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Departamento de Estado de los Estados Unidos
   

Seminario sobre la convivencia en el espacio Euromediterráneo, 2004

Palabras de Charlotte M. Ponticelli Coordinadora Principal para los Asuntos de la Mujer
Madrid, 13 de septiembre de 2004

Señoras y señores:

Este grupo especial de expertos trata de un ideal que mi país, y yo misma en lo que me ha correspondido, ha luchado por alcanzar en todo lo que llevo de vida. Se trata de lograr mejores oportunidades para hombres y mujeres y una mayor igualdad entre ellos por medio del estado de derecho, del imperio de la ley. Esto es lo correcto moralmente y en la práctica resulta beneficioso para todos que la mujer, igual que el hombre, disfrute por ley del derecho a poseer bienes, educarse, trabajar por un jornal equitativo, tomar decisiones sobre su propia familia y participar como electoras y candidatas en elecciones libres. Esto parecerá evidente pero todos sabemos lo mucho que nos queda por hacer para convertir ese ideal en realidad.

Por lo tanto, me honra representar a los Estados Unidos en este diálogo tan oportuno con nuestros hermanos de Europa y el Mediterráneo sobre los derechos humanos de la mujer. Doy las gracias a nuestros amables anfitriones españoles y a los organizadores por la oportunidad que me han dado.

Mi compromiso personal
Durante toda mi carrera me he dedicado principalmente a luchar por los ideales de la igualdad y oportunidad de la mujer, por medio del imperio de la ley y de la cooperación en fomento del progreso de la humanidad. He trabajado para la Comisión de Derechos Civiles de los Estados Unidos, que se esfuerza por lograr que toda la población goce de la igualdad de derechos. En la Dirección de Organizaciones Internacionales del Departamento de Estado he tomado parte en diálogos multilaterales, y en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, en medidas prácticas para contribuir a la participación de la mujer y del hombre en las sociedades de otros países. Hoy en día, en calidad de Coordinadora Principal para Asuntos Internacionales de la Mujer, todas las obligaciones de mi cargo consisten en colaborar con otros pueblos y otros países con el fin de abrir nuevas oportunidades a la mujer en el mundo entero.

Tendencias positivas en la región euromediterránea
En la región euromediterránea se observan muchas tendencias positivas. Hace sólo unos pocos meses, los dirigentes de los países árabes, reunidos en Túnez, expresaron su resolución a contribuir a ampliar la participación de la mujer en los ámbitos políticos, económicos, sociales y educativos, y a fortalecer sus derechos y posición en la sociedad, con el fin de encaminar a sus pueblos hacia un futuro mejor. Posteriormente, en junio, en la Cumbre del G8 en Sea Island (Georgia), el presidente Bush y los dirigentes de los principales países de Europa y el Mediterráneo, entre otros, convinieron en establecer un nuevo diálogo de alto nivel, el Foro para el Futuro, para tratar de las cuestiones de la reforma, entre ellas, promover el estado de derecho y los derechos de la mujer,

Estas asociaciones, que no sólo se conciertan con gobiernos sino también con empresas comerciales, ONG y otras entidades del sector privado, forman el medio primordial para el logro de nuestros objetivos comunes. Resulta cada vez más evidente que cada uno de nosotros tiene algo que aprender de los demás.

Un elemento central de la política de los Estados Unidos en esta región consiste en la Middle East Partnership Initiative (MEPI, la Iniciativa de Asociación Estados Unidos--Oriente Medio.) Tiene el objetivo de combinar los talentos, la energía y los compromisos de nuestros gobiernos, del sector privado y de la sociedad civil para aumentar las oportunidades económicas, políticas y educativas y promover la plena participación de la mujer en el Oriente Medio. Junto con los tres pilares originales de la MEPI, que son la reforma política, la económica y la educativa, los cuales toman en cuenta plenamente a la mujer, mi dependencia ha abogado por el establecimiento de un cuarto pilar, que consistiría en los programas encaminados a la participación de la mujer en la sociedad.

Estos programas se dirigen específicamente a superar una deficiencia trágica en el desarrollo humano del mundo árabe, según la describen correctamente los informes de las Naciones Unidas. En el aspecto específico de los derechos jurídicos de la mujer, este año la MEPI ha patrocinado muy diversos programas, desde la capacitación de las ONG en Marruecos a un seminario de alto nivel sobre "La mujer y la ley" que tuvo lugar en Amán. En este último tomaron parte noventa mujeres juristas, que reflexionaron sobre los asuntos más importantes y planificaron su futura colaboración. Tenemos la intención de seguir prestándoles nuestro apoyo. Merece observarse que el presupuesto total de la MEPI se ha triplicado en los dos años de su existencia, de 45 a 129 millones de dólares.

En nuestra estrategia para la reforma figura una segunda medida de gran importancia, la Amplia Iniciativa para el Medio Oriente y África del Norte, de la que se está tratando en el G8 y con los dirigentes de los países de esta región. Nos satisface que en el programa común que se anunció en junio en la Cumbre de Sea Island figure la participación social de la mujer como ingrediente indispensable para alcanzar un futuro mejor en esos países. Personalmente me complació sobremanera tomar parte en un intercambio muy estimulante de ideas (que fue posible gracias a la magia técnica de la videoconferencia digital) con los funcionarios de la UE que están directamente a cargo de los programas de participación social de la mujer en la zona euromediterránea.

Las investigaciones confirman que el vigor de las comunidades y de las economías y el progreso hacia la verdadera democracia dependen de la plena participación de la mujer. En efecto, ningún país puede llegar a ser verdaderamente democrático si se silencia deliberadamente a la mitad de la población. Pero no conseguirán que callemos, ni nosotras ni los millones de mujeres valerosas que se esfuerzan por la mejora de sí mismas y de sus sociedades en todos nuestros países. Como dijo hace un año ante la Asociación Nacional de Juezas nuestra primera dama, Laura Bush: "La justicia en el mundo será imposible mientras todas las mujeres no tengan derechos iguales".

He tenido la oportunidad de viajar varias veces a estos países y de conocer y colaborar con nuestras hermanas en Europa y en el mundo árabe. Hace dos años, me complació sobremanera participar en la Cumbre Mundial de Empresarias, celebrada en Helsinki, que ha sido el primero en una serie de esfuerzos fructíferos por reunir a las empresarias de Europa con las de los Estados Unidos. El año pasado, contribuimos a que se incorporaran más mujeres árabes a esa conferencia. Asimismo, tuve el honor de dirigirme a la Cumbre Mundial de la Mujer, celebrada en junio de 2003 en Marrakech.

Esta fue la primera vez que ese acontecimiento ha tenido lugar en un país árabe; también hablé en octubre ante el Foro Económico de Empresarias Árabes, reunido en Abu Dhabi. En marzo me dirigí a la Conferencia del Senado de Francia sobre la Mujer Afgana y en junio, al Foro Internacional de la Mujer Árabe, que tuvo lugar en El Cairo. Sé que algunos de los que están aquí también se han beneficiado de asistir a esas reuniones tan estimulantes y a otras parecidas.

Nunca olvidaré a algunas de las grandes mujeres que he conocido en esas conferencias, entre ellas, por ejemplo, a Yasmín Badú, legisladora en Marruecos. Me contó la satisfacción que sentía por haber derrotado a veintiséis candidatos varones y haber obtenido un escaño por su propia cuenta, en una elección abierta celebrada en su distrito electoral de Casablanca. Cuando le pregunté por el secreto de su éxito, me contestó, con tanta brevedad como energía: "Dos cosas: la democracia y el esfuerzo".

Al mismo tiempo, las reformas jurídicas contribuyen a consolidar el progreso logrado en Marruecos en materia de los derechos de la mujer. Ejemplo de ello es el nuevo Mudawwanah, el código de familia promulgado por el rey Muhammad VI después de larga consultas con grupos de mujeres, letrados islámicos y otros especialistas. El Rey formuló la pregunta exacta: "¿Cómo puede progresar una sociedad mientras no se respete a las mujeres, que representan la mitad de la nación y que, no obstante, sufren las consecuencias de la injusticia, la violencia y la marginalización, sin tener en cuenta la dignidad y la justicia que nuestra gloriosa religión les concede?" A lo que mi propio presidente Bush respondió: "Tiene razón. Los Estados Unidos están con el Rey y con todos los que comparten esa creencia fundamental. La plena participación de la mujer dará a las naciones musulmanas un porvenir mejor para todos".

También respetamos la función que ciertas mujeres desempeñan en este progreso, por ejemplo, las principales letradas y parlamentarias activistas, como Nouzha Skalli, cuya labor ensalzó recientemente, uno de los diarios principales de mi país, The Wall Street Journal, por considerarla emblemática de la "nueva raza de militantes musulmanes que tratan de mejorar sus sociedades desde dentro de las tradiciones religiosas".

Nos complace observar otras señales de esos progresos políticos y jurídicos en otros países de esa zona, tanto grandes como pequeños. Las mujeres se esfuerzan muchísimo por conseguir cambios positivos. Estoy segura de que mis colegas me informarán de otros éxitos en esta tarea y de otras oportunidades de colaborar para superar todos los obstáculos. Y cuando nos encontramos ante algún obstáculo, recuerdo las sabias palabras de Sandra Day O'Connor, la primera mujer que ha llegado a ser Magistrada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y que este año ya ha viajado hasta Bahrayn para consultar sobre la reforma con abogadas y peritas constitucionalistas árabes: "La libertad y la igualdad no se logran de la noche a la mañana... Las mismas dificultades que causa el cambio a la democracia (tensión social, intensificación de las expectativas, intranquilidad política) también son ventajas. La discordia es señal de que se progresa; el desasosiego es indicio de que la sociedad se ha desprendido de lo que conoce y procura labrarse algo mejor, algo nuevo".

Hoy en día, Iraq es un ejemplo muy particular en el resto del mundo árabe. Desde hace más de un año vengo trabajando intensamente en los asuntos de la mujer del Iraq: en Washington, en los países vecinos y en el mismo Iraq. Me doy cuenta de su esfuerzo enorme por recomponer su vida y su país, pese a todos los obstáculos, y de superar los estragos causados por el régimen de Saddam Hussein. No hace falta meterme en detalles ante este público de especialistas. Hace unos años, las mujeres iraquíes estaban entre las mejor instruidas y las profesionales más competentes de esa zona. Tanto más asombroso, por lo tanto, lo que nos han informado especialistas de las Naciones Unidas: a la caída del gobierno de Saddam, más de los dos tercios de las mujeres del Iraq eran efectivamente analfabetas; además, cada año morían por lo menos 400 mujeres, víctimas de los "homicidios por el honor" que el dictador había legalizado.

La mujer en todo el mundo, y en mi país también, confronta otros obstáculos. Hace no tanto tiempo, en los Estados Unidos la mujer no podía votar, ser candidata a cargos públicos, pedir una tarjeta de crédito, asistir a las mejores instituciones de enseñanza ni desempeñar un cargo diplomático después de casarse. Este último ejemplo es de mi propia vida. Aun cuando se abolieron esas limitaciones jurídicas, a causa de la falta de conocimientos acerca de sus derechos o de la insuficiencia de los mecanismos de cumplimiento judicial la mujer en los Estados Unidos siguió rezagada con respecto al hombre, incluso en los años setenta y ochenta. Debemos reconocer que, sin tener en cuenta ni el tiempo ni el lugar, la mujer de mi país todavía se afana por compaginar la vida familiar con la profesional.

Me parece importante reconocer que la mujer árabe no es la única en enfrentarse a obstáculos parecidos. La mujer árabe puede superarlos, igual que lo han hecho las mujeres de otras partes del mundo. Las mujeres a quienes conocí en Marrakech, Abu Dhabi, Bagdad y El Cairo este último año y las que están aquí en este seminario son pruebas vivientes de esto.

Los Estados Unidos como socio
Me complace que el énfasis de esta conferencia esté en el diálogo y la alianza, ya que los nuevos esfuerzos de los Estados Unidos en apoyo de las mujeres del Oriente Medio y de todo el mundo están concebidos exactamente en ese espíritu.

Uno de los mitos más populares sobre esta política es que estamos tratando de imponer reformas en la región o, lo que es peor, de insistir en nuestro modelo sin tener en cuenta las tradiciones y las culturas de estos países. Si este fuera nuestro enfoque, estaríamos destinados al fracaso. La verdad sencillamente es que no podemos imponer la reforma en el Oriente Medio, aunque quisiéramos hacerlo. La iniciativa no puede tener éxito a menos que la apoyen las personas a las que tratamos de ayudar. La reforma debe provenir desde dentro y las mejores ideas provendrán de la región. Lo único que podemos hacer es apoyar dichas ideas y estimularlas.

Pero al mismo tiempo, nunca debemos caer en la horrible trampa de imaginar que las aspiraciones a la libertad, la igualdad y el imperio de la ley sean en cierto modo exclusivas de la cultura occidental y ajenas a los pueblos del Oriente Medio. Al contrario, como el presidente Bush ha dicho en numerosas ocasiones, los Estados Unidos creen que estas aspiraciones son comunes a toda la humanidad. Este enfoque de inclusión tampoco es una nueva idea estadounidense. Hace más de dos décadas, en un discurso pronunciado ante el Parlamente Británico, el difunto presidente Ronald Reagan afirmó que "la democracia ya florece en países con culturas y experiencias históricas muy diferentes. Sería condescendencia cultural, o algo peor, decir que hay pueblos que prefieren la dictadura a la democracia".

Al respecto, también desearía mencionar algunas de las actividades especiales que hemos emprendido en apoyo de las mujeres palestinas y de las mujeres del Iraq. Nadie podría negar que en los dos casos las mujeres se enfrentan a graves obstáculos como consecuencia del entorno político y de seguridad. No subestimo la magnitud de las dificultades que se nos presentan en Iraq y en dar nuevo vigor al proceso de paz del Oriente Medio.

Lo que creo es que aun en estos tiempos difíciles se están dando algunos pasos admirables. Es probable que las mujeres palestinas e iraquíes tengan en la mano la llave que, a largo plazo, abrirá sus países a un futuro mejor. Hay muchas diferencias en cuanto al mejor curso de acción política en lo que respecta a estas cuestiones, pero estoy convencida de que podemos estar de acuerdo en las medidas prácticas para apoyar a las mujeres muy dinámicas y talentosas que están luchando por lograr la paz y la estabilidad en sus países.

Desde hace mucho tiempo, los Estados Unidos son el principal contribuyente a la ayuda a los refugiados palestinos, y otro tipo de asistencia humanitaria y para la reconstrucción, lo que comprende numerosas escuelas, hospitales, programas de capacitación para el empleo y otros proyectos que benefician directamente a las mujeres y las niñas palestinas. Mantendremos estos compromisos para ayudar a las mujeres palestinas y seguiremos trabajando en cooperación con ONG estadounidenses y de la región para estimular el trato personal entre mujeres palestinas e israelíes --abogadas, maestras y de otras profesiones-- a fin de mantener vivas sus esperanzas de convivencia y cooperación en la búsqueda de la paz y la justicia.

Pese a las obvias dificultades en materia de seguridad, en Iraq existe un ímpetu hacia la democracia que no podrá detenerse. Por encima de los miles de millones que hemos prometido para la reconstrucción económica y la seguridad, los Estados Unidos ahora contribuyen otros 500 millones de dólares para forjar en Iraq una democracia duradera.

Acogemos con agrado el apoyo y los consejos que ustedes nos brindan sobre la mejor manera de realizar todo esto. Ya vemos cómo algunas mujeres calificadas asumen con todo orgullo su lugar en el nuevo Consejo de Ministros del país, donde seis de los 33 ministros son mujeres, que se encargan de tareas tan poco tradicionales para ellas como ministra de Agricultura o de Obras Públicas. Las mujeres integran aproximadamente una cuarta parte del nuevo Consejo Nacional Iraquí. Hemos visto cómo las mujeres iraquíes se organizaron con todo éxito para derrotar un intento de que les impusieran leyes de familia más restrictivas y discriminatorias, al tiempo que preservaban un lugar de honor para el Islam en el nuevo marco jurídico y constitucional que está surgiendo en el país.

Mi oficina también ayuda a las mujeres iraquíes a ser participantes más eficaces en la vida jurídica, política y económica de su país. Por ejemplo, acabamos de escoger a las ganadoras de una competencia irrestricta por 10 millones de dólares en donaciones para proyectos femeninos en fomento de la democracia, con miras a las elecciones nacionales que se realizarán a comienzos del año que viene. Mediante estos proyectos se hará llegar a las mujeres iraquíes el apoyo que tratamos de brindar a las mujeres de toda la región: capacitación para aumentar la comprensión de sus nuevos derechos legales, organizar una campaña política, presentar un mensaje en forma eficaz, abogar por la igualdad de derechos, utilizar los medios de difusión de forma eficaz, desarrollar aptitudes de dirección, organización y empresa, y adquirir experiencia en ello para poder llegar a ser participantes plenas en la reconstrucción de su país.

Parte de esta actividad tiene lugar actualmente dentro de Iraq en cooperación con nuestros socios de la coalición internacional y con las ONG del país. Algunas mujeres iraquíes viajan a los Estados Unidos para realizar pasantías y asistir a seminarios profesionales de alto nivel, así como a reuniones con el presidente Bush y otras autoridades superiores y dirigentes de ONG. Y, inshallah, se realizarán algunos programas en otros países de la región, para ayudar a reintegrar a las valientes mujeres iraquíes a la vida pública del mundo árabe e internacional.

Estos proyectos, junto con otros de mayor magnitud y de plazos más largos financiados por la USAID y otros donantes, tanto públicos como privados, con el transcurso del tiempo contribuirán en gran medida a mejorar la situación de los hombres y las mujeres del Iraq. Dichos proyectos ayudarán a restablecer la confianza en sí mismas, los conocimientos y, por lo tanto, las enormes contribuciones que las millones de mujeres valientes y talentosas del Iraq pueden realizar para su sociedad recién liberada, en los campos jurídico, político, económico o social.

Otra iniciativa que reviste igual importancia es nuestra nueva Red Estadounidense-Iraquí de Mujeres, que relaciona a mujeres y organizaciones de mujeres estadounidenses e iraquíes para intercambiar recursos, dedicación, conocimientos y experiencias. Espero que más mujeres de países europeos y árabes se sumen a esta empresa vital, como unas pocas ya lo han hecho.

La verdad es que la magnitud de las dificultades con que se enfrenta esta región requiere que los Estados Unidos, Europa, nuestros amigos del Oriente Medio, entre otros, trabajemos en forma conjunta como socios. Solamente al combinar los recursos y las experiencias de la región con los de la comunidad internacional podremos tener un efecto en apoyo de mejores oportunidades para las mujeres por medio del imperio de la ley. Por ello, mucho me complace que, en breve, tantos de nuestros ministros y dirigentes de la sociedad civil irán a Nueva York para debatir sobre este desafío, al mismo tiempo que se celebra el próximo período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Desde este podio, les invito ahora a todos ustedes a que piensen en maneras prácticas, no importa cuán grandes o pequeñas, en las que podemos asociarnos para ayudar a nuestras hermanas a hacer realidad todo lo que guardan en potencia.

Conclusión
Para finalizar, les reitero un punto sencillo pero vital: Hasta que no abordemos la falta de participación plena de la mujer en la sociedad --en lo jurídico, político y económico-- en todo el Mediterráneo, esta región, en su conjunto, nunca logrará desarrollar su pleno potencial. La experiencia ha demostrado que la plena participación de la mujer sólo puede producirse con la activa dedicación y los esfuerzos de personas y grupos valientes, como los que están representados hoy aquí.

Esta conferencia nos brinda una oportunidad singular y valiosa para idear maneras concretas de colaborar a fin de forjar alianzas necesarias para un futuro mejor. Los Estados Unidos están comprometidos a ayudar y mucho deseamos seguir colaborando con ustedes. Les agradezco la atención prestada y, lo que es más importante, espero que nos mantengamos en contacto en el futuro.

  
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