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El logro de una auténtica revolución en las Américas


Roger F. Noriega, Secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental
Observaciones hechas ante el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS)
Washington, DC
8 de septiembre de 2005

(Texto preparado)

En primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento a Peter, a Phil y a todos mis amigos del CSIS por la oportunidad que me han brindado de dirigirme hoy a ustedes.

Siempre se puede contar con CSIS para atraer a un público en el que estén representadas algunas de las personalidades y opiniones más interesantes del gobierno y los círculos empresariales y académicos interesados en asuntos del hemisferio occidental, y para mí es un honor estar aquí con todos ustedes. Como ustedes saben, éstos son mis últimos días como Secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. Estoy profundamente agradecido al Presidente por la confianza que puso en mí al nombrarme a este cargo y permitirme ser parte integral de la campaña mundial de su gobierno para llevar la libertad política a todo el mundo y fomentar una mayor prosperidad para todos sus habitantes.

Ahora voy a incorporarme al sector privado, pero espero continuar trabajando con tanto interés para promover el ambicioso programa del Presidente Bush cuando esté fuera del gobierno como cuando entré a formar parte de él.

El pasado mes de diciembre, en una charla que di aquí, presenté a grandes rasgos nuestra doble estrategia básica para la región: ayudar a salvar la brecha que separa a los ciudadanos de sus gobiernos y trabajar para potenciar a los individuos.

Sin pretender decir que hemos alcanzado todas nuestras metas para el Hemisferio Occidental, pues es mucho lo que todavía queda por hacer, desearía hacer un repaso de algunos de los adelantos que hemos conseguido desde mi última visita a este Centro. Pero antes, desearía aprovechar esta oportunidad para expresar mi gratitud personal y la del pueblo de los Estados Unidos por el apoyo que nos han prestado nuestros vecinos a raíz de la devastación causada por el huracán Katrina. Es realmente conmovedor ver todas estas ofertas de ayuda que nos están llegando, a menudo de países que han sido, ellos mismos, víctimas recientes de huracanes y otras catástrofes naturales.

En cuanto a las relaciones de los Estados Unidos con el hemisferio occidental, si ustedes se atienen a lo que leen en los periódicos, llegarán probablemente a la conclusión de que hemos hecho poco, si es que hemos hecho algo, salvo cruzar algunos dardos verbales con Fidel Castro y Hugo Chávez. Es cierto que Castro y Chávez representan el polo opuesto del avance en el hemisferio. No obstante, nuestra atención está concentrada en un objetivo mucho más amplio, en nuestro ideal positivo y constructivo para nuestra vecindad.

Si todos hubiéramos estado juntos aquí en esta sala hace cinco años, sospecho que habríamos estado de acuerdo en varios objetivos críticos que habríamos deseado lograr para promover la causa de la libertad y la prosperidad en la región.

  • Habríamos señalado que había menos conflictos violentos en la región, pero nos habríamos comprometido a esforzarnos por llevar la paz y la seguridad a todos los países de la región.
  • Habríamos insistido en la necesidad de controlar la corrupción y hacer que los gobiernos fueran más sensibles y transparentes.
  • Habríamos deseado eliminar las barreras al comercio y promover la inversión.
  • Habríamos hablado de la necesidad de incrementar los niveles de educación en todo el hemisferio.
  • Decididamente, habríamos hecho un llamamiento a favor del fortalecimiento de la democracia y el estado de derecho en todos los países del hemisferio.
  • Tal vez habríamos convenido en la necesidad de recompensar a los países que estuvieran adoptando las políticas responsables de combatir la corrupción e invertir en su pueblo.
  • Y todos habríamos convenido en que debíamos trabajar con nuestros vecinos para llevar a cabo estas tareas esenciales mediante el uso de herramientas multilaterales a nuestro alcance, para organizar nuestra labor y poner en práctica nuestros planes.

Tras cinco años de gobierno de Bush, puedo decir que ésos son exactamente los objetivos que hemos estado persiguiendo y la forma en que hemos estado cooperando.

El meollo de nuestra estrategia es mucho, mucho más que un simple modelo económico o paradigma político. Es un pacto para trabajar juntos en solidaridad con nuestros vecinos con el fin de facilitarles la vida a los más pobres entre nosotros para que nos vaya mejor a todos.

Hacia este fin, promovemos la democracia, para que cada ciudadano pueda decidir por sí mismo qué es mejor para él. Promovemos la libre empresa como motor perpetuo de crecimiento. Y promovemos el estado de derecho, para que cada uno de nosotros tenga garantizado el derecho a exigir su parte justa de libertad política y oportunidad económica. Ésta es una fórmula para lograr una auténtica revolución en las Américas.

Es un ideal constructivo y positivo para las Américas, que perseguiremos en unión de serios interlocutores de todo el espectro político: de Lagos en Chile y Lula en Brasil a Saca en El Salvador y Uribe en Colombia. Un factor que todos éstos muy distintos líderes de diversos países tienen en común es que sus relaciones con los Estados Unidos son tan buenas hoy como lo han sido en el mejor de los tiempos.

Examinemos algunos ejemplos de nuestra política constructiva y positiva de los últimos años.

Primero, hemos sido fieles a la palabra que le dimos a Colombia con la conclusión del Plan Colombia y, junto con nuestros amigos colombianos, estamos recogiendo los notables frutos de esa política. Como resultado del liderazgo del Presidente Uribe y del apoyo continuo de los Estados Unidos, Colombia ha hecho grandes adelantos en la lucha contra los narcotraficantes y los terroristas; la delincuencia ha llegado a su nivel más bajo de los últimos 16 años y cerca de 16.000 paramilitares y otros terroristas han sido desmovilizados o han desertado. Estamos trabajando con Colombia para terminar la labor del Plan Colombia de "ganar la paz", para reactivar la economía colombiana y para convertir a Colombia en un socio estratégico de la región.

También estamos trabajando con nuestros vecinos para hacer frente a la amenaza de las pandillas violentas, que constituyen un peligro para nuestra seguridad común que requiere atención inmediata. Con nuestro vigoroso liderazgo, la OEA está en la vanguardia de la lucha contra el terrorismo, la amenaza de los sistemas portátiles de defensa antiaérea no controlados, el tráfico ilícito de armas, los estupefacientes ilícitos y la corrupción.

Perseguimos nuestros objetivos de manera multilateral, en nuestro trabajo diario con las Naciones Unidas en lugares como Haití y con la OEA a través del hemisferio para promover los intereses que comparten todos los países democráticos del hemisferio.

Con la ayuda de un enérgico impulso del Presidente Bush en la reunión de la Asamblea General de la OEA en Fort Lauderdale, nos unimos a nuestros vecinos de la región para emitir la "Declaración de Florida" que, entre otras cosas, prescribe un sistema de advertencia temprana a través del cual el Secretario General de la OEA puede solicitar el apoyo de todos los estados miembros de la OEA para ejecutar las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana. Como ha dicho nuestro nuevo Secretario General de la OEA, nuestro objetivo es contribuir a asegurar que los gobiernos elegidos por medios democráticos gobiernen conforme a normas democráticas y que los que no lo hagan rindan cuentas a sus pueblos.

El Secretario General José Miguel Insulza ya ha viajado a varios países que están teniendo dificultades, entre ellos Nicaragua, Haití, Venezuela, Ecuador y Colombia.

También hemos aportado importantes recursos para apoyar el ejercicio de la democracia en varios países donde se están celebrando elecciones, entre ellos Haití, Nicaragua y Bolivia.

Hemos dedicado importantes recursos y detenida atención a buscar la mejor forma en que los Estados Unidos pueden ayudar a la próxima transición de Cuba y seguir apoyando activamente a los valerosos cubanos que osan pensar en un futuro sin Castro. Este empeño culminó en un informe de 500 páginas de la Comisión presidencial para la ayuda a una Cuba libre. Se trata de un documento singular que traza una estrategia anticipada sobre cómo podemos ayudar al pueblo cubano a lograr la libertad y la prosperidad que le han sido negadas durante más de 40 años.

Hay quienes critican las políticas de este gobierno en el Hemisferio Occidental como excesivamente inclinadas hacia la promoción del comercio. En primer lugar, yo no acepto la idea de que nuestra política sea desequilibrada, pero no oculto nuestra preferencia por el libre comercio. Sólo a través del libre comercio podemos esperar romper el ciclo de pobreza y estancamiento que durante tanto tiempo ha impedido la prosperidad en la región.

Una de las cosas de las que me siento más orgulloso es nuestra decisión, adoptada durante el gobierno de Bush, de vincular deliberadamente nuestro programa comercial a la promoción de la democracia y el estado de derecho. Desde las esferas más altas del poder, con el Presidente Bush a la cabeza, hemos insistido en los vínculos indispensables entre las oportunidades económicas para todos y la potenciación política. En consecuencia, nuestros socios comerciales ven estos acuerdos no como simples contratos mercantiles, sino como signo tangible de una asociación política.

Este año hemos dado otro importante paso hacia el logro de esa prosperidad hemisférica con la aprobación por el Congreso y la firma por el Presidente Bush del Tratado de Libre Comercio con América Central y la República Dominicana. Éste es otro jalón hacia la plena realización de nuestro sueño de una Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Mientras tanto, estamos impulsando negociaciones de acuerdos similares con Panamá y los países andinos de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia.

Pero, como ya he señalado, estos acuerdos comerciales suponen más que el comercio: suponen desmantelar intereses firmemente arraigados, condenar la corrupción, recompensar las reformas que impulsan la competitividad y velar por que, en particular, los muy pobres dispongan de los medios que necesitan para reclamar su parte justa de las oportunidades económicas.

A tal fin, hemos alentado el respeto a los derechos de los trabajadores y el medio ambiente. Para finales de este año habremos invertido cerca de 25 millones de dólares en centros de excelencia para la capacitación de maestros en el Caribe, América Central y América del Sur, que contribuyen a educar a quienes, de no ser por ellos, tendrían vedado el acceso a los nuevos empleos que surgen con el nuevo crecimiento.

En marzo, nos unimos a México y Canadá en pos de lo que a algunos puede parece imposible: mejorar aun más las relaciones económicas más dinámicas del planeta en beneficio de todos nosotros en América del Norte. Con arreglo a la trilateral Alianza para la Seguridad y la Prosperidad, para la que no hay precedentes, aplicaremos medidas comunes de seguridad en las fronteras, intensificaremos la protección de infraestructura vital, adoptaremos un criterio común de respuesta a las emergencias, mejoraremos la seguridad de la navegación marítima y aérea, combatiremos las amenazas transnacionales, estrecharemos la cooperación de inteligencia y trabajaremos para garantizar el paso en condiciones de seguridad de personas y comercio por nuestras fronteras comunes.

Nuestras políticas no atienden únicamente a nuestros socios principales. El Presidente Bush concibió un plan para recompensar al mejor desempeño entre nuestros vecinos más pobres. Tres de los países más necesitados de asistencia directa: Honduras, Nicaragua y Bolivia, han sido incorporados en el proceso de la Cuenta del Desafío del Milenio y empezarán a recibir parte de los 5.000 millones de dólares propuestos por el Presidente Bush hasta finales del ejercicio fiscal 2006 para ayudar a los países cuyos gobiernos están adoptando estrategias racionales destinadas a superar obstáculos básicos al desarrollo que ellos mismos han señalado.

Deseo poner de relieve que las actividades que he mencionado son sólo algunos ejemplos del tipo de medidas que estamos adoptando para contribuir al bienestar del hemisferio occidental, nuestra propia vecindad.

Estados Unidos siempre será un buen socio y un vecino digno de confianza para quienes se ayudan a sí mismos. Nuestra próspera economía ha sido el motor del crecimiento de la mayor parte de este hemisferio durante decenios. Nuestra política comercial está concebida para abrir mercados a escala mundial. Estamos empeñados en trabajar con nuestros vecinos a fin de elaborar y poner en práctica un programa práctico para reformar nuestras economías y hacerlas más justas y más competitivas.

No obstante, si bien nuestra asistencia y empeño son considerables e importantes, no son lo que transformará realmente la región. Si algo me queda de mis años como Secretario Adjunto es el sentido nítido de que lo que más hace falta en las Américas, el elemento indispensable para la estabilidad y el crecimiento, es el liderazgo político y el coraje en el plano nacional.

Nuestra asistencia sólo puede tener un efecto realmente decisivo si es utilizada por líderes dinámicos, innovadores y, sobre todo, patriotas, que estén dispuestos a tomar las difíciles decisiones necesarias para mejorar la condición de sus pueblos.

Algunas de las características de los líderes democráticos modelo, las claves para gobernar con justicia y acierto, son la confianza, la transparencia, la inclusividad y la forja de un consenso político en pos del bien nacional. Esto requiere más que la voluntad de un presidente, requiere el compromiso de todo un estrato político.

No es fácil remodelar la economía de un país en desarrollo, y nunca pretenderemos decir lo contrario. Parte de la dificultad en contrarrestar la demagogia es que no disponemos de una fórmula mágica, sólo de la franqueza. La disciplina fiscal es difícil. La reforma del sector público es difícil. Redactar un código tributario justo es complicado. Diseñar una política energética racional es complicado. Redactar un nuevo código laboral racional es complicado. Facilitar el establecimiento de empresas privadas es más fácil de lo que parece, pero aún así es difícil. Establecer tribunales y congresos independientes y desarraigar la corrupción en todas sus formas es tarea ardua.

El hecho indiscutible es que quienes hagan las decisiones espinosas triunfarán. Y quienes agotan sus energías en busca de soluciones fáciles no deben impedirnos avanzar a los demás. Por mucho tiempo y atención que dediquemos a la región, nada podrá sustituir a los líderes políticos y los pueblos que toman las decisiones por sí mismos.

Esta es la franqueza que me destaca. Yo hablo claro por dos razones: primero, mi español no es suficientemente bueno para permitirme ser sutil; segundo, mi respeto por nuestros amigos de la región me lleva a decir las cosas como son en vez de condescender. Casi todo lo que he dicho hoy lo he dicho antes. Pero la mayor parte de este mensaje se pierde porque los periodistas optan por usar su única oportunidad de intervenir en las conferencias de prensa para preguntarme acerca de Chávez y luego escriben que estoy obsesionado con Venezuela.

La mayoría de ellos no tiene la paciencia de estudiar lo que estamos haciendo en la OEA o en el proceso de la Cumbre para saber que nos estamos comportando como buenos vecinos. Si no resolvemos un problema unilateralmente nos acusan de falta de interés y si nos atrevemos a opinar sobre otra cuestión, nos acusan de injerencia.

No deja de ser un ironía que en un pasado no muy distante, las actuaciones de los Estados Unidos en el hemisferio eran denunciadas por algunos como "intromisión". Por eso, yo he acabado por aceptar el hecho de que algunos siempre encontrarán motivo de crítica contra los Estados Unidos, no importa lo que hagamos.

La historia y la experiencia nos han demostrado cuáles son los medios más eficaces por los que una nación puede ampliar la prosperidad y asegurar una vida mejor para sus ciudadanos. Las economías y los regímenes políticos abiertos, los regímenes comerciales orientados hacia el exterior y el respeto de los derechos humanos son requisitos indispensables del estado nación del siglo XXI. Difícilmente tenemos que "imponer" ese excelente modelo a nadie que desee lo mejor para su pueblo.

Así pues, quienes vituperan el "paternalismo" de los Estados Unidos o su "intromisión" en el hemisferio occidental han perdido su argumento principal. Yo veo en el albor de este nuevo siglo el heraldo del fin del paternalismo en nuestras relacionas con la región.

En cuanto a los países que tratan de seguir esta vía, estamos empeñados en ayudarlos de manera activa y firme. Si no, no estamos obligados a subvencionar decisiones equivocadas.

Muchos de nuestros amigos en las Américas saben que nuestro ideal da resultados. Lo lamentable es que muchos de ellos han tenido que dejar su hogar y su familia para descubrirlo. Hace pocos días estuve en Miami y me llamó la atención ver que en un radio de cincuenta millas del lugar en que yo estaba, en cualquier dirección, había un barrio de ciudadanos de cada uno de nuestros vecinos de América Latina y del Caribe. Lo que han encontrado aquí es un país que les ha salido al paso a mitad del camino: que les ha dado poco más de una oportunidad de competir en condiciones de igualdad. Y han prosperado. Y esto nos ha beneficiado a todos. Esto es lo que estamos tratando de duplicar en todo país, cercano y lejano.

Es éste el motivo por el que estoy tan profundamente comprometido con este país y con este presidente: hemos ofrecido al mundo un ideal basado en la aspiración universal a la libertad, al derecho a definir el propio futuro, y los medios para construirlo. Muchas gracias.

[Fin]


Dado a conocer el 30 de septiembre de 2005
  
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