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Multilateralismo eficaz: estrategia de los Estados Unidos para tratar de la proliferación nuclear mundial


Andrew K. Semmel, Vicesecretario Adjunto para la No Proliferación Nuclear
Alocución pronunciada ante el Foro Nacional sobre Estrategias
Chicago, Illinois
14 de noviembre de 2005

Introducción

Muchísimas gracias por la invitación a dirigirme al Foro Nacional sobre Estrategias y por la oportunidad de visitar Chicago y discutir con ustedes un asunto de la mayor importancia para todos nosotros.

El 2 de diciembre de 1942, en el estadio de fútbol de la Universidad de Chicago, Enrico Fermi y sus colaboradores demostraron la primera reacción en cadena de fisión nuclear. Desde esos albores de la era nuclear, hemos enfrentado el constante dilema de la energía nuclear; es decir, la forma de explotar su potencial pacífico y productivo y, al mismo tiempo, prevenir la propagación de las armas nucleares. Esto último ha sido motivo de preocupación desde el comienzo de la era nuclear, pero por mucho tiempo se trató como un problema político, solucionable con instrumentos tradicionales. La situación ha cambiado a medida que el mundo ha reconocido que la proliferación de armas de destrucción en masa, en particular, aunque no exclusivamente, armas nucleares, es una amenaza preeminente para la paz y la seguridad internacionales.

La necesidad de enfrentar la amenaza que representa la proliferación nuclear es una prioridad clave del Presidente Bush y de su Gobierno y hoy desearía discutir tres aspectos afines del planteamiento del Gobierno en materia de no proliferación nuclear. Primero, esbozaré nuestra estrategia general para enfrentar la amenaza que representa la proliferación. Luego, haré una presentación detallada de varias de las propuestas particulares del Presidente para fortalecer el régimen de no proliferación nuclear. Por último, analizaré la situación actual de las actividades desplegadas para mantener el material nuclear a buen recaudo alrededor del mundo.

Cómo enfrentar los desafíos de la proliferación: multilateralismo eficaz

El Gobierno del Presidente Bush ha formulado una estrategia integral en contra de la proliferación, esbozada en la Estrategia nacional para combatir las armas de destrucción en masa [National Strategy to Combat Weapons of Mass Destruction]. Los tres pilares de esa estrategia son la prevención de la proliferación, la lucha contra la proliferación y la gestión de las consecuencias. Para prevenir la proliferación, el Gobierno ha lanzado actividades con un impresionante grado de expansión para evitar que los Estados renegados y los terroristas adquieran armas de destrucción en masa, materiales conexos y sistemas vectores. En la lucha contra la proliferación se reconoce que la prevención no siempre tiene éxito y que debemos tener la capacidad de impedir y descubrir la proliferación de armas de destrucción en masa, defendernos contra ella y eliminarla, y hacer otro tanto con los posibles usuarios de esas armas para fines malévolos. La gestión de las consecuencias se destina a reducir las repercusiones o los efectos trágicos de un atentado con armas de destrucción en masa en el país o en el extranjero.

Un elemento central de los tres pilares de la estrategia del Gobierno de los Estados Unidos contra la proliferación es el compromiso con el "multilateralismo eficaz" para enfrentar los serios problemas que nos aquejan con realismo y determinación, en alianza con nuestros socios internacionales. El multilateralismo eficaz es parte integrante de nuestro método de prevención de la proliferación, lucha contra la proliferación y gestión de las consecuencias.

La prevención de la proliferación nuclear es el aspecto de la estrategia que constituye la mayor parte de mi responsabilidad y en la cual ha tenido el multilateralismo eficaz importantes ramificaciones. En las actividades destinadas a prevenir la proliferación nuclear, el multilateralismo eficaz ha significado el fortalecimiento de los instrumentos existentes y la creación de otros. Antes de pasar a explicar algunas propuestas concretas del Gobierno para fortalecer las actividades de no proliferación nuclear, permítanme explicarles algunos de esos instrumentos.

Un instrumento indispensable es el Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares. Dicho Tratado, que es la piedra angular del régimen de no proliferación nuclear, ha creado una norma internacional contra la proliferación nuclear y ha establecido la base jurídica para tomar medidas contra los infractores de esa norma. Podría afirmar que el Tratado y el sistema asociado de salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que comprenden procedimientos internacionales de inspección y verificación destinados a conferir protección contra el desvío de material nuclear de los programas de uso de armas con fines pacíficos a otros con fines no pacíficos, han tenido más éxitos que percances en los 35 años en que se ha luchado por prevenir la proliferación de armas nucleares.

Los percances sufridos con el transcurso del tiempo han producido innovaciones. A partir de las lecciones sobre las deficiencias del sistema de salvaguardias vigente en aquel entonces, aprendidas con el descubrimiento del programa clandestino de armas nucleares de Iraq en el decenio de 1990, varios miembros dedicados del régimen de no proliferación negociaron el Protocolo adicional, cuyo fin es fortalecer el sistema internacional de salvaguardias para detectar mejor esos programas clandestinos de armas nucleares, lo cual se realiza por medio de acceso ampliado a más instalaciones y a más información. Ese Protocolo permite que los inspectores nacionales verifiquen las llamadas "actividades no declaradas", no sólo las actividades que un Estado haya declarado abiertas para inspección.

Otro instrumento está constituido por los regímenes multilaterales de control de las exportaciones: principalmente el Grupo de Suministradores Nucleares de 45 miembros y el Comité Zangger. Para fabricar armas nucleares, un país debe tener plutonio separado o uranio muy enriquecido. Con estos regímenes de control de las exportaciones se busca establecer directrices para evitar que un país adquiera la tecnología necesaria para obtener cualquiera de esos productos. Estos órganos voluntarios promueven la concienciación de los proveedores de tecnología y materiales nucleares con respecto a la necesidad de tener estrictos controles nacionales de las exportaciones de productos que, de ser mal empleados, podrían respaldar la proliferación. También establecen un conjunto de normas comunes de exportación que deben acatar todos los países proveedores de armas nucleares.

Sin embargo, la continua proliferación por los Estados renegados y las redes que funcionan fuera de la ley ha dejado en claro que un firme compromiso por parte de los proveedores y la existencia de listas nacionales de estricto control no se traducen automáticamente en prevención de exportaciones ilícitas de armas de destrucción en masa. Necesitamos acción multilateral para hacer cumplir esas normas. El desmantelamiento de la red proveedora de armas nucleares de A. Q. Khan y la subsiguiente decisión de Libia de abandonar su programa de armas de destrucción en masa y de misiles de largo alcance no habrían sido posibles sin una acción multilateral eficaz, basada en un sólido sistema de inteligencia, estrecha cooperación e interceptación activa. Un punto central de esos logros fue la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación [Proliferation Security Initiative], propuesta por el Presidente Bush apenas unos meses atrás.

La Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación ha transformado el modo de actuación conjunta de las naciones contra la proliferación al aprovechar sus ventajas en el campo de la diplomacia, en las fuerzas armadas y en las comunidades de aplicación de la ley y de inteligencia de una manera multinacional, pero muy flexible. En la actualidad, más de 70 Estados apoyan dicha Iniciativa y su Declaración de Principios de Interceptación [Statement of Interdiction Principles] y el número aumenta constantemente. Los participantes aplican leyes que ya están en los libros de una forma innovadora y cooperan como nunca antes en el trabajo de interceptar los envíos, desmantelar las redes de proliferación y exigir responsabilidad a las compañías de fachada que las apoyan. La Iniciativa no es un planteamiento basado en el Tratado. Más bien, es una verdadera alianza destinada a la actuación previsiva para hacer cumplir la autoridad jurídica nacional e internacional con el fin de impedir y desmantelar la proliferación de armas de destrucción en masa y de misiles y evitar que esos armamentos caigan en manos inescrupulosas.

El método de trabajo similar al de la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación, en el que participan los países de la misma opinión, se amplía ahora para reducir los fondos que alimentan la proliferación. En julio, los dirigentes del Grupo de los Ocho pidieron que se intensificara el esfuerzo para combatir la proliferación por medio de cooperación con el fin de descubrir, localizar y congelar las transacciones financieras y los bienes pertinentes. Esta cooperación ya comenzó dentro del Grupo Egmont, una red mundial de instituciones financieras gubernamentales establecida en un principio para combatir el lavado de dinero. De nuestra parte, en junio, el Presidente Bush expidió una nueva Orden Ejecutiva que autoriza al Gobierno de los Estados Unidos a congelar los activos y bloquear las transacciones de las entidades y personas dedicadas a realizar y respaldar actividades de proliferación. En la actualidad, se han designado 16 entidades, a saber, once de Corea del Norte, cuatro de Irán y una de Siria, de conformidad con la Orden. Esa actividad está surtiendo efecto.

Otro instrumento de nuestro arsenal de medidas sobre no proliferación incluye programas para incautar y eliminar las instalaciones y los materiales empleados para la fabricación de armas nucleares y reorientar a los investigadores y comunidades del campo científico participantes en esos proyectos hacia los sectores civiles. Los Estados Unidos han participado en dichos programas desde el lanzamiento del Programa de Cooperación para Reducir las Amenazas por el Senador Lugar, mi ex jefe en el Senado de los Estados Unidos, y el Senador Nunn en diciembre de 1991, inmediatamente después del colapso de la Unión Soviética, y han trabajado en cooperación con la Federación Rusa y otros Estados de la antigua Unión Soviética desde esa época en el combate a las amenazas que representan las armas nucleares, químicas y biológicas.

Fortalecimiento de la no proliferación nuclear

El Presidente Bush ha organizado un ambicioso programa de trabajo sobre la prevención de la proliferación nuclear para fortalecer los instrumentos existentes y crear otros. Ha recalcado encarecidamente el cumplimiento con las obligaciones del Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares. Ha pedido el fortalecimiento del sistema de salvaguardias del OIEA por medio de la creación de un comité especial del OIEA sobre las salvaguardias, la aplicación universal del Protocolo adicional, instrumento de naturaleza más estricta y exigente, y la exigencia de la puesta en práctica del Protocolo como una de las condiciones que deben cumplir los países para tener derecho a abastecerse de material nuclear. Propuso que se introdujera una Resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para tipificar como delito la proliferación de armas de destrucción en masa. Propuso que se estableciera una prohibición categórica de las exportaciones de tecnología sensible para el enriquecimiento del uranio y el reciclado del plutonio a todos los países que en la actualidad no tengan centrales en gran escala y que los países que renuncien a los programas del ciclo del combustible nuclear tengan acceso a combustible de buena calidad a los precios vigentes en el mercado. Ha propuesto una mayor participación internacional en actividades de reducción cooperativa de las amenazas más allá de las fronteras de Rusia y de los países de la antigua Unión Soviética, además de una nueva alianza con la India sobre no proliferación.

Hemos visto el progreso en muchos de estos frentes. En junio del presente año, la Junta de Gobernadores del OIEA accedió a establecer el nuevo Comité sobre Salvaguardias y Verificación para examinar varias medidas de fortalecimiento de la capacidad de dicho Organismo para asegurarse de que las naciones cumplan con sus obligaciones internacionales. El Comité se reunió por primera vez la semana pasada. Asimismo, hemos visto un aumento del número de Partes en el Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares que han adoptado el Protocolo adicional. Hasta ahora, 104 de esas Partes han firmado el Protocolo, que está vigente en 70 países.

Trabajamos con el Grupo de los Ocho y el Grupo de Suministradores Nucleares para establecer controles eficaces sobre el enriquecimiento y el reciclado y, por ende, para evitar que los Estados sigan programas de fabricación de armas nucleares con el pretexto de producción de energía nuclear presuntamente con fines pacíficos, como lo ha hecho Irán. Trabajamos también con otros proveedores de combustible nuclear y con el OIEA con el fin de crear un mecanismo que permita hacer otros arreglos de abastecimiento de material nuclear en caso de que se presenten problemas en el mercado comercial. Para intensificar esas actividades, el Secretario de Energía Bodman anunció hace una semana que los Estados Unidos convertirán más de 17 toneladas métricas de uranio muy enriquecido en uranio poco enriquecido y lo mantendrán en reserva para respaldar las seguridades dadas con respecto al abastecimiento de combustible. Los resultados de esta medida tendrán un doble efecto favorable: eso significará un abastecimiento de combustible más seguro que acabará con la necesidad de que los Estados amplíen su propia capacidad de fabricación de combustible, y una notable reducción de la cantidad de material empleado para la fabricación de armas, que permitiría construir casi 700 ojivas nucleares. Instamos a otros Estados proveedores a crear también reservas de esa índole.

En abril de 2004, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1540, en virtud de la cual estableció por primera vez obligaciones jurídicamente vinculantes para todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas para tipificar como delito la proliferación de armas de destrucción en masa, poner en práctica estrictos controles de las exportaciones y mantener los materiales nucleares en condiciones de seguridad. La Resolución 1540, si se pone en práctica con la intención con la que se ha formulado, será un instrumento extraordinariamente eficaz contra la propagación de materiales nucleares y de otros materiales peligrosos a grupos peligrosos. Busca acoplar la flexibilidad mortífera de los proliferadores con la firme resolución de los Estados de cortarles la vía al logro de sus fines. Concede alto valor al establecimiento de medidas jurídicas y normativas en el ámbito nacional. Trata de fortalecer la capacidad de abajo arriba en vez de tratar de imponerla desde la cumbre. Apoyamos enfáticamente esas actividades y hemos expresado nuestra disposición a prestar asistencia a otros gobiernos para que puedan cumplir con estas obligaciones.

La participación internacional en actividades de reducción cooperativa de las amenazas se ha ampliado mucho desde la inauguración de la Alianza mundial contra la proliferación de armas de destrucción en masa y materiales conexos por el Grupo de los Ocho en 2002. Los Estados Unidos aportan cerca de $1.000 millones anualmente para estos programas sólo en Rusia y los países de la antigua Unión Soviética y esperan que nuestros socios del Grupo de los Ocho cumplan con su compromiso de aportar fondos de contrapartida por ese monto. Rusia y los países de la antigua Unión Soviética siguen siendo campos de enfoque de importancia crítica, pero hemos abordado las amenazas de proliferación nuclear en todo el mundo por medio de asistencia a otros países para fortalecer sus actividades de exportación y de control fronterizo con el fin de prevenir el tráfico ilícito.

En julio del presente año, el Presidente Bush y el Primer Ministro Singh de la India anunciaron una alianza entre sus dos países que tiene posibilidades de redundar en importantes beneficios para los Estados Unidos, la India y la comunidad internacional. En virtud de esa alianza, la India se ha comprometido a tomar una serie de medidas, entre las cuales cabe citar la ejecución de leyes de control estricto y eficaz de las exportaciones, la observancia de las directrices del Grupo de Suministradores Nucleares sobre exportaciones, la separación de sus instalaciones civiles y militares y la colocación de todas sus instalaciones y actividades civiles bajo el programa de salvaguardas del OIEA, la firma y observancia de un Protocolo adicional y el mantenimiento de su moratoria sobre las pruebas nucleares. A cambio, los Estados Unidos velarán por la introducción de las enmiendas necesarias a las leyes nacionales y los regímenes internacionales para permitir plena cooperación civil en materia de armas nucleares con la India.

En una declaración hecha en marzo con respecto al Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, el Presidente recalcó que "las Partes en el Tratado deben tomar estrictas medidas para enfrentar la amenaza de incumplimiento con el mismo a fin de conservar y fortalecer las actividades de no proliferación realizadas como parte del Tratado. No podemos permitir que los Estados renegados incumplan sus compromisos y desafíen a la comunidad internacional para minar la función fundamental del Tratado en el fortalecimiento de la seguridad internacional". Hemos enfrentado situaciones de incumplimiento por parte de Libia, Corea del Norte e Irán con sus obligaciones en materia de no proliferación y abordado cada una con una estrategia focalizada. Libia tenía un programa secreto de fabricación de armas nucleares, pero tomó la decisión estratégica de renunciar a ese programa, desmantelarlo con la debida transparencia y volver al pleno cumplimiento con las obligaciones impuestas por el Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares. Esperamos que Corea del Norte cumpla a cabalidad y con rapidez el compromiso contraído en la última ronda de conversaciones entre las seis Partes para abandonar sus armas nucleares y todos sus programas nucleares, y esperamos que lo haga de una manera completa, verificable e irreversible. El programa clandestino de armas nucleares de Irán se ha prolongado por dos decenios. Como resultado de la trayectoria de engaño y negación de Irán, su falta de cooperación con el OIEA y su búsqueda de capacidad en el ámbito del ciclo del combustible nuclear, en un acto de rebeldía ante la comunidad internacional, la Junta de Gobernadores del OIEA determinó el 24 de septiembre que Irán se encontraba en situación de incumplimiento oficial con las obligaciones impuestas por el sistema internacional de salvaguardias, decisión que desencadena la necesidad de presentar un informe al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Seguimos instando encarecidamente a Irán a que tome la decisión estratégica de abandonar la búsqueda de las armas nucleares. Todos estos casos dejan una lección clara: el Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares ha establecido una norma invalorable contra la proliferación nuclear, pero la fuerza que tiene dicho Tratado para detener la proliferación nuclear radica en la disposición de las Partes a cumplir con sus obligaciones y la determinación de las Partes cumplidoras de exigir que otras obren de la misma manera.

En ese marco, permítanme mencionar brevemente la Conferencia de las Partes encargada del examen del Tratado Sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares celebrada en mayo de 2005. Las Partes en el Tratado se reúnen cada cinco años para hacer un análisis retrospectivo de los acontecimientos del último quinquenio y examinar la manera de fortalecer la ejecución del Tratado en los años venideros. En la Conferencia de este año, las Partes no pudieron llegar a un consenso sobre cuestiones fundamentales. Para muchos, este ha sido un signo de debilidad del Tratado y del régimen de alcance más amplio. No estoy de acuerdo. Este es un momento de cambio trascendental en el sistema internacional y de desafío para el Tratado y el régimen. Si bien convendría lograr consenso sobre la marcha hacia adelante en materia de no proliferación, no es sorprendente que más de 180 Estados no hubieran podido llegar a un consenso en mayo. Lo importante es que las Partes, en su mayoría, expresaron su sólido apoyo al Tratado y al régimen, discutieron las graves dificultades que enfrentan y debatieron con seriedad la forma de resolverlas.

Hemos logrado importantes adelantos, pero tanto los actores estatales como los no estatales tienen todavía mucho más por hacer para acabar con la proliferación. En fecha reciente, la Secretaria de Estado anunció cambios en el Departamento de Estado que nos permitirán enfrentar mejor las amenazas de hoy. La Dirección de la No Proliferación de Armamentos y la Dirección de Control de Armamentos se han fusionado en una sola, con el nombre de Dirección de Seguridad Internacional y no Proliferación. La nueva Dirección agrupará el talento de dos comunidades en una entidad que podrá utilizar mejor su fortaleza y experiencia conjuntas y, al mismo tiempo, reencauzar el enfoque en nuestras prioridades más urgentes, que son las iniciativas de prevención del terrorismo causado por las armas de destrucción en masa y el adelanto en la lucha contra la proliferación.

Seguridad del material nuclear

Ahora, permítanme pronunciar algunas palabras sobre nuestras actividades para proteger los materiales nucleares en condiciones de seguridad en todo el mundo. Los Estados Unidos han contraído un firme compromiso de mejorar la protección física de las armas y los materiales nucleares por medio de varios programas de asistencia para la no proliferación. Por conducto de diversos programas de los Departamentos de Estado, Energía y Defensa, los Estados Unidos trabajan con varios Estados de todo el mundo para custodiar mejor los materiales nucleares y evitar su tráfico ilícito. Creemos que la mayor posibilidad de prohibir la propagación de materiales nucleares a los Estados peligrosos o a los terroristas está en una prevención firme y eficaz en la fuente.

El Departamento de Energía lanzó en 2004 la Iniciativa de Reducción de la Amenaza Global. Dicha Iniciativa ha dado nuevo acento a los programas para mantener la seguridad del combustible fresco y gastado de uranio muy enriquecido para los reactores de investigación y para convertir esos reactores en dispositivos que funcionen con combustible de uranio poco enriquecido, así como programas para mantener la seguridad de las fuentes radiológicas que pudieran emplearse para fabricar bombas sucias. Junto con los programas del OIEA y de otras iniciativas internacionales para custodiar las fuentes radiactivas, se ha comenzado a construir una sólida base para detener el terrorismo nuclear.

El Presidente Bush y el Presidente Putin de Rusia dieron un gran paso en este sentido en su reunión de febrero en Bratislava. Logramos grandes adelantos en materia de acuerdos con la Federación Rusa para actualizar la seguridad de las instalaciones nucleares y el transporte de las ojivas nucleares que deben eliminarse. También trabajamos estrechamente en muchas instalaciones para reemplazar el uranio muy enriquecido, utilizable en dispositivos nucleares explosivos, por uranio poco enriquecido, que no es apto para ese fin. Estas actividades asegurarán la eliminación de grandes cantidades de materiales como posible blanco para uso por los terroristas. Cada vez o dondequiera que se mantenga la seguridad del combustible de uranio muy enriquecido o se repatríe ese material a Rusia o a los Estados Unidos, cada vez o dondequiera que se convierta un reactor nuclear activado por uranio muy enriquecido, apto para la fabricación de armas, en uno activado por uranio poco enriquecido, o cada vez que se coloque otra instalación nuclear bajo protección física segura, el mundo será un lugar más seguro.

En el plano multilateral, los Estados Unidos han contraído un firme compromiso de fortalecer los marcos y regímenes internacionales. Son los principales partidarios del Plan de Seguridad Nuclear del OIEA y han donado más de $25 millones al mismo desde el 11 de septiembre de 2001. El Plan asiste a los Estados en la protección física de sus materiales de instalaciones nucleares civiles, la prevención del tráfico ilícito y la seguridad de los materiales radiactivos.

En julio, en una conferencia diplomática de más de 85 Estados Partes en la Convención sobre la protección física de los materiales nucleares de 1979, se adoptó una Enmienda decisiva que fortalece esa Convención en sumo grado para abordar el tráfico ilícito de material radiológico nuclear o no nuclear y el potencial de uso malévolo. La Enmienda se ha preparado con la intención de alcanzar los tres fines siguientes:

• Lograr y mantener protección física eficaz del material nuclear y de las instalaciones nucleares alrededor del mundo para fines pacíficos.

• Prevenir y combatir las ofensas relacionadas con ese material y esas instalaciones alrededor del mundo.

• Facilitar la cooperación entre los Estados Partes con esos fines.

En resumen, la Enmienda ofrece un ancla basada en el Tratado para establecer un régimen internacional de protección física de materiales e instalaciones nucleares alrededor del mundo empleados con fines pacíficos.

Conclusión

En conclusión, los Estados Unidos trabajan a diario, con eficacia, en el ámbito multilateral para prevenir la proliferación y luchar contra ella y prepararse para la posible gestión de las consecuencias. Hoy les he presentado una amalgama de programas e iniciativas destinados a librar al mundo del azote de las armas de destrucción en masa. Más que cualquier otro país, los Estados Unidos han asumido una función directiva en la creación de un conjunto de instrumentos para prevenir, impedir, interceptar y prohibir la propagación de armas de destrucción en masa, los materiales conexos y la tecnología pertinente, protegerse contra ellos, y evitar su adquisición y uso por los terroristas y sus fuentes de apoyo. Hemos visto algunos éxitos verdaderamente impresionantes en nuestro empeño, pero queda mucho más por hacer. El éxito puede ser efímero a medida que surjan nuevos desafíos o amenazas. Debemos ser tan ágiles y dinámicos en la prevención de la proliferación y la lucha contra ella como quienes aspiran a tener esa capacidad de fabricación de armas mortíferas.

El éxito exige activa colaboración con otros, vigilancia y compromiso. A eso le damos el nombre de "multilateralismo eficaz". La tarea es verdaderamente demasiado grande, importante y compleja para que la realice una sola nación o una sola organización internacional, con un solo instrumento o un solo arreglo voluntario. Los Estados Unidos seguirán haciendo la parte que les corresponde para buscar soluciones que surtan efecto y mejorar las existentes.

Gracias.

[Fin]


Dado a conocer el 14 de noviembre de 2005
  
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