El Presidente considera a Chile no sólo un amigo y socio en el que se puede confiar, sino también un país que marca la pauta al instituir los tipos de reformas económicas y políticas tan necesarias en las Américas y en el mundo entero.

 

De hecho, un objetivo de su segundo mandato es aumentar el grado de cooperación que mantenemos con Chile en cuestiones bilaterales, regionales y mundiales, porque creemos que nuestra asociación es un modelo que ilustra los beneficios mutuos que nos proporcionan nuestras relaciones bilaterales.

 

La relación demuestra cómo podemos abordar distintas cuestiones sobre una base de confianza y respeto mutuos para promover los valores e intereses que compartimos: entre otros, un compromiso a la democracia, el estado de derecho, economías abiertas y pleno respeto de los derechos humanos.

 

Ahora, muchos países profesan su adhesión a estos principios, pero no todos han encontrado la voluntad política para aplicarlos.  Y esto es lo que distingue a Chile de tantos otros.  Al pasar revista a los últimos diez años aproximadamente, asombra observar los resultados conseguidos por Chile.  Ustedes tienen motivos fundados para sentirse orgullosos de los grandes adelantos que han realizado en la reconstrucción de sus instituciones democráticas desde que arrebataron el poder al régimen autoritario.

 

Un elemento clave del éxito de la transición de Chile, y que siempre insto a otros a emular en mis viajes por las Américas, ha sido el desarrollo de un sentido de responsabilidad compartida: la búsqueda del bien común, por los diversos poderes del gobierno y los partidos políticos de oposición.  Juntos, estos distintos grupos, han trabajado en defensa del interés del pueblo de Chile en general.

 

Creo que otra clave del continuo adelanto de Chile es su negativa a dormirse en los laureles.  La mundialización no es amable para quienes, satisfechos con sus éxitos, pierden el deseo de mejorar, de innovar y no saben anticiparse a las circunstancias y adaptarse al cambio.  Es obvio que los chilenos comprenden que no pueden esperar que las ventajas comparativas que se han ganado a pulso duren eternamente, y trabajan de firme para estar preparados a hacer frente a lo que les traiga el futuro.

 

Si bien nuestra relación bilateral sigue basándose principalmente en el Tratado de Libre Comercio, va ciertamente mucho más allá.  Concedemos un gran valor a nuestra creciente asociación con Chile para hacer frente a las dificultades que nos acechan en nuestro hemisferio y fuera de él.  Hemos unido nuestros esfuerzos en la lucha contra los estupefacientes y el terrorismo y mantenemos relaciones militares excelentes y cada vez más estrechas, las cuales son un elemento esencial de nuestra misión principal de garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos.

 

El rápido despliegue de personal de seguridad de Chile en Haití, el pasado mes de marzo, representó una importante contribución a la estabilidad de nuestro hemisferio.  El creciente compromiso a la segunda fase de la operación de paz, y la actuación de las tropas chilenas en Haití han merecido elogios de otros países socios y de los mismos haitianos.

 

La situación en Haití sigue siendo tensa, pero alabamos la determinación de Chile de mantenerse firme.  Su gobierno ha enviado a Haití recientemente un nuevo contingente, como parte de una compañía de ingeniería combinada de Chile y Ecuador.  Consideramos esta clase de liderazgo beneficiosa para todos los países de nuestro hemisferio.

 

La aspiración de Chile de desempeñar una función de líder en la escena mundial se ha puesto obviamente de manifiesto esta semana.  Felicitamos al Gobierno del Presidente Lagos por su excelente labor en los preparativos de la Semana de la APEC, tanto en el fondo como en la logística.  Al celebrar en su suelo toda una serie de reuniones a lo largo de un año, en preparación para esta Cumbre, Chile ha fomentado el consenso en torno a numerosas cuestiones críticas comerciales y de seguridad.  Los líderes que se están reuniendo aquí para promover objetivos comunes en bien de nuestros ciudadanos en la región de Asia y el Pacífico saben que el futuro está en economías abiertas, de carácter prospectivo, y un comercio internacional dinámico, orientado a la exportación

 

Y del mismo modo que el éxito de esta cumbre de la APEC refleja un año de arduo trabajo y cooperación en Chile, la tercera reunión ministerial de las naciones que comprenden la Comunidad de Democracias, el próximo mes de mayo, será el resultado de largos preparativos a cargo de los anfitriones chilenos.

 

Estados Unidos comparte el entusiasmo de Chile por este valioso instrumento y está trabajando en estrecha colaboración con el Gobierno del Presidente Lagos para reforzar el papel y el programa de la Comunidad de Democracias.  La Comunidad está enviando un importante mensaje al mundo: sólo adoptando la gama completa de prácticas democráticas pueden los países lograr paz y prosperidad duraderas en el interior y respeto en el exterior.  La sólida democracia de Chile y su floreciente economía hacen del país el perfecto anfitrión de esta reunión. 

 

Así pues, si la APEC y la Comunidad de Democracias pueden servir de orientación, esperamos que Chile siga marcando la tónica en las cuestiones más candentes de la reforma económica y política que están dando forma al siglo XXI.  Éste es el motivo por el que en los Estados Unidos consideramos el mantenimiento de una estrecha cooperación con Chile cuestión de la mayor importancia.  Además, las sólidas instituciones democráticas de Chile, el éxito de su reforma, junto con su honestidad e integridad, tienen mucho que ofrecer a los países que buscan una vía propicia que los conduzca al desarrollo.

 

Por consiguiente, consideramos el continuo éxito de Chile vital para alumbrar el camino a otros países que han emprendido la reforma en todo el mundo.  Desde la perspectiva de los Estados Unidos, la efectiva aplicación del tratado de libre comercio con Chile es importante no sólo por los beneficios que reporta a los pueblos chileno y estadounidense, sino también por el precedente que sienta para nuevas negociaciones de acuerdos similares centroamericanos y andinos.  Nuestro Congreso también está vigilando nuestros adelantos en el TLCAN entre los Estados Unidos y Chile, porque establece la norma para futuros acuerdos.  Por tanto, es indudable que es mucho lo que está en juego.

 

El hecho de que este TLCAN ha sido un faro para muchos países latinoamericanos afecta a la política de los Estados Unidos en la región.  Los TLCAN se han convertido en algo más que instrumentos de comercio.  Son una expresión de la confianza mutua que tenemos en un futuro basado en sistemas políticos y económicos abiertos; y si me lo permiten, desearía referirme brevemente a la dirección que vemos que seguirá nuestra política en la región en los próximos meses.  Cuando el Presidente Bush mira a la región, ve que el continuo adelanto hacia la integración económica del hemisferio es esencial tanto para nuestra prosperidad como para la seguridad mutua a largo plazo.

 

Estados Unidos sigue empeñado en alcanzar el objetivo fijado en la Cumbre de Quebec de 2001 de establecer una Área de Libre Comercio de las Américas auténticamente integral.  Seguiremos trabajando de firme con Brasil, nuestro co-presidente del ALCA, y nuestros otros 32 socios en este proceso, para hacer realidad este ideal. 

 

Nuestro apoyo al ALCA está reforzado por nuestro esfuerzo por concertar acuerdos bilaterales con unos 14 países latinoamericanos en el futuro próximo, que den cuenta de alrededor de 90 por ciento de todo el comercio en ambas direcciones entre los Estados Unidos y Latinoamérica.

 

Como he señalado anteriormente, hemos negociado un acuerdo con nuestros vecinos en América Central y la República Dominicana, y hemos empezado a negociar tratados de libre comercio con Panamá, así como con Perú, Colombia y Ecuador, con Bolivia de observador.  Esperamos concluir las negociaciones el año próximo.

 

Como ya he dicho, los TLCAN son más que instrumentos de comercio.  Ayudan a los países de nuestro hemisferio a aprovechar mejor los recursos nacionales y atraer inversiones extranjeras, con lo que abren nuevas oportunidades económicas para sus ciudadanos.  También estimulan la buena administración pública, porque pocos invertirán en lugares donde la corrupción es general y no existe el estado de derecho. 

 

Dirigen la atención de los gobiernos a la necesidad de adoptar normas más transparentes y compatibles para la adquisición de bienes y servicios, para una mejor protección de los derechos de propiedad, y para el profesionalismo en sus ministerios relacionados con el comercio.  Estas normas pueden estimular una mayor integración de la región, a medida que las normas de comercio e inversión adoptadas por cada país vayan convergiendo gradualmente y puedan dar a los inversionistas nacionales y extranjeros una mayor sensación de seguridad.  También ofrecen los mecanismos para un más cabal cumplimiento de los derechos de los trabajadores y de las normas ambientales.

 

En resumen, los tratados de libre comercio pondrán a los países de nuestro hemisferio en mejor situación de competir en un mercado integrado.

 

El libre comercio, junto con la democracia y la buena administración de la cosa pública, suele proporcionar otra ventaja: la paz.  Los países que comparten un destino común no tratan de destruirse mutuamente.  Los países y las sociedades que viven en paz tienen muchas más probabilidades de trabajar juntos para sostener el crecimiento económico e invertir en programas sociales que beneficien a gentes de toda condición.

 

En este aspecto, instamos a todos los países a invertir los beneficios que obtengan del comercio en su pueblo: en educación, salud, medio ambiente; en preparar a las gentes del hemisferio para participar en la desafiante economía integrada, en la que sus sociedades no tienen otra opción sino competir.  Una ciudadanía más educada y más sana, y un mejor ordenamiento del medio ambiente, a su vez, conducen a una mayor productividad.

 

Nuestra tarea es ayudar a nuestros amigos a cumplir la promesa de que la democracia y el comercio libre ofrecerán una vida mejor a sus pueblos.  Sólo cuando los más pobres entre nosotros tengan acceso a los medios que necesitan para mejorar su propia vida será el crecimiento económico sostenible y justo.  Y sólo al cerrar la brecha entre ricos pobres lograremos la estabilidad que permite a todos los ciudadanos el pleno desarrollo de sus facultades.

 

Si queremos que los países se mantengan en la vía de la democracia, es esencial que la gente vea mejoras reales en su vida diaria.  De hecho, una de las mayores dificultades a las que se enfrentan las Américas es asegurar que los ciudadanos no pierdan fe en el futuro.  Estados Unidos desea ayudar al hemisferio en estos momentos de transición, para que el sueño de sus pueblos no se torne en desesperación.

 

Con el fin de ayudar a los distintos países a establecer sociedades más prósperas y justas, estamos apoyando reformas políticas e institucionales que amplían las oportunidades y promueven el estado de derecho --elemento básico sobre el que deben descansar las democracias y las sociedades civiles vibrantes--, y ayudando a institucionalizar un gobierno responsable.

 

Deseamos contribuir a dar un mayor acceso al proceso político a elementos de la sociedad que han permanecido marginados durante largos años, como las mujeres y, en particular, las comunidades indígenas, que suman unos 40 millones de almas en las Américas. 

 

Para reforzar la democracia, defender los derechos humanos, combatir la pobreza y fomentar la prosperidad hemos proporcionado cerca de 12.000 millones de dólares en ayuda exterior en Latinoamérica en el último decenio.  Para el próximo año fiscal hemos solicitado 1.600 millones de dólares.

 

El Presidente Bush también ha puesto en marcha un nuevo programa histórico destinado a recompensar políticas prudentes y evitar crisis: la Cuenta del Desafío del Milenio, para la que el Presidente ha solicitado este año un aumento de 2.500 millones de dólares en asistencia al desarrollo, lo que supondrá un total de 5.000 millones al año para 2006.

 

Para poder aspirar a estos nuevos fondos, los países deben gobernar con justicia y honestidad, defender el imperio de la ley, combatir la corrupción e invertir en su pueblo.  También deben dar rienda suelta a la energía y la creatividad necesarias para el crecimiento económico mediante la apertura de sus mercados, la eliminación de obstáculos a la iniciativa privada y la reducción de una burocracia y unas reglamentaciones excesivas.  Tres países de nuestro propio hemisferio figuran entre los 16 primeros países que pueden aspirar a la ayuda de la Cuenta del Desafío del Milenio: Bolivia, Honduras y Nicaragua.  Otros dos han sido seleccionados recientemente como países “en el umbral de la Cuenta del Desafío del Milenio” para el año fiscal 2005: Guyana y Paraguay.  Estos países recibirán ayuda para que puedan llegar a ser plenamente elegibles.  Nadie puede poner en duda la magnitud de la tarea de Latinoamérica. 

 

Para el éxito de la empresa es esencial una buena dirección y amplia participación popular en cada paso del proceso.  Es preciso que haya un mayor sentido de responsabilidad y comunidad en los gobiernos.  Las autoridades locales y las sociedades deben reconocer que ellos son los principales responsables de trabajar por el futuro de su propio país.  Esta responsabilidad no se puede imponer desde fuera; tiene que ser algo en lo que se cree y a lo que uno se compromete en su fuero interno.  Nosotros podemos ofrecer ayuda, pero, en última instancia, la reforma y la transformación tienen que surgir de dentro.

 

Reconozco que hay una gran distancia entre el punto en que nos encontramos y el punto en el que queremos estar, en lo que se refiere a democracias plenamente funcionales que protejan a los más humildes y débiles entre nosotros.  Pero no hay duda de la dirección en la que nos estamos moviendo y por qué.

 

Seguiremos apoyando a todos los países de las Américas, aunando nuestros esfuerzos para reformar las instituciones democráticas, estimular el crecimiento económico y reducir la pobreza, mejorar la gobernabilidad, combatir la corrupción e invertir en la población.  Donde podamos ayudar, actuaremos de manera creativa y vigorosa.

 

Nuestros objetivos son los mismos: contribuir a dar paso a un hemisferio que descanse sobre unos cimientos sólidos de democracia, prosperidad y seguridad, donde no puedan medrar dictadores, traficantes ni terroristas.  Todos nosotros reconocemos que no podemos alcanzar nuestros objetivos a menos que aunemos nuestros esfuerzos.

 

El programa de democracia y libertad económica que estamos fomentando, junto con prudentes programas de ayuda económica para ayudar a subvenir a las necesidades humanas básicas y reformar las economías a fin de que estén en mejores condiciones de competir, es lo que creemos que es la fórmula indisputable para obtener resultados reales y ayudar a establecer sociedades más justas y prósperas.  En los próximos meses redoblaremos nuestros esfuerzos para ayudar a los gobiernos a cumplir sus compromisos básicos de adoptar las reformas de segunda generación que son un requisito previo al crecimiento sostenido.

 

·        Seguiremos en Haití, para ayudar al pueblo haitiano a establecer el buen gobierno que siempre ha merecido, pero rara vez ha tenido.

 

·        Trabajaremos con los pueblos de Colombia, Perú, Bolivia, México, Centroamérica y otros que sufren las consecuencias del comercio ilícito de estupefacientes, para defender sus instituciones y derrotar a las bandas criminales.

 

·        Continuaremos buscando terreno común con Brasil, Argentina y Chile, y acercando más que nunca nuestros mercados y nuestras sociedades a través de la cooperación práctica y el respeto mutuo.

 

·        Aprovecharemos el éxito del ALCAN para fortalecer una América del Norte que sea todo lo segura y próspera que sea posible.

 

Como indiqué en la ceremonia de toma de posesión de mi cargo, hace poco más de un año, espero que nuestro éxito no se mida por el hecho de que hayamos mejorado algo la vida de quienes ya tienen cubiertas sus necesidades, sino por haberla hecho mucho mejor para los muy pobres, más libre para los oprimidos y más prometedora para los que están desesperados.

 

Es una empresa que todavía está inconclusa y preñada de dificultades, pero que confío en que finalmente, dará lugar a una comunidad de naciones más rica y prometedora.  Muchas gracias por su amable atención, y ahora tendré mucho gusto en contestar a sus preguntas.

[Fin]


Dado a conocer el 18 de noviembre de 2004
  
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